martes, mayo 11, 2010

EUSKAL HERRIA ALBERGÓ UNA DECENA DE CAMPOS DE PRISIONEROS ENTRE 1936 Y 1947

Es difícil precisar una cifra definitiva, porque en varios casos la información no detalla si lo fueron o no, pero la CAV y Nafarroa podrían haber contado con hasta doce campos de concentración durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo (entre 1936 y 1947). La terminología es muchas veces difusa y no permite saber con seguridad el uso que recibió uno u otro lugar pero, aunque sólo en cuatro casos se define al espacio en cuestión como "campo de concentración" -uno por cada territorio-, la letra pequeña lleva a pensar que éstos pudieron ser bastantes más. En concreto, ocho más: cuatro en Gipuzkoa (la condición como tales de estos últimos es más que probable), dos en Bizkaia y dos en Nafarroa.

Hasta hace un mes, la información referente tanto a los campos de prisioneros como a los batallones de trabajadores durante aquel periodo era escasa y estaba llena de incertidumbre, pero el reciente traslado a Salamanca -al Centro Documental de la Memoria Histórica- de los informes recopilados en aquellos años por el Tribunal de Cuentas ha arrojado la luz que hasta ahora se había tapado. Ahora sí, los investigadores, los periodistas o los historiadores pueden acceder a todo ese archivo. Pueden consultar cuántos campos hubo, dónde estuvieron, quiénes permanecieron en ellos o cuándo empezaron a funcionar o dejaron de hacerlo.

Mes por mes, los extractos que los diferentes comisarios de guerra enviaron al citado tribunal permiten conocer los detalles concretos de cada unidad o centro y establecer un mapa general aproximado de aquella represión. Y éste dice que, en conjunto, y con las reservas derivadas de esa terminología a veces dudosa, hubo cerca de 130 campos de concentración (algunas voces apuntan a la presencia de bastantes más, hasta casi 200), entre 350.000 y 500.000 prisioneros y algo menos de 550 batallones en todo el Estado. El cruce de estos documentos con los existentes en los archivos militares de Ávila y Guadalajara ayudará a completar ese mapa pero, de momento, ésa es la información disponible. Una información a la que ha tenido acceso este periódico y que revela, al mismo tiempo, una realidad variada y otra homogénea.

Similar composición

Porque, con algunas diferencias en su contenido y en el modo de recogerlo, los extractos mantienen una composición muy similar. Después de indicar de dónde proceden y a dónde se dirigen (al Tribunal de Cuentas), todos ellos detallan, entre otras cosas, el listado de altas y bajas y el "ajuste de haberes" (presupuesto necesario para cubrir los gastos) correspondientes a cada mes. Explican cuántos presos o trabajadores había al principio y al final de ese periodo (el llamado "balance de fuerza"); qué cantidad de pesetas suponía cada individuo retenido (por su alimentación, en el caso de los presos, y por su jornal, en el de los trabajadores) y todos ellos en conjunto (el "líquido a percibir"); y cuál era la relación nominal de todos los integrantes de una unidad. Además, recogen cuál había sido el destino de aquellos que causaban baja: hospitalizado, en libertad, fallecido, a disposición del gobernador civil...

Los campos, que acogieron en su mayor parte a presos republicanos pero también -durante la Segunda Guerra Mundial- a miles de extranjeros (el de Miranda de Ebro, en Burgos, fue el último que cerró sus puertas en 1947 y llegó a albergar a unos 15.000), fueron levantados con diferentes nomenclaturas: campo de clasificación de prisioneros de guerra, campo de concentración, campo de evadidos, campo de presos gubernativos, campo de evacuación, depósito de concentración...

No eran por lo general lugares habilitados con la finalidad de los campos nazis (el objetivo general era recluir, clasificar y reeducar), pero su diseño sí se pareció en algunos casos a aquéllos. En otros, en cambio, no. En otros se levantaban en institutos, castillos, prisiones militares u hospitales. En cualquier recinto que sirviese para concentrar prisioneros. Y es precisamente por esto último por lo que se antoja complicado concretar el número exacto de campos. Porque no es posible saber si en otras prisiones u hospitales en los que no se habla de campo lo hubo o no. No es posible saber con certeza a qué se dedicó cada uno de los lugares recogidos en el registro del Tribunal de Cuentas. No es posible en el conjunto del Estado y tampoco en Euskal Herria.

