miércoles, mayo 06, 2009

EL "PARQUE DE LA MEMORIA" DE SARTAGUDA INCLUIRA LOS NOMBRES DE 24 ASESINADOS

Este próximo sábado 9 de mayo la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra y la Asociación Pueblo de las Viudas realizarán un acto para celebrar el primer aniversario de la construcción del Parque de la Memoria de Sartaguda. Un espacio donde el elemento central es el muro de los asesinados en el que están inscritos los nombres de los 3.420 navarros fusilados durante la Guerra Civil, y en el que se incluirán durante dicho acto los nombres de otras 24 personas también asesinadas y que hasta ahora no constaban en ningún registro.

A juicio de las asociaciones organizadoras, es importante que se vayan incorporando todos los nombres para ir completando el mapa de la represión franquista contra la República en la Comunidad Foral.

Asimismo, las asociaciones consideran que "es preciso no mirar para otro lado cuando se habla de los fusilamientos durante la Guerra Civil, es necesario no alargar más el dolor, y afrontar con convicción todos los asuntos aún pendientes para estas víctimas, como la localización de los desaparecidos o la eliminación de los símbolos franquistas".

Para la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra y la Asociación Pueblo de las Viudas, este parque "marcó un antes y un después en el imaginario de estas víctimas", porque ahora a través de su propio esfuerzo ya existe un espacio concreto para recordar, por eso es importante subrayar que el aniversario de la inauguración del Parque de la Memoria es un día importante.

Los 24 nuevos nombres de personas fusiladas que se incluirán este próximo sábado son los siguientes:

- Fidencio Alonso Olalde (sin datos)

- Cipriano Daroca Lizarraga (Barañáin)

- Adolfo Lorente García (Cadreita)

- José Jurico Zaro (Estella)

- Cirilio Ollo Giménez (Etxarri-Aranatz)

- José Zorita Loyola (Eugi)

- Aurelio Jaso Garde (Mélida)

- Andrés Jaso Garde (Mélida)

- José García Gil (Mendigorría)

- Esteban Salina Goñi (Noáin)

- Basilio Urbistondo Recarte (Ollo)

- Luterio Olaberri (Pamplona)

- Karmelo Andráiz (Pamplona)

- Luciano Larraza Lizarraga (Pamplona)

- Juan Los Santos Arnedo (Pamplona)

- Vicente Sanz Casadaba (Pamplona)

- José Ruiz Encinas (Pamplona)

- Juan Urra Zúñiga (Pamplona)

- Ángel Pablo Amatria San José (Pamplona)

- Virgilio Leret Ruiz (Pamplona)

- Agustín Uterga Ugalde (Puente la Reina)

- Narciso Pérez Íñigo (Sesma)

- Domingo Ágreda Martínez (Tudela)

- Jesús Chasco Esteban (Viana).

(Noticias de Navarra. 6 / 05 / 09)

EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE GURS COMBATE CONTRA EL OLVIDO 70 AÑOS DESPUES

Una bandera española republicana de grandes dimensiones engalana el acceso al espacio Laulhère de Olorón, una vieja fábrica de boinas que, en sus 3.000 metros cuadrados de superficie, acoge la exposición «De la resistencia a la democracia», organizada por una comisión integrada por entidades dedicadas a preservar la memoria, como Amicale du Camp de Gurs o Mémoire Espagnole Républicaine.

En realidad, es una exposición de exposiciones, pues está constituida por diecisiete muestras, en principio independientes, que los organizadores han recabado de distintas instituciones y entidades; desde el Centro Jean Moulin de Burdeos o el Museo de la Resistencia de Pau hasta el Gobierno de Aragón o la asociación Ikerzaleak de Zuberoa y el colegio Saint François de Maule.

El centro del espacio está ocupado, lógicamente, por una exposición titulada «El campo de Gurs, de la Guerra de España a la Soha». Una veintena de paneles informan, a través de fotografías y testimonios, de la historia de este campo, quizá el más importante del Estado francés, por el que, entre 1939 y 1943, pasaron más de 60.000 personas, entre ellas, 6.550 vascos. De hecho, el primer contingente que llegó al campo en abril de 1939 era vasco. Y es que, en origen, se trataba de un campo para acoger refugiados vascos de la Guerra Civil, que no tardó en convertirse en un campo de concentración también para otros exiliados republicanos, miembros de las Brigadas Internacionales y, finalmente, sobre todo judíos de diversas partes de Europa. Finalmente, 4.000 de ellos subieron al tren en Olorón, según recuerda la placa conmemorativa inaugurada este mismo fin de semana en la estación de la localidad bearnesa, y fueron trasladados a Auschwitz. Nunca más se supo de ellos.

El campo, construido a marchas forzadas en apenas 42 días, estaba constituido por 382 barracas de madera, aptas, en principio, para albergar hasta 18.000 personas, aunque esa cifra quedó ampliamente rebasada desde el mismo día de la inauguración. La falta de servicios y el hacinamiento hacían que las condiciones higiénico-sanitarias fueran deplorables y las condiciones de vida pésimas.

La información que brinda la exposición invita a realizar una visita al propio lugar donde estuvo emplazado el campo, a escasos kilómetros de Olorón. Acondicionado como parque de la memoria en 1994, allí quedan 1.073 tumbas de personas que fallecieron internadas en Gurs. Están agrupadas en torno a dos monumentos, uno dedicado a las víctimas judías y otro a las de exiliados republicanos y de las Brigadas Internacionales. También hay un recuerdo expreso a la presencia de refugiados vascos.

En el espacio Laulhère, junto a la exposición dedicada a Gurs, se encuentra otra que la complementa, sobre el conjunto de campos de concentración existentes en Europa. En el centro de esta muestra puede verse uno de los uniformes a rayas de los presos, con el triángulo rojo en el pecho, que identificaba a los considerados comunistas.

Pero en la antigua fábrica hay sitio para mucho más, por ejemplo, para una exposición sobre la aportación de los republicanos a la resistencia francesa, en la que no falta una mención expresa al Batallón Gernika. O para un centenar de imágenes captadas en el frente de Aragón por la Unidad Fotográfica de la Brigada Lincoln, en la que participaron 2.800 estadounidenses, comunistas en su mayoría, pero también socialistas y anarquistas. Son imágenes de gran valor documental, que reflejan los efectos de la guerra en localidades como Belchite o Teruel, pero, sobre todo, la vida cotidiana de los brigadistas, captados por la cámara cuando estaban despiojándose o participaban en la recogida de aceitunas.

El Círculo Republicano de Jaca ha aportado al espacio Laulhère una muestra sobre la fallida sublevación de los capitanes Galán y García Hernández, ejecutados apenas unos meses antes de que se proclamara la República, y la asociación Ikerzaleak y el colegio San François de Maule, un trabajo sobre las repercusiones de la Guerra Civil en Zuberoa.
Pero, como la memoria no debe ser un mero ejercicio de nostalgia, también hay exposiciones que proyectan el pasado hacia nuestros días, como la que presenta CIMADE, titulada con amarga ironía «Esto no es una prisión», en la que muestra imágenes tomadas en los actuales centros de internamiento de emigrantes. O el trabajo sobre el racismo realizado por el Patronage Laïque des Petits Bayonnais.

La exposición del espacio Laulhère, en torno a la cual se han organizado numerosas actividades (el programa está disponible en www.oloron-ste-marie.fr), podrá ser visitada todos los días hasta el 16 de mayo, de 9 a 12 y de 14 a 19 horas. El acceso es libre.

(Gara. 6 / 05 / 09)

VICTIMAS DEL 3 DE MARZO PROPONEN CAMBIOS EN LA LEY DE SOLIDARIDAD

la Asociación de Víctimas del 3 de marzo acudirá hoy a las Juntas Generales para expresar su descontento con algunos aspectos de la norma foral de solidaridad con las víctimas de los sucesos del 3 de marzo de 1976, en los que hubo cinco muertos y un centenar de heridos por los incidentes de los alrededores y el interior de la iglesia de San Francisco Javier, en Zaramaga. Esta ley fue aprobada el pasado 10 de noviembre y desde entonces, las víctimas han expresado en reiteradas ocasiones el malestar por ciertos detalles de la normativa.

Finalmente será hoy cuando representantes de esta organización acudan a la Comisión de Régimen Foral de Cámara para expresar "nuestra preocupación por las carencias que, a nuestro juicio, presenta el reglamento sobre la norma foral". La asociación pondrá de manifiesto sus dudas después de haber tenido acceso al reglamento y haberlo valorado. Además, se pedirá el apoyo de los grupos políticos para que los problemas detectados puedan ser arreglados y se aplique la norma con corrección.
(Noticias de Alava. 6 / 05 / 09)

30.000 VIDAS ROBADAS Y SILENCIADAS

No cambiaría la peor de las verdades por la mejor de las mentiras. Más allá de lo duro que pueda ser, para que cada uno sea libre debe estar parado sobre la verdad». Es el testimonio de un nieto recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo en 2005, cuando tenía 28 años. Sus padres, detenidos y torturados, siguen desaparecidos. La dictadura, en Argentina, no se limitó a hacer desaparecer a parte de una generación, también tomó como botín de guerra a 500 niños y niñas, algunos nacidos en cautiverio y otros secuestrados junto a sus padres.

