miércoles, octubre 22, 2008

LA ESPECIE HUMANA EMPIEZA CUANDO ENTIERRA A LOS MUERTOS. Artículo de opinión de F.L. Chivite

Nada hay más radicalmente humano. Ni siquiera el uso de herramientas. Ni siquiera el lenguaje. No dar sepultura digna a los antepasados supone una violencia interior que no alcanza el descanso. La memoria nunca te deja en paz, eso está claro. Porque eso es lo que somos: memoria.
La gran paradoja del ser humano es la de verse proyectado en el tiempo sin poder olvidar su pasado. Con el agravante de que, cuanto más doloroso sea ese pasado o más grande la injusticia que permanece irresuelta (o lo que es lo mismo, cuanto más nos gustaría poder librarnos de él para seguir adelante), más se empeña él en perdurar y en impedírnoslo: en hacerse presente y en amargarnos la vida. Hay algo en la naturaleza humana, una especie de confianza profunda e irrenunciable, que nos impele a creer que finalmente y en honor a la verdad seremos desagraviados de la injusticia que se cometió con nosotros. Que el mal será enmendado y se reestablecerá el equilibrio de la justicia. Esto es así tanto a nivel individual como colectivo. Quizá la historia ya ha juzgado el franquismo. No estoy seguro del todo, pero bueno. De todas formas, otra cosa son los casos personales. En las dictaduras de largo recorrido, como el franquismo, que duró casi 40 años, el tiempo se detiene con respecto a la posibilidad real de poder clamar justicia. Esos 40 años no son nada: sólo un ínterin, un paréntesis, un tiempo de espera. Es muy fácil decir que hay que olvidar. Es asquerosamente fácil. Decir que el olvido es un alivio o una piedad. Decir que hay que mirar al futuro con ilusión y todo eso. ¿Qué? Precisamente para eso son necesarias las exhumaciones: su verdadero sentido es el de dar finalmente sepultura digna a un ser humano que fue asesinado y tirado a una cuneta de mala manera, y cuyo nombre se conoce. Se trata de la restitución de una justicia elemental, anterior a la ley. Después ya podrá empezar tal vez la dulce tarea del olvido. Entonces sí. Pero lo que no ha sido sepultado no puede olvidarse, eso lo sabe todo el mundo. Decir lo contrario, aunque sea con buenas palabras, alberga una intención torcida. Cuando no un perverso cinismo.
(Noticias de Navarra. 22 / 10 / 08)