Las dudas

De acuerdo con el listado de campos de concentración definidos como tales, hubo uno en Gipuzkoa (en Irun), otro en Bizkaia (el Hospital Militar de prisioneros de guerra de Deusto), otro en Araba (en Murguia) y otro en Nafarroa (el de La Merced, en Iruñea). Es decir, cuatro. Ahora bien, hay otros ocho espacios que ofrecen dudas, algunas muy razonables. De hecho, si se accede a las observaciones y a las notas referentes a cada lugar, se comprueba que otros cuatro centros -todos guipuzcoanos- son aludidos también como "campo de concentración". Dentro del capítulo Otras Denominaciones, todos ellos incluyen esas tres palabras. Todos.

En concreto, la Clínica Psiquiátrica de Santa Águeda (Arrasate), el Hospital Disciplinario de Zumaia, la Enfermería de Oiartzun y la llamada Caja de Recluta número 38 de Donostia. En los tres primeros la vinculación es clara. El archivo reconoce su denominación como campo. En el último la situación es distinta, pero no tanto. No se indica que se trate de un campo en sí mismo, pero sí que forma parte de uno de ellos (una nota precisa que este centro está incluido dentro del campo de concentración de San Pedro de Cardeña, en Burgos).

En cuanto a los otros cuatro, no existe alusión al término, pero sí indicios de que puedan responder a él. Se trata, en este caso, de la Prisión Militar de la Universidad de Deusto y el Hospital Militar de Prisioneros de Gernika, en Bizkaia; y del Destacamento de Prisioneros de Guerra de Estella y el Hospital Militar de Prisioneros de Guerra de Iruñea, en la Comunidad foral. Su utilización es menos clara, pero la presencia de campos en lugares similares invita a pensar que también pudieran ser usados como tales. Con ellos se completaría el listado de los posibles doce campos.

Un listado sorprendente, por desconocido, pero que tampoco debe llevar a pensar que la CAV y Nafarroa contaron con doce campos de concentración entendidos en su concepción actual. Es decir, como centros de exterminio. "Su objetivo no fue nunca asesinar a sus internos (de eso se encargaría la justicia militar), sino ser el bisturí social con el que separar el bien del mal, la España de la anti-España", recoge el historiador Javier Rodrigo en su trabajo Cautivos. Campos de concentración de la España franquista (1936-1947).

En el caso del franquismo, los campos podrían entenderse más como campos de prisioneros, como campos de concentración en su versión más literal. A partir de ellos, en muchos casos, se nutría de efectivos a los batallones de trabajadores (también se utilizaba para ello a los presos de las cárceles, éstos ya juzgados y condenados). En el campo de Irun, por ejemplo, los extractos mensuales especifican el número de días "devengados" correspondiente a cada prisionero y el tipo de devengo, es decir, cuánto cobró por cada jornada de trabajo.

Ahora bien, aunque su objetivo directo no fuera el exterminio de los presos, tampoco debe olvidarse que los campos habilitados por Franco eran focos de miseria, enfermedades, hambre, palizas y muerte. Los presos políticos eran utilizados para realizar trabajos forzosos (los llamados Esclavos de Franco), en beneficio de instituciones públicas o empresas y en unas condiciones infrahumanas.

En el campo de Miranda de Ebro, el que más años permaneció abierto (1937-1947) y el que más páginas ocupa en el archivo del Tribunal de Cuentas, muchos presos fueron trasladados en vagones de ganado, otros carecieron de letrinas y todos fueron concentrados en barracones rodeados de una alambrada (esta última también fue empleada en los últimos años para separar a los alemanes de los apátridas, denominación utilizada para referirse a los judíos). Pero, pese a ser uno de los más significativos, el de Miranda no fue el único campo de esas características. Hubo más.

Campos más duros que otros y que, en última instancia, forman parte de una misma tragedia. De un pasado que hasta ahora no existía en los fondos históricos sobre la Guerra pero que hoy, recogido en 145 cajas de informes y documentos, sale de su interesado ostracismo para alumbrar un capítulo más de la historia que no se contó. De esa verdad que nunca dejó de serlo pero que ahora, además, se puede probar.

(Deia. 2 / 05 / 2010)

EUSKADI Y NAVARRA ACOGIERON MÁS DE 60 BATALLONES DE TRABAJADORES ENTRE 1937 Y 1942


Cerca de 550 batallones de trabajadores, más de 60 de ellos en Euskadi y Navarra. Ésas son las cifras que arroja el archivo del Tribunal de Cuentas, sobre la presencia de estas unidades durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo (entre