Los militares argentinos tuvieron de quién aprender. Tres décadas antes, en 1936, y al otro lado del océano, Franco, sus tropas y todos sus tentáculos, entre los que se incluye el Auxilio Social, robaron hasta mediados de los años cincuenta a 30.000 menores, a los que les ocultaron su identidad, cambiaron de apellidos, los dieron en adopción o metieron en hospicios. Sus padres, fusilados o encarcelados. 70 años después, aún no han podido tejer, reconstruir el hilo de su vida. El escritor Benjamín Prado acaba de presentar en Buenos Aires el libro «Mala gente que camina», en el que recupera algunas de esas historias. En un marco tan simbólico por lo vivido como la capital argentina, ha denunciado el ocultamiento y silenciamiento premeditado de esta realidad en el Estado español.

El engranaje franquista para «separar el grano de la paja» y salvar a aquellos niños del marxismo, tal y como decía el siquiatra militar Antonio Vallejo Nájera, con quien Franco tenía gran sintonía, funcionó a la perfección. Y aunque en el camino dejaron algunos cabos sueltos, se encargaron de que aquel robo masivo de la identidad quedara en el más absoluto de los silencios y, sobre todo, impune. La terrible cifra de los 30.000 no ha movido ningún resorte, ni siquiera entre quienes a la hora de hablar de Argentina, Chile u otras dictaduras ajenas se llevan las manos a la cabeza. Como afirma una abuela argentina que a sus más de 80 años sigue buscando a su nieta, «el Estado no ha dado respuesta a lo que el propio Estado hizo con toda la juventud de aquella época».

(Gara. 6 / 05 / 09)

martes, mayo 05, 2009

ZORNOTZAKO PSEk EZ DU "TXIKI ETA OTAEGI" IZENAREN AURKA EGIN


Antonio Castellet Zornotzako PSE-EEren bozeramaileak adierazi duenez, ez du «kezkatzen» Txiki eta Otaegi plazak frankismo garaian fusilatu zituzten bi etakideen izenarekin jarraitzeak. 1975. urtean fusilatu zituztela eta bizi izan balira 1977ko Amnistia Legearekin kaleratzeko aukera izango zutela ohartarazi du. «Ez litzateke gauza bera izango herriko kale bati Artapalo edo beste etakide batzuen izena jartzea», zehaztu du. Hortaz, Txiki eta Otaegi plazaren izenaren inguruan ez duela eztabaidarik sortuko jakinarazi du.

Hala ere, auzitegien erabakiak errespetatuko dituela esan du zinegotzi sozialistak. Eta izena aldatzeko erabakia iristekotan ez duela horren aurkako helegiterik aurkeztuko, ez duela horretan udal gobernuarekin bat egingo.

Izan ere, Txiki eta Otaegi plaza izen horrekin mantentzearen alde ahal duen guztia egingo duela esana du Dabid Latxagak, alkate jeltzaleak, izena alda ez dadin «auzitegietako instantzia guztietara» joko duela. Hori bai, epai irmoa iristen bazaio agindua bete egingo duela eta plazari izena aldatuko diola azaldu du.

Zornotzako PPk, berriz, bi etakideen izena duen plazaren izena berehala ezaba dezatela nahi du. Horretarako, hurrengo udalbatzarrera proposamen zehatza eramango duela ere jakinarazi du. Auzitegien epaiaren zain egon gabe, Txiki eta Otaegi izena kentzea eta Terrorismoaren biktimak jartzea proposatuko du. Halaber, aldaketa hori egiten den egunean ETAk eragindako biktima guztiei Zornotzan omenaldia egiteko eskatuko du..

(Berria. 09 / 05 / 5)

EL PSE DE ZORNOTZA RECUERDA QUE «TXIKI» Y OTAEGI FUERON FUSILADOS «SIN JUICIO JUSTO»

El PSE de Zornotza discrepa del proceso judicial de obligar a rebautizar la calle Txiki-Otaegi de la localidad. Su portavoz, Antonio Castellet, afirmó ayer que «no le preocupa» esta cuestión y recordó que los dos militantes de ETA fueron ejecutados «sin un juicio justo» en 1975, en los últimos fusilamientos del franquismo. Recordó, además, que ambos habrían sido amparados por la Ley de Amnistía de 1977.

Así las cosas, explicó que su formación no requerirá al Consistorio de Zornotza para que retire el nombre de la calle, aunque asumirá cualquier resolución judicial al respecto.

«No vamos a buscar el enfrentamiento con este tema. Otra cosa sería que una calle de Amorebieta llevara el nombre de Artapalo o de otros etarras», detalló Castellet.

El alcalde, David Latxaga, del PNV, ha afirmado que defenderá el nombre de esta calle ante los tribunales. El PSE precisa que no le apoyará, aunque ve claro que el primer edil «tiene derecho a ello».

(Gara. 5 / 05 / 09)

CARMEN DOMINGO: "La mujer sigue presa de los cuarenta años de franquismo y de los veinte siglos anteriores"

"La mujer en la postguerra, algo más que coser y cantar' ¿Por qué este título?

Para demostrar que, a pesar de que nos quisieron dejar sólo cosiendo y cantando, en la postguerra hubo mujeres que hicieron algo más.

Imagino, que les debemos mucho.

Mucho y nada porque, en realidad, no pudieron hacer todo lo que quisieron, por lo que podemos extraer muy pocas enseñanzas.

Una etapa perdida para la mujer.

Sí, totalmente.

Mas aún viniendo de la II República, donde sí fue protagonista.

Efectivamente, el contraste es aún mayor, incluso en la Guerra Civil tuvo un papel relevante.
Sin embargo, intentan vendernos el presente como la única época de democracia y libertades. Por supuesto, interesa decir que somos supermodernos y que podemos hacer de todo cuando no es así, lo que sucede es que tenemos un sistema paritario que obliga.

Sin cuotas que cumplir, no se echaría mano de tantas mujeres.

Seguro. Lo que pasa es que desde hace siglos hay mucho hombre inútil que está ahí porque sí; puestos a coger hueco, hagámoslo todos.

Ya me he hecho un lío. La mujer avanza o como en la postguerra corre el riesgo retroceder.

La verdad es que soy un poco derrotista en este terreno. España va siempre dos pasos hacia delante y cinco hacia atrás. No sólo porque se vuelva a valores más conservadores, que en cualquier caso es una opción, sino porque se cobra menos, las jornadas de trabajo son mucho peores, reivindicar una baja se toma como una estafa al empresario y para que haya mujeres en puestos directivos necesitamos una legislación que lo así lo marque.

Y, ¿cómo era esa desconocida mujer de la postguerra?

Son muy distintas unas de otras, no podemos hablar de un solo modelo. De una lado está la mujer de la postguerra en el exilio, reivindicativa y luchadora, que se implica, escribe libros, colabora; en segundo lugar, la que se queda en casa, bien porque tiene a la familia encarcelada o porque no le dejan trabajar y, por último, la mujer en la cárcel que, aunque quiera hacer cosas, no puede.

En definitiva, mujeres reprimidas por ley a las que no se les permite ni tener una cuenta corriente.

Reprimidas por la ley y por la Iglesia Católica, que condiciona el poco margen que deja el franquismo. A la mujer se le podía condenar por adulterio y al hombre no, a las prostitutas se les castigaba, pero no a los clientes y, por supuesto, no era el legal el aborto, que sí lo fue en la II República. En realidad, la Iglesia está haciendo hoy lo mismo que en los años 40, ha cambiado muy poquito.

Mujeres reprimidas por ley y sumisas, sometidas al marido durante años. Difícil adaptarse a los tiempos actuales para ellas.

Sometidas al marido hasta el punto de que cuando se casaban tenían que dejar el trabajo. En realidad, estas mujeres no se han adaptado... si durante cuarenta años te dicen que eres nula, que no tienes derecho de opinión, que debes vestir de determinada manera... ¿cómo vas a ser capaz de cambiar el chip? Y tampoco la sociedad les deja, porque está organizada para que el hombre tenga un papel determinante, de lo contrario, se cree que le estás quitando el puesto.

Vamos, que ni de mayores se les deja vivir la juventud arrebatada.

Creo que no, el hecho de que una mujer pueda comprarse un jersey o entrar en una pizzería no significa que viva bien.
De hecho, han transmitido a sus hijos parte de esa represión.

Totalmente porque sólo conocían ese tipo de educación. Resulta difícil salirse de ese círculo vicioso, incluso hoy en día se ve de diferente manera a un soltero que a una soltera, la gente comenta cómo viste la vicepresidenta Fernández de la Vega, pero no cómo lo hacen Zapatero o Bono... Todo ello dice mucho de cómo está la sociedad.

Represión, sobre todo, en las relaciones sexuales y de pareja.

Las relaciones de pareja fueron condicionadas, penalizando todo aquello que no estuviese dirigido hacia la procreación. La mujer tenía la obligación de acostarse con su marido para cubrir sus necesidades y nadie pensaba en las de ella. Pero ahora sigue siendo poco más o menos igual.

¿Puede decirse que los malos tratos que hoy sufren muchas mujeres mayores son fruto de aquella educación represiva y machista?

No me atrevería a decir tanto, pero hay bastante relación.

También hay chavalas jóvenes víctimas de la violencia machista.

Cierto. Han sido educadas por unas madres que mantienen los roles. Insisto, las sociedades monoteístas tienen un grave problema con el rol hombre-mujer, en una religión como la nuestra donde todo depende del hombre, empezando por Dios, la mujer queda en un segundo plano. De hecho, el maltrato de género no se da al mismo ritmo en las sociedades budistas o sintoístas.

Al final, la mujer sigue presa de cuarenta años de franquismo.

De esos cuarenta años y de todos los siglos anteriores porque, en el fondo, lo que el franquismo hizo es recuperar la tradición del XIX. Repetimos roles de veinte siglos.

Aun así, podemos gritar: 'Mujer: tu futuro no ha caducado'

Claro, siempre estamos a tiempo de corregir, otra cosa es que la gente se atreva, le apetezca, quiera, lo vaya a hacer o tenga tiempo.
(Noticias de Alava. 5 / 05 / 09)

LA NORMATIVA DE LAS AYUDAS POR EL 3 DE MARZO, EN UNA SEMANA

El Consejo de Diputados aprobará en una semana el reglamento de las ayudas para las víctimas del 3 de marzo. El trámite, anunciado para hoy, tendrá que esperar siete días puesto que el Ejecutivo foral ha preferido esperar a que la asociación de afectados comparezca mañana ante las Juntas para dar su opinión sobre la iniciativa.

Una vez que se conozca el reglamento, sólo faltará que la medida se publique en el Boletín Oficial del Territorio para que, por fin, se abra el plazo para que los posibles beneficiarios soliciten las ayudas, una propuesta del gabinete de Xabier Agirre que contó con el apoyo unánime de las Juntas Generales.

Fue el 10 de noviembre de 2008 cuando la Cámara alavesa aprobó esta medida, que en un principio consistía en adelantar a las víctimas de los Sucesos de Vitoria el dinero contemplado por el Estado en la Ley de Memoria Histórica, que sin embargo no terminaba de cerrar la regulación de las indemnizaciones. Álava, así, se adelantó a Madrid y aprobó las partidas, que oscilan entre 36.000 y 390.000 euros.

Sin embargo, la aprobación de la medida alavesa ha coincidido con la tramitación de las ayudas fijadas por el Gobierno central. Éstas, además, incluyen una cláusula que hace sus partidas incompatibles para el beneficiario que ya haya obtenido ayudas por la misma causa, por lo que la Diputación optó -tras conversar con la asociación de víctimas del 3 de marzo- por esperar a que Madrid resolviera primero sus solicitudes para, después, activar el reglamento de las partidas alavesas, que amplían en diversos puntos a las estatales.

Este visto bueno al reglamento se anunció para este mes, incluso se habló que hoy sería aprobado, pero finalmente habrá que esperar una semana más.

(Noticias de Alava. 5 / 05 / 09)

lunes, mayo 04, 2009

ADIOS A UNA FOSA


Frechilla es un pueblo pequeño de poco más de doscientos habitantes, situado en la comarca de Tierra de Campos en la provincia de Palencia. En esta pequeña localidad de la Castilla profunda, en uno de los laterales de la ermita dedicada a San Miguel situada a un kilometro del pueblo, una fosa común acoge aún, aunque por poco tiempo más, los cuerpos de catorce vecinos de la cercana localidad de Paredes de Nava asesinados el 3 de Septiembre de 1936.

En torno a esta fosa han estado trabajando desde el pasdo 26 de Abril alrededor de una veintena de personas entre familiares y miembros del equipo de arqueólogos y voluntarios pertenecientes a la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) de Valladolid y Palencia que han venido realizando los trabajos de exhumación de los cuerpos, con el objeto de que estos sean trasladados, tras su identificación, al panteón de Paredes de Nava donde ya reposan
los restos de mas de una decena de vecinos de este pueblo tambien asesinados por la escuadras fascistas en 1936.

En este grupo han estado integrados, colaborando en los trabajos de exhumación, dos miembros de la asociación vasca Ahaztuak 1936-1977, asociación recientemente galardonada con el “Premio Gernika a la Paz y a la Reconciliación 09”. Una de estas personas es Belén Larrea Vián, nieta de Emiliano Vián, uno de los enterrados en esta fosa que se ha quedado hasta que los trabajos de exhumación han finalizado. Belén es, como nieta de uno de los aquí enterrados y como ciudadana vasca, un ejemplo –uno de tantos- de esa memoria histórica de Euskal Herria que incorpora la memoria de tantas personas y familias de la geografia peninsular que tras la victoria franquista debieron emigrar a otras zonas en busca de intentar eludir el acoso de los vencedores en su lugar de origen donde estaban marcados. Muchas de ellas llegarian a Euskal Herria y aqui se afincarian, diluidos las más de las veces entre la llamada 'emigración económíca' de fines de los años 40, 50 o 60.

Es ella la que nos comenta que esta exhumación es algo a lo que los familiares de los aquí asesinados se han visto obligados ante la imposibilidad de poder “dignificar” la fosa por la negativa de la alcaldesa del pueblo perteneciente al PP, apoyada en la mayoría absoluta que este partido mantiene en el consistorio. “LLevabamos varios años pidiendo poder señalizar la fosa con una placa en memoria de nuestros muertos, poder poner la fosa de una forma adecuada y poder cuidarla como lugar de memoria tanto familiar como colectiva que es – dice- pero siempre nos hemos encontrado con la negativa frontal del ayuntamiento y de su alcaldesa actual, seguidora de las posturas del anterior alcalde tambien del PP que incluso llegó a instalar unas barbacoas sobre el lugar que sabian que ocupaba la fosa y que ahora hemos tenido que quitar para proceder a la exhumación”. “Es por ello –continua Belén-
que a pesar de que hubiésemos preferido que siguieran aquí todos juntos hemos decidido exhumar sus cuerpos y trasladarlos al cementerio de Paredes, para que reposen en una tumba digna junto a los otros asesinados del pueblo”.

Aunque los trabajos de exhumación estaba previsto que terminaran el pasado martes estos se han prolongado varios días más al aparecer una persona del lugar, testigo de aquellos hechos, que ha desvelado que no eran catorce los alli asesinados y enterrados sino dieciseis. «Este vecino tenía diez años cuando presenció cómo trajeron a los represaliados en dos carros, los descargaron y echaron los cuerpos en una fosa excavada por el enterrador», explica Julio del Olmo, coordinador del equipo de arqueólogos de la asociación de Valladolid, quien confirma que han corroborado la versión de este testimonio. «Hemos visto que una parte de uno de los cuerpos que ya habíamos descubierto se adentraba en una zona de tierra que no habíamos excavado, por lo que hemos cavado un poco y hemos visto que dentro había más restos», indica Julio del Olmo. Tras ello deberán comenzar tambien a investigar acerca de la identidad de los nuevos cuerpos que se vayan hallando, tres o más, que son aún parte de esas decenas de miles de desaparecidos que áun esperan identidad y justicia.

Llegaron en dos carros –cuenta este testigo- aquel 3 de septiembre de 1936, serían las once de la mañana y los tiraron sin ningún orden”. Asi es como se van encontrando los cuerpos desordenados, uno encima de otro en un forzado abrazo eterno que parece quisiera protegerlos para del horror vivido, los miembros entremezclados y las calaveras con los agujeros producidos por los tiros de gracia.

Llegaron asi, como él cuenta, y se han ido setenta y dos años mas tarde dejando atrás una fosa vacia y en sus familias las lagrimas y la herida aún viva de su ausencia. Llegaron para ser muertos y enterrados en esa fosa por orden de aquellos que inauguraban con un golpe militar la Nueva España: Mola, Jose Antonio Primo de Rivera, Francisco Franco…

Hoy aquellos que decretaron su muerte ya no están pero sin embargo los restos de Emiliano Vián y sus compañeros han debido de ser exhumados y llevados a otro lugar porque incluso hoy, incluso ahora, siguen siendo “los rojos” para los que mandan y para los que obedecen en este municipio de la democrática España gobernado por un tambien democrático partido, en este municipio donde su gobierno municipal ha decidido que no hay lugar para una tumba digna que albergue sus restos ni para una placa que señale su nombre y su memoria.

Y Emiliano Vián y sus compañeros asesinados y enterrados aquí aquella mañana de septiembre de 1936 han pasado hoy en su despedida de esta fosa que durante setenta y dos años ha albergado sus huesos por las calles y la plaza que en honor de sus asesinos sigue manteniendo este pueblo: Calle General Mola, Calle Jose Antonio Primo de Rivera, Plaza Generalisimo Franco…


(Texto y fotos: servicio de prensa de Ahaztuak 1936-1977)

ACTO EN MEMORIA Y DESAGRAVIO DE LAS VICTIMAS DEL FRANQUISMO TIRADAS A LAS FOSAS COMUNES DEL CEMENTERIO DE VALENCIA


Julio Estellés, de 82 años, guarda en la memoria un sonido y una imagen. El ruido evoca "las descargas de los fusilamientos" que oía de niño en su Burjassot natal. La imagen, situada en el cementerio, revive a dos guardias civiles que reprendían los llantos excesivos de las viudas ante las fosas comunes de republicanos fusilados, y "fichaban" a quienes se acercaban a esas tumbas anónimas todavía calientes.

Aquella estampa de terror silenciado contrasta con el ambiente que ayer reinó en el cementerio general de Valencia. Cientos de personas asistieron al acto "en memoria y desagravio" de los más de 22.000 republicanos enterrados en las fosas comunes del camposanto a los 70 años de la entrada en Valencia de las tropas franquistas. Al compás de la marcha fúnebre Mater Mea, la larga comitiva recorrió el cementerio con banderas republicanas, independentistas, anarquistas, cenetistas, pacifistas e incluso antifascistas. Ya no hay de qué esconderse para llegar al fosar de la sección 7ª derecha.

Pero el Fòrum per la Memòria del País Valencià -convocante del acto junto con otros 14 colectivos- quiere más. En un manifiesto leído por la profesora universitaria Maria Conca, el Foro reclamó al Ayuntamiento de Valencia "la preservación y dignificación de las fosas comunes del cementerio general de Valencia como espacio de la memoria" porque "el lugar donde han sido enterradas miles de víctimas ha de ser el recordatorio permanente de un hecho que no podemos olvidar".

Las fosas comunes llenas de "víctimas directas" -"asesinados, torturados, exiliados"- y ante las que todavía lloran "las víctimas indirectas" de la guerra -"por el empobrecimiento cultural, el hambre, el miedo y la marginación social"- permanecen situadas entre la maleza y separadas por unas vallas metálicas.

Ese estado de semiabandono "es un olvido de la democracia", opina Adela León, una granadina de 76 años afincada en Valencia cuyo padre -miembro de la guardia republicana- fue fusilado en alta mar en 1937. "Estas fosas deberían ser un jardín en memoria de los que cayeron por ambos bandos y no que sólo tengan relevancia las víctimas del bando ganador", lamenta Adela León.

Los manifestantes volvieron a reclamar ayer -como el día anterior en Paterna- "verdad, justicia y rehabilitación integral" de los represaliados. Después de guardar un minuto de silencio en memoria de los fusilados y escuchar la muixeranga, cada asistente leyó en voz alta el nombre de uno de los enterrados en las fosas comunes gracias a los papelitos repartidos al azar por la organización. En cada uno figuraba el nombre de un fusilado y su edad. Antes de finalizar el acto, algunos asistentes penetraron el vallado que circunda las fosas comunes para clavar banderas republicanas entre el fosar.

A tanto no llegó Julio Estellés. Pero en venganza de aquellos imborrables años de silencio obligado y dolor escondido, este octogenario de Burjassot acudió ayer al cementerio de Valencia con un gran ramo de flores tricolor (moradas, rojas y amarillas), levantó el puño mientras sonaba el Himno de Riego y, cuando le llegó el turno, gritó alto y claro: "Francisco Marsilla Lluch, 69 años".
Uno a uno leyeron los nombres que llevaban escritos en dos dedos de papel. "Agustín Chofre, 61 años. Jesús Sáez, 22. Amparo Segarra, 10 años, Victoriano...". Recitaron sus nombres en voz alta para luego prenderlos -algunos con flores- de la alambrada que rodea una de las fosas comunes del Cementerio de Valencia, donde fueron a parar a partir de 1939 cientos de personas fusiladas durante la represión. Este año se cumplen 70 años de la barbarie.

"Nos constan 23.700 y pico personas enterradas en estas fosas, pero en todo el Cementerio pueden hacer muchas miles", resumió ayer Empar Salvador, presidenta del Fòrum per la Memòria, una de las entidades organizadoras del segundo acto de desagravio a las víctimas -el primero se celebró el año pasado-.

Salvador y el resto de asistentes, muchos de ellos con banderas republicanas, se concentraron para reivindicar la protección de estas fosas comunes y pedir a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, que ceje en su intento de construir nuevos nichos sobre ellas. "Las obras están paradas, pero no es suficiente. Queremos que se investigue cómo fue la represión en Valencia y cuántas personas están enterradas en este lugar porque muchas de ellas no constan en ningún registro", continuó la presidenta.

Según recordó Salvador, el Fòrum presentó una denuncia ante el Juzgado central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional -al frente del cual está Baltasar Garzón- por desapariciones forzadas y crímenes contra la humanidad durante el franquismo. El caso está ahora en manos del Juzgado de Instrucción número 12 de Valencia.

Los asistentes honraron a las víctimas con un minuto de silencio. Antes se oyó de fondo La muixeranga y después el himno de Riego. Los familiares leyeron un manifiesto, donde reclamaron que estas fosas sean un espacio de memoria de lo que sucedió.

Juan Manuel Carro, extremeño residente desde hace 50 años en Valencia, no tiene ningún familiar enterrado en las fosas, pero, como dijo ayer, "estoy aquí porque tenemos derecho a saber la verdad de lo que ocurrió hace 70 años".

Uno de los momentos más emotivos, que arrancó las lágrimas de los asistentes, llegó cuando se leyeron los nombres y la edad de las víctimas enterradas en el área donde tuvo lugar el encuentro.
Algunos de los asistentes llegaron acompañados de banderas republicanas, otros llevaron ramos de flores tricolor. Se escucharon proclamas como "Vixca la República" y se vieron puños en alto. Todo se desarrolló en un clima de silencio que dejaba entrever la emoción.

A cada familiar de los represaliados les acompañaba su particular experiencia. Pepita Chofre Rico relató que quería homenajear a su abuelo, un hombre a quien "torturaron brutalmente durante la detención para que firmara una declaración que era falsa y él se negaba a firmar. Tras estar varios días en la cárcel Modelo, murió el 21 de diciembre de 1939".

Pepita recordó que su abuelo era alcalde de Riola y tras su muerte, a su abuela "nunca le dijeron dónde lo enterraron". Ahora, tras la investigación realizada por el Fórum per la Memòria lo ha podido saber.

Entre los presentes había personas llegadas de otras tierras. Allí estaba una mujer asturiana a la que le saltaron las lágrimas cuando leyó el nombre de una de los homenajeados. No era familia de ninguno de ellos, aunque su madre sufrió represalias. Acudió a este acto como muestra de solidaridad. Eran muchos los que señalaron que se habían sumado con el mismo fin.

Con el manifiesto reivindicaron "el reconocimiento legal de la muerte" de estas personas, así como la "preservación y dignificación de las fosas comunes del cementerio de Valencia, como un espacio de memoria de aquella represión".

El reconocimiento legal, señala el manifiesto, "es el primer paso necesario para el completo conocimiento de la tragedia", ya que el lugar donde fueron enterradas miles de aquellas víctimas debe ser "un recordatorio permanente de unos hechos que no podemos olvidar".

domingo, mayo 03, 2009

VIDAS ROBADAS. Unos 30.000 niños, hijos de republicanos encarcelados o muertos fueron a manos de familias del otro bando


Unos 30.000 niños, hijos de republicanos encarcelados o muertos, fueron a manos de familias del otro bando. Bastaba falsear sus vidas, sus apellidos. Hoy, los que quedan intentan, sin ayuda oficial, recuperar a los suyos, su pasado.

Algunos tenían una imagen que recordar. Otros no. Esto supone una gran diferencia entre los primeros y los segundos: mientras unos necesitaban recuperar su identidad, los otros ni siquiera llegaron a saber que la habían perdido. Se estima que desde el inicio de la Guerra Civil y hasta los años cincuenta, los sublevados de 1936 robaron a los republicanos alrededor de 30.000 niños, algunos para meterlos en seminarios u hospicios; otros para ser dados en adopción a ciudadanos afectos al régimen. En ocasiones, los niños habían sido separados de sus padres cuando tenían edad suficiente como para recordarlos, incluidos los encerrados junto a sus madres en las cárceles franquistas, donde les dejaban residir hasta los seis años. Pero en otras, nunca iban a conocer su origen los recién nacidos que les sustraían a las mujeres ingresadas en lugares como la Prisión de Madres Lactantes de Madrid y a las que, en muchos casos, fusilaban al poco de dar a luz. ¿Dónde fueron esos bebés? ¿Quién se los quedó? Resulta inquietante pensar en sus vidas falseadas y deducir que aún hoy habrá personas en nuestro país que no sean quienes suponen ser ni pertenezcan a las familias que consideran suyas. Han permanecido siete décadas ocultos y tampoco ahora hay demasiado interés en rescatarles del olvido.

Esa historia siniestra comienza incluso antes de la guerra y en teorías tan disparatadas como las del psiquiatra militar Antonio Vallejo Nájera, cuya tesis era que el marxismo es una enfermedad mental propia de personas intelectualmente débiles y moralmente despreciables. Siguiendo las doctrinas de la eugenesia y convencido de que la tara del socialismo se transmitía a quienes rodeasen al afectado, el estrambótico médico promovía el tratamiento con electrochoques a esos rojos de una especie humana inferior, su aislamiento en granjas y quitarles a sus hijos para evitar el contagio. Esto último tuvo una expresión macabra, pero que hizo fortuna: hay que separar el grano de la paja. Para poner en práctica sus teorías, Vallejo Nájera no tuvo más que esperar a que otro loco se hiciera con el país, y la sintonía entre ambos fue tan extraordinaria, que en cuanto empezó la guerra Franco lo nombró psiquiatra en jefe de su ejército, le dio permiso para que iniciase sus investigaciones con los prisioneros y firmó las leyes que hacían falta para que sus desvaríos se hiciesen realidad.

Esas leyes, publicadas en el Boletín Oficial del Estado en 1940 y 1941, otorgaban automáticamente al nuevo Estado la tutela de los niños internados en los hospicios del Auxilio Social, la institución caritativa que había fundado la viuda del líder falangista o­nésimo Redondo, y le autorizaba a cambiarles los apellidos. Era una autopista hacia la impunidad, pues daba a los rebeldes carta blanca para secuestrar a los hijos de los republicanos, darlos nuevo nombre y hacerlos desaparecer de sus vidas. Nadie puede saber con exactitud cuántos fueron, entre otras cosas porque no existía ni registro de los nacimientos en los penales ni censo de la población infantil que acogían, aunque la escasa documentación no destruida -como tantas otras pruebas- en los últimos años de la dictadura muestra que decenas de miles fueron reeducados, y una buena cantidad de ellos, entregados a los seguidores del Alzamiento. En algunas circulares internas de Auxilio Social, sus responsables expresaban preocupación por el destino de estos niños, ya que les habían informado de que a muchos no se los llevaban para educarlos como a hijos, sino como criados.

Las ayudas oficiales para el esclarecimiento de esa trama macabra han sido nulas, como suele ocurrir con lo relacionado con la memoria histórica, y, de hecho, una de las cosas que proponía investigar el magistrado Baltasar Garzón en su intento de enjuiciar el franquismo era la odisea de los niños arrebatados a sus familias por los vencedores, pero la Audiencia Nacional lo paró. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) intenta ahora aprovechar un claro en la cortina de humo que hizo caer el tribunal, puesto que éste hablaba de que sólo podría actuar en caso de máxima urgencia, y con lógica argumentan que la edad de los afectados es razón más que urgente para ponerse en marcha: algunas personas que buscaban a sus familias murieron ya, y las que quedan rozan los 100 años. La ARMH solicita que se realicen de inmediato las pruebas de ADN necesarias, pero parece que ni la justicia ni el dinero público están ahí para ellos.

No deja de ser preocupante que si algunos de esos hombres y mujeres lograron reencontrar el hilo de su existencia nunca lo han hecho gracias a los poderes públicos, sino a la intervención de alguna o­nG o porque algún medio de comunicación ha aprovechado el interés de sus peripecias para montar espectáculos televisivos en los que el reencuentro familiar aseguraba la audiencia (en Quién sabe dónde, los niños robados del franquismo se mezclaban con los fugados de sus matrimonios y demás prófugos de su propia autobiografía). Algunos casos de víctimas que aún pueden contar su calvario sirven como ejemplo del sufrimiento colectivo que causó el régimen a gran parte de la población española.

María del Carmen Calvo García no siempre se llamó así. Una de las particularidades del proceso era que a veces a los huérfanos se les ponía el apellido Expósito; en otras ocasiones, amparándose en la ley de 1941, les daban apellidos tradicionales: Gómez, Pérez, Rodríguez o González, y en otros casos ocurría algo más inaudito: los niños entregados a personas que, por el motivo que fuese, eran devueltos al orfanato llegaron a tener múltiples padres y apellidos. Un galimatías con consecuencias burocráticas. María del Carmen, por ejemplo, no pudo solicitar el permiso para desenterrar a su padre, fusilado en Toledo y arrojado a una fosa común: al no coincidir los apellidos no se le reconoció vinculación. Cuando pensaba en él recordaba que al poco de morir su esposa, en 1934, solo, con siete hijos, tomó la decisión de separarlos: tres, con sus abuelos; cuatro, internos a un colegio. Pero antes mandó hacer un retrato de la familia al completo. Cuando tiempo después sus nietos solicitaron copia de su partida de defunción (expedida en 1939 tras ser fusilado), en ella el nombre de María del Carmen había desaparecido.

Acostumbrada a ir descubriendo poco a poco su propia vida, ella sabe más de lo que recuerda: por ejemplo, que al inicio de la guerra, muy pequeña, las monjas del hospicio la enviaron a Francia junto a su hermana Florencia; que estuvo en Perpiñán y Burdeos y que vivió un tiempo con una familia francesa de la que nada sabe. También que el Servicio Exterior de la Falange intentó traer de vuelta a España a su hermana, y a ella unos cuáqueros llevarla a EE?UU. Florencia, entonces de ocho años, lo evitó escondiéndose en una carbonera hasta que los agentes fascistas pasaron de largo, y lo segundo lo quiso impedir ella no soltándose jamás de la mano de su hermana. Pero un día las separaron para vacunarlas y no volvieron a verse: la mayor regresó a España y pudo reunirse con su familia; de la menor no volvió a saberse. Cuando Florencia indagó, las monjas le aseguraron que había muerto de tifus en el tren a España y la habían enterrado en algún lugar junto a las vías. Pero los niños invisibles también dejan huellas, y, como sus raptores los inscribían a veces en los registros civiles allí donde los llevaban, sabemos que María del Carmen estuvo en Igualada, en Irún y en Carabanchel, en un orfanato religioso llamado Villa San Miguel, bajo la tutela de Protección de Menores. Allí fue a buscarla un matrimonio de tenderos de Jumilla, y con ellos pasó toda su vida. La trataron bien, pero ella nunca olvidó que su verdadera familia era otra. Hizo lo posible por encontrarla. Más adelante, ya casada y con seis hijos, solía contarles su odisea, aunque sonara ya a batallita lejana.

Una noche, 60 años más tarde, María del Carmen, antes María Expósito y María Pérez Gómez, estaba en casa cuando sonó el teléfono y una de sus hijas le aconsejó que pusiera la tele: estaban dando un programa al que una mujer llamada Florencia decía haber ido para tratar de encontrar a su hermana perdida en la guerra. Los presentadores afirmaban haberla encontrado, así que María del Carmen decidió presentarse en el plató. Ante sus ojos se sucedía la escena del reencuentro entre las supuestas hermanas, aunque la verdad era que no parecían reconocerse. Florencia sacó del bolso la única foto de su familia al completo, y la mujer que tenía enfrente ni se inmutó. En la grada, María del Carmen le susurró a su hija: "Ésa soy yo, la que está en las rodillas del padre". Pero nada desveló, intimidada por el medio y porque el espectáculo televisivo continuaba, encaminado a demostrar que Florencia había encontrado a su hermana y que la confusión de ésta era lógica, teniendo en cuenta su edad entonces, los años transcurridos y el lavado de cerebro que les debían de hacer a los niños que se llevaban.

Al acabar, María del Carmen se acercó a Florencia. Y entonces ocurrió. Florencia la miró fijamente, se le hizo un nudo en la garganta y dijo: "Yo a ti te conozco y te quiero mucho". Florencia y María del Carmen intercambiaron teléfonos y a partir de aquella noche pasaron cuatro años hablando, aunque persistían las dudas. Alguno de sus hermanos sostenía: "No te fíes, ésta quiere sacar algo de nosotros". Pero las dos mujeres reunieron dinero para las pruebas de ADN y el resultado fue un 96,9% de posibilidades de ser hermanas. Aun así, el primogénito, incrédulo, no se conformó. Tomó un tren y se presentó en casa de María del Carmen para desenmascararla. Cuando llamó a la puerta y ella abrió, aquel hombre dejó caer la maleta y se echó a llorar: era idéntica a su padre.

Historias como la de María del Carmen son insólitas, pero no raras, una paradoja que se explica por la vocación de exterminio que amparó desde el primer instante a los insurgentes de 1936, tan empeñados en masacrar a sus rivales ideológicos como en borrar del mapa de España sus ideas. A pesar de ello, las diferentes asociaciones vinculadas a la memoria histórica que luchan por los derechos de las víctimas no han logrado que ningún Gobierno les apoye; ni que les preste ayuda económica que no pueda considerarse limosna; ni que el dictador sea calificado oficialmente de genocida; ni que sus miles de asesinatos se cataloguen como crímenes contra la humanidad, lo que impediría que pudieran considerarse prescritos o amnistiados; ni que la apología del franquismo sea delito... Tampoco se han querido hacer cosas tan simples como un registro de ADN con los afectados por la trama del robo de niños, o tomar declaración a personajes como Trinidad Gallego, una comadrona de casi cien años que prestó sus servicios en la cárcel de Ventas, testigo de numerosas sustracciones de recién nacidos. Después de estar encerrada años por sus ideas, de pasar hambre y de tener que soportar, tras ser liberada, los abusos sexuales de un médico que la amenazaba tras cada violación con devolverla a la cárcel si lo denunciaba, Trinidad no ha tenido la satisfacción de que algún juzgado recoja su testimonio.

Otra mujer que también tuvo varios nombres y una foto que esclareció su vida es Antonia Rada, antes Antonia Herrera Cano. Su tormento comenzó al estallar la sublevación militar. Su madre fue arrestada y llevada junto a la niña, entonces de dos años, a la prisión de Guadix. Ellas eran el cebo: la pieza que buscaban sus captores era el padre, un jornalero a quien fusilaron en cuanto fue a entregarse para que las liberaran. Antonia asegura haber presenciado el ajusticiamiento: se escapó de la celda al ver a su padre desde la ventana, corrió hacia el patio, y al llegar y llamarlo, él se giró y levantó la mano en gesto de despedida, justo cuando los tiros lo abatían. Antonia, ya huérfana, fue arrebatada a su madre, aunque permaneció en la misma cárcel de Santa Cruz de Tenerife. Y cuando la mujer oyó que a los niños los daban en adopción al cumplir tres años, le pidió a otra reclusa que salía en libertad que la cuidara hasta el fin de su condena. Le firmó una autorización y le dio una foto, en la que estaban juntas madre e hija, para que Antonia la recordara. La compañera, sin embargo, no cumplió: se fue a ver a la dueña de una tienda de alta costura que no podía tener hijos. Antonia cree que la dieron a cambio de un traje de novia. Lo supo después, porque lo que le repitieron una y otra vez en su infancia fue que su madre "la había regalado como a un perro", que sus progenitores eran unos indeseables. Ese veneno la llenó de rencor.

"Y pretendieron hacerme creer que ellos también eran familiares míos, pero algo no me encajaba. Recuerdo que cuando hice la primera comunión les pregunté: '¿Y por qué no llevo vuestros apellidos?'. La respuesta: 'De eso no se habla'. Un día, mientras miraba fotos de una caja, encontré una de una mujer alta, con moño y una niña en brazos que, sin duda, era yo. Le pregunté a mi madre adoptiva y se puso muy nerviosa. Me dijo que era una amiga fallecida y me la quitó. Esa foto, claro, era la que mi madre le había dado a la compañera de cárcel. Se me quedó grabada. Un día se me ocurrió peinarme igual que en la foto, me recogí el pelo, y mi madre adoptiva, al verme, gritó: '¿Qué haces? ¡No te peines así!'. '¿Por qué?', le pregunté. Ella, muy pálida, me respondió: 'Porque me recuerdas a alguien...'. Me armé de valor: '¿A quién? ¿A mi madre?".

La tela de araña de la mentira empezaba a romperse, y Antonia siguió obsesionada por saber lo ocurrido y si su madre biológica vivía. Un tiempo después, cuando murió su padre adoptivo, encontró una carta que la dejó perpleja: "Era de uno de mis ocho hermanos, que estaba haciendo la mili en Ceuta, y en ella decía que iba a ir a Tenerife a buscarme porque había descubierto dónde y con quién estaba, y también afirmaba que quería llevarme con él. Yo podía no haber dado crédito a lo que leía, pero recordé que en una ocasión, con ocho años, una monja de mi colegio me dijo: 'Antonia, ven, que tienes una visita. Tu hermano'. Yo dije que no tenía ninguno. Pero me llevaron ante él. Y entonces pasaron dos cosas: una, que sentí miedo, porque desde que había visto a los soldados que mataron a mi padre tenía terror a los uniformes, y él iba de uniforme; y la otra es que cuando me dijo quién era y que quería llevarme a casa con mi auténtica familia, yo me eché a llorar y le dije: 'No tengo más familia que ésta... ¡Vosotros me habéis regalado como a un perro!'. No volvió a dar señales de vida, ni debió de comunicar su hallazgo a su madre, y se llevó el secreto a la tumba al morir. Antes tuvo algún otro contacto con el padre adoptivo de Antonia, porque ella encontró otra carta en la que éste le pedía permiso para llevarla con ellos a Venezuela. Lo necesitaba porque como no le habían cambiado los apellidos, precisaba una autorización legal. Como el hermano no quiso firmar ningún permiso, la llevaron a un notario, la bautizaron y le pusieron sus apellidos. Eso fue "en 1948 o 1949", dice.

La suma de todo da como resultado la confusión, y esa confusión la atormentó toda su vida. "¿Por qué mi madre tardó 54 años en ir a buscarme? Si mi hermano le contó que me había encontrado, ¿por qué no me reclamaron?". Algunas preguntas encontraron respuesta, una vez más, en Quién sabe dónde, cuando a otra de sus hermanas se le ocurrió ponerse en contacto con sus realizadores. Para empezar, encontraron en los archivos de la cárcel de Santa Cruz de Tenerife un documento clave: el que había firmado su madre autorizando a su compañera de cautiverio, Candelaria Hernández, para que se llevase a Antonia. Al indagar sospecharon que ni esa mujer había actuado por un impulso, ni las autoridades penitenciarias habían estado al margen. Antonia no sabía eso, ni tampoco que el nombre que le habían puesto sus padres era el de Pasionaria, que tuvieron que cambiárselo en 1938 para protegerla. También que el hermano que había ido a buscarla podía haber sido demasiado cauteloso al no querer decirle nada a su madre hasta ver en qué acababa todo, pero que además tampoco tuvo tiempo, porque falleció pronto. Y Antonia supo algo más: "Mi madre verdadera, a la que yo guardaba gran rencor, había vivido destrozada por el dolor de no poder estar conmigo. Jamás se había quitado el luto, durmió 60 años con mi foto bajo la almohada. Supe todo eso, aprendí su nombre y apellidos, Carmen Cano Villegas, y que vivía en Gerona. Y hasta su muerte mantuvimos una buena relación. Mi ex marido, que era franquista, intentaba evitarlo y me decía que me alejara de ellos, que los rojos eran gentuza, que había tenido mucha suerte de que me apartaran de ellos. Ya sabes, lo de separar el grano de la paja".

Estremece pensar en aquel país lleno de niños perdidos o abandonados, de hospicios del Auxilio Social o seminarios donde iban a verlos, a tasarlos, a llevárselos... La beneficencia franquista era, en realidad, parte del aparato represor de la dictadura, y en los internados trataban a las criaturas con métodos castrenses. Uxenu Ablana, que tiene ya más de setenta años, vive en Santiago de Compostela y pertenece a la Asociación de la Guerra y el Exilio, tiene también una historia tremenda a sus espaldas, en la que asoma otra de las esquinas del infierno, la del abuso sexual.

Uxenu perdió a su madre al empezar la guerra, pero hasta hoy no sabe lo que le ocurrió, ni ha podido averiguar dónde está enterrada. Durante años le dijeron que había muerto a causa de un aborto, pero vecinos de Pravia, que era donde vivían, le contaron otra historia: los sublevados la habían detenido y torturado para que contara dónde estaba su padre, y había muerto mientras la azotaban salvajemente. El padre, al que condenaron a 30 años de prisión, pasó ocho en la cárcel, y cuando salió no quiso hablar jamás del tema a su hijo. A Uxenu (que sostiene que en realidad a él lo mataron en 1936 y aplaude el verso con el que Ángel González define la posguerra: "Quien no pudo morir, continuó andando") lo internaron en centros del Auxilio Social desde los seis hasta los dieciséis. En ellos dice haber sufrido maltrato. "A todos nos pegaban, y a mí, que era algo rebelde, más. En el orfanato de Pravia llegaban a castigarnos sin cenar una semana entera, y en otro de Avilés, el ayuno llegaba hasta los 15 días: imagínate, con el hambre que ya pasábamos. Otras veces nos encerraban en un armario diminuto que había en el hueco de la escalera, y allí tenías que limpiar los zapatos de todos. Nuestra educación era casi inexistente, poco más allá de las cuatro reglas matemáticas, porque todo el tiempo lo gastaban en obligarnos a aprender himnos falangistas y doctrina católica. Además, algunos sacerdotes abusaban de los niños. Uno de ellos solía dejarme una bicicleta y me mandaba a hacer recados. Al volver, me decía: 'Niño, quítate los pantalones y mete los pies en esta palangana de agua caliente, que te los voy a lavar como a Jesucristo'. Pero las manos del cura empezaban pronto a subir por las piernas y a acariciarme el sexo. Un día me desperté en la noche y lo encontré en mi cama, tumbado a mi lado, desnudo y con una gran erección, acariciándome. Mi caso no era una excepción. Otros curas iban a buscar a los niños al hospicio, supuestamente para dar un paseo por el campo y que respirasen aire puro, y cuando estaban apartados les ofrecían dinero por dejarse masturbar, con lo cual, decían, les sacaban el diablo de dentro. A mí, una tarde, dos me llegaron a ofrecer 100 pesetas, que era una fortuna. No lo lograron, pero sí meterme por la fuerza a monaguillo". Una noche en que llevaba ya cuatro o cinco días sin probar bocado, una monja despertó a Uxenu para aumentar el castigo cortándole el pelo al cero, "y yo, harto de golpes y suplicios, le di un empujón, salté por una ventana y me escapé de aquel infierno. Fui andando hasta Oviedo, donde estaba mi padre, y al ver que nadie iba a reclamarme, me quedé allí, trabajé en un taller y me hice viajante, como él".

Lo cierto es que muchos niños fueron robados en la España fúnebre de la dictadura, que una cantidad intolerable de ellos nunca llegaron ni llegarán a saber quiénes son, y otros, aunque pudieron reconstruir sus orígenes, no logran completar el rompecabezas porque no reciben casi ayuda para hacerlo. Y es difícil lograrlo con medios propios, porque toda su existencia suele estar llena de misterios y medias verdades. Hay casos como el de Julia Manzanal. Su hija murió en la cárcel donde había sido encerrada con ella, al igual que sucedía con cientos de niños por epidemias de tifus o meningitis que arrasaban los centros penitenciarios, donde la comida era basura; la atención médica, simbólica, y la suciedad lo enfangaba todo. Julia -que hoy vive en Madrid y siente un enorme dolor al recordar, hasta el punto de que sus familiares permiten que se le hagan fotos, pero piden que no le hablen de aquello porque se altera- al menos tuvo la ocasión de hacer público su calvario: fue una de las protagonistas del documental Los niños perdidos del franquismo (de Montse Armengou y Ricard Belis). La vida de Julia es terrible, pero al menos sabe la verdad, aunque siga preguntándose qué habría pasado si su niña no hubiera muerto, qué habría hecho, cómo habría sido su vida...

Otros, como Carlos Mercader Bellver, siguen intentando conocer los detalles. A él lo abandonó su madre en diciembre de 1936, seguramente por no poder alimentarlo, y fue recogido por unas monjas y llevado a un convento-hospital de Valdepeñas. A partir de ese instante todo es niebla. Cuando llevaba allí una buena temporada apareció un comisario político llamado Diego Mercader Bellver que le dio sus apellidos. Cree que era su padre, y al seguir su pista ha sabido que fue herido en Huesca, lo llevaron preso a Barcelona y luego a Pueblo Nuevo, que fue condenado a muerte e indultado. El niño, mientras, vivió con una familia de la que no guarda recuerdo, y al acabar la guerra fue enviado a un hospicio de Ciudad Real. Allí, otra familia se hizo cargo de él y lo devolvió a Valdepeñas. El deseo de esas personas era que fuera compañero de juegos de su hija, pero cuando ésta se hizo mayor ingresó en un convento, y su falso hermano fue devuelto al Auxilio Social. En orfanatos estuvo de los nueve a los veintiún años, pasando por varios en Madrid, entre ellos, en el mismo que el dibujante Carlos Jiménez, que ha inmortalizado los horrores sufridos en su obra Paracuellos.

"A mi padre no llegué a verle de verdad. Aunque una vez que estaba enfermo fue a Valdepeñas y me visitó. Me dio una medalla, pero las monjas me la quitaron. Con los años, mientras yo hacía el servicio militar, alguien me habló de un hombre de un juzgado de Almadén que llevaba mis mismos apellidos. Soy muy tímido, me daba vergüenza molestar a aquel hombre, pero le envié una carta, a la que él contestó con amabilidad, pero evasivo. Nunca dijo que fuese mi padre, tampoco lo contrario. Dejé pasar el tiempo, no quería que pensara que quería algo de él, algo material. Pero, al final, decidí presentarme en Almadén para hablar. Por desgracia, ya había muerto". Pero aún hay otro cabo suelto de la historia de Carlos Mercader. Una mañana, un cliente del banco de Huelva en donde trabajaba, le dijo: "Vaya, qué casualidad, lleva usted mis apellidos. Yo soy hijo de una mujer que se llama Dolores Mercader". Y Carlos piensa seguir ese rastro: "Voy a quemar mi última vela, a ver si consigo saber quién fue mi madre, qué le ocurrió. Tengo datos que dicen que probablemente huyera de Valdepeñas hacia Alicante o Almería. Quiero saber de dónde provengo y qué pasó. No es agradable vivir sin saber quién eres". Niños robados, vidas tachadas y reescritas... No queda demasiado tiempo. Si nadie lo evita, todo su sufrimiento caerá en los pozos del olvido, esos agujeros negros de los manuales de historia, las hojas arrancadas del libro de la democracia.


Julia Manzanal


Nacida en 1915 en Madrid, una de las protagonistas del documental 'Los niños perdidos del franquismo'.

"Sigo preguntándome qué habría pasado si mi niña no hubiera muerto, cómo habría vivido, cómo habría sido el tiempo compartido"

Uxenu Ablana

Vivía en 1936 en Pravia cuando perdió a su madre. Fue internado en centros de Auxilio Social (arriba).

"Algunos sacerdotes abusaban de los niños. Uno de ellos solía decirme: 'Niño, quítate los pantalones (...), que te voy a lavar los pies como a Jesucristo', y sus manos subían..."

Carlos Mercader

Pasó 12 años en orfanatos de Auxilio Social. Vivió con varias familias.

"Voy a quemar mi última vela, a ver si consigo saber quién fue mi madre, qué le ocurrió. Quiero saber de dónde vengo, qué pasó. No es agradable vivir sin saberlo"

Antonia Rada

Nacida en 1934. Su madre, presa en Tenerife, para evitar que la dieran en adopción, autorizó (arriba) a otra presa, Candelaria, para que la cuidara, pero ésta la vendió a otra familia.

"Mi nueva familia me repitió que mis padres eran unos indeseables y me habían vendido, que ellos eran parientes míos. Un veneno. Pero algo no me encajaba. Un día pregunté: '¿Y por qué no llevo vuestro nombre?"

Trinidad Gallego

Comadrona de la cárcel madrileña de Ventas en la Guera Civil, testigo del robo de niños.

"Fui testigo de aquello, pasé encerrada años, pasé hambre y tuve que soportar, tras mi liberación, los abusos y el chantaje de un médico.Ningún juzgado me ha escuchado"


(El Pais. 03 / 05 / 09)

FAES DICE QUE LA DICTADURA DE FRANCO NO FUE FASCISTA

"La dictadura franquista no fue una época fascista ya que el régimen de Francisco Franco se caracterizó por la ausencia de una ideología que no fuera la de perpetuarse en el poder". Esta es la tesis central de un artículo publicado en la última edición de los Cuadernos de pensamiento político, revista editada por la Fundación FAES, vinculada al PP y presidida por José María Aznar.

El polémico artículo lo firma el catedrático de Derecho Político Manuel Ramírez, quien sostiene que el régimen autoritario de Franco no fue "un conjunto estático", sin cambios ni variaciones, sino que se pueden distinguir hasta tres etapas unidas por el nexo común de la "fidelidad política" al entonces jefe del Estado. En el artículo, titulado "Hace setenta años. El régimen político y su mentalidad" y publicado con motivo del setenta aniversario del final de la Guerra Civil, Ramírez defiende que el franquismo no tuvo una base ideológica, sino aportaciones de muy distintas fuentes, a veces "recortadas" y a veces "estimadas" según las circunstancias. Así, recalca que en esta etapa de la historia de España no hubo una "ideología fuerte llena de verdades absolutas y que impregnara en la sociedad" -como sí ocurrió en la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini- y añade que, precisamente, fue esta ausencia de ideología la que "facilitó la caída del régimen franquista", una vez desaparecido su creador.

El autor concluye que los cuarenta años del franquismo dejaron en la sociedad española como legado una "mentalidad" que estuvo vigente hasta comienzos de los años ochenta y que ha sido la "asignatura pendiente" de la democracia. Sus rasgos fundamentales son: la despolitización y una provocada apatía.

(Noticias de Alava. 3 / 04 / 09)

ZORNOTZAKO "TXIKI ETA OTAEGI" PLAZAREN IZENA ALDARAZITA

Durangon eta Etxebarrin bezala, Txiki eta Otaegi plazari izena aldatzeko agindu dute auzitegiek Bizkaiko beste herri batean. Frankismo garaian fusilatu zituzten bi herritarren izenekin terrorismoa goratzen dela argudiatuta, plazari izena aldatu beharko diote Zornotzan. Dabid Latxaga alkateak epaiari helegitea jarriko diola jakinarazi du, baina agindua beteko duela.
(Berria. 09 / 05 / 03)

sábado, mayo 02, 2009

LA MUESTRA "TODA UNA VIDA SIENDO NIÑOS" LLEGA EL LUNES A ARETXABALETA

Toda una vida siendo niños es el título de la exposición que desde el lunes y hasta el próximo 16 de mayo vestirá la casa de cultura Arkupe de Aretxabaleta. La muestra, organizada por la fundación "Idi Ezkerra", vinculada a Ezker Batua, se centra en el viaje en barco que navega a través de los puertos donde arribaron las expediciones infantiles, haciendo especial hincapié en el periplo vital de los niños y niñas de la guerra vascos.

Imágenes, cartas, dibujos, entrevistas, documentos y objetos que recuerdan la "aventura" de estos pequeños -el material ha sido donado por sus protagonistas-en la Unión Soviética, Francia, Reino Unido, Bélgica y México dan contenido a este trabajo que se complementa con un vídeo en el que se narran vivencias del exilio. Por medio de esta exposición itinerante, "Idi Ezkerra" quiere rendir un homenaje a todos ellos, "porque su memoria forma parte de nuestra memoria colectiva".

(Noticias de Gipuzkoa. 2 / 04 / 09)

UNA ESCULTURA RECORDARÁ EN IRURITA A LOS PRISIONEROS REPRESALIADOS POR FRANCO


Una escultura realizada en acero corten, en la que se representan las herramientas que eran obligados a utilizar, sobre una acumulación de piedras como las que tuvieron que picar durante años y en las peores condiciones imaginables, recordará en Irurita a los prisioneros antifascistas que fueron represaliados por el Franquismo. La obra se instalará y se inaugurará el día 16 de mayo en el paraje Pitzamar, en el kilómetro 13 de la carretera Irurita-Artesiaga, que construyeron en la postguerra civil.

El homenaje, póstumo para la gran mayoría de los protagonistas de la sangre, sudor y lágrimas sufridamente derramados por miles de represaliados en el Pirineo, ha sido promovido por la asociación Memoriaren Bideak, el Instituto Gerónimo de Uztariz, el Pueblo de Irurita y el Ayuntamiento de Baztan. Con antelación, tendrán lugar conferencias y proyecciones en Elizondo y en Irurita, localidad en la que finalmente se celebrará el acto de recuerdo y homenaje.

En la Casa de Cultura Arizkunenea de Elizondo, el día 8, viernes, se proyectará el documental Desafectos: Esclavos de Franco en el Pirineo creado por Eguzki Bideoak e intervendrán Edurne Beaumont y Fernando Mendiola. Será a las siete y media de la tarde.

El día 15, en Irurita, en el Centro Cívico Dámaso Zabalza y también a las siete y media de la tarde, el historiador Emilio Majuelo, ofrecerá una charla sobre el tema La segunda república: Ricardo Zabalza . Este Zabalza fue un republicano, sindicalista y socialista de Baztan nacido en Erratzu el 29 de enero de 1898 y fallecido en Madrid el 24 de febrero de 1940, y un injusto desconocido para los baztandarras.

El día siguiente, a las 12 horas, tendrá lugar el acto de inauguración de la escultura, y del reconocimiento a los trabajadores esclavos que construyeron la carretera que lleva de Irurita a Eugi por Artesiaga, la actual NA-1740. Esta vía fue abierta (existía un acuartelamiento en el paraje de Meaka) por los prisioneros del Franquismo represaliados tras la Guerra Civil que sufrieron penalidades sin cuento.

Igual ocurrió con la carretera de Erratzu a Izpegi, otras instalaciones militares y con la cadena de casamatas, bunkeres y fortificaciones levantadas a lo largo de la muga de Baztan con Iparralde, y por el resto del Pirineo. Un sacrificio que ahora se reconoce.

(Noticias de Navarra. 2 / 04 / 09)

CENTENARES DE PERSONAS RINDIERON AYER TRIBUTO EN LA BARRANCA A LOS 2.000 RIOJANOS REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO


Ocurrió hace 73 años pero sigue estando presente. Las huellas de la represión del franquismo marcaban muchas miradas de los reunidos ayer en La Barranca. Allí honraron la memoria de 400 asesinados y enterrados en este triste paraje de Lardero. La misma escena repetida en los últimos 30 años, desde que un grupo de activos familiares de los asesinados en el 36 lograron inaugurar este cementerio civil. Esa lucha, de «las mujeres vestidas de negro y dignidad», recordó Jesús Vicente Aguirre, consiguió sacar del olvido centenares de tragedias personales, que sumadas generaron el gran drama nacional.

«A mi padre se lo llevaron en Navarrete, al igual que a otros 34 del pueblo. Cuando le llevaban a fusilar, le dijo a uno de Entrena: '¿Pero qué hacéis, hombre, que dejo mujer y cuatro hijos'», explicaba ayer un emocionado navarretano recordando las palabras de su padre. «Y el de Entrena, el que le mató, le dijo que igual luego también iban a por los cuatro retoños», añadía.

Esa historia, amplificada por los asesinatos de tíos, hermanos, padres o amigos (hasta 2.000 en La Rioja), encontró ayer eco en un emocionado auditorio formado por centenares de personas. Ante las banderas tricolores republicanas que o­ndeaban, el presidente de la Asociación La Barranca, Pedro García, expresó el deseo de «dejar a nuestros hijos un mundo mejor que el que tuvieron nuestros padres» tras glosar los esfuerzos por la libertad de sus antecesores.

Además, hubo varios recuerdos especiales. El primero, para el escultor Alejandro Rubio Dalmati, autor del monolito de La Barranca, que se encuentra en un delicado estado de salud. El segundo, para los represaliados en El Carrascal de Cervera. En su homenaje se inauguró una placa con un sintético lema: «No hay nada en este mundo que haga olvidar una injusticia».

Dirigida a los líderes de PSOE, IU, UGT y CCOO se oyó una exigencia en el manifiesto leído por Francisca González. «Exigimos que se tomen las medidas oportunas para retirar todos los símbolos y placas de exaltación del franquismo y la Guerra Civil», afirmó, además de solicitar que la visita a La Barranca sea una actividad educativa para los jóvenes. Tras el homenaje floral ante el monolito de Rubio Dalmati, los gritos de 'viva la República' dieron por cerrado el acto.

(El Correo Digital. 2 / 05 / 09)

viernes, mayo 01, 2009

VIVA EL 1º DE MAYO!! GORA MAIATZAREN LEHENA!!


Desde este espacio las personas que formamos parte de "Ahaztuak 1936-1977" saludamos una vez mas el 1º de Mayo, Dia Internacional de la Clase Obrera y los valores de Justicia Social y de lucha por ella que este simboliza.

El 1º de Mayo es parte de nuestra Memoria Histórica y como tal, con su contenido integro, lo suscribimos. Evoca para nosotros las mismas necesidades y esperanzas de construir una nueva sociedad mas justa y libre que evocaba a nuestros padres y madres, a
nuestr@s abuel@s, y a todas las personas que como ell@s aportaron su esfuerzo a hacerlo realidad.

A los martires de Chicago y a todos los luchadores y luchadoras de la Clase Obrera mundial de ayer, de hoy y tambien -sin duda- de mañana nuestro reconocimiento y cariño.


VIVA EL 1º DE MAYO!!
INTERNAZIONALA

Zutik lurrean kondenatu
zaren langile tristea,
nekez ginen elkarganatu
indazu albiristea.

Gertatuak ez du ardura,
jende esklabua jeiki,
aldaketak datoz mundura,
nor den herriak badaki.

Oro gudura ala! Bihar izan dadin
Internazionala pertsonaren adin.
Oro gudura ala! Bihar izan dadin
Internazionala pertsonaren adin.

LA HUELLA DEL CRIMEN. Artículo de opinión de Javier Ortiz, fallecido la pasada semana. "In memoriam"


La Comisión Ciudadana que formaron en 1978 la mayoría de los partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales para investigar el asesinato de Joseba Barandiaran en la cuesta de Aldapeta llegó a una conclusión muy clara, respaldada por numerosas fotografías y testimonios directos: Joseba cayó abatido por un disparo efectuado por un gris (miembro de la Policía Armada). Lo que no pudo determinarse es si el policía disparó por propia iniciativa o si recibió órdenes y, en tal caso, quién las dio: si el mando de su compañía, si el comandante de la Policía Armada, Antón, si el gobernador civil de Gipuzkoa, Antonio Oyarzábal, o si alguien situado en un cargo superior.

En realidad, da lo mismo. Porque, si el policía disparó y mató, fue porque sabía, por numerosas y muy cercanas experiencias, que se podía disparar a matar contra los manifestantes y que eso no acarreaba ninguna responsabilidad. Nunca se abría ninguna investigación interna, las diligencias judiciales eran siempre papel mojado y las autoridades políticas, cuando aparecían en público, era para echar la culpa de lo sucedido a los propios revoltosos.

De modo que, fuera quien fuera el autor material del homicidio, hay que concluir que la culpa de éste y de tantos otros crímenes cometidos por las fuerzas policiales en aquellos años debe ser achacada a toda la cadena del poder del Estado, que actuaba sistemáticamente o bien como instigadora, o bien como colaboradora necesaria, o bien, en el más leve de los casos, como encubridora.

Algunos solemos insistir en que el ministro del Interior era a la sazón Rodolfo Martín Villa, actual presidente de Sogecable. Pero quizá no esté de más recordar que ni uno solo de los integrantes del Gobierno de entonces, presidido por Adolfo Suárez, levantó nunca la voz en contra de tan alevosos asesinatos. Eran ministros de aquel Gobierno Francisco Fernández-Ordóñez, Marcelino Oreja, Joaquín Garrigues Walker y algunos más "demócratas de toda la vida".

Hay quien justifica todo aquello apelando a "los momentos difíciles de la Transición". Pero no aciertan a explicar cómo pudo ser que la Revolución portuguesa, que cortó por lo sano con el régimen fascista anterior, se llevó a cabo sin ocasionar ninguna víctima mortal, en tanto que nuestra "ejemplar Transición" las provocó a puñados. La razón, sin embargo, es muy sencilla: en Portugal desalojaron a los fascistas del poder sin miramientos; en España, fueron los propios franquistas los encargados de montar el régimen parlamentario.

(Publicado en "Nabarralde" / 14 / 7 / 2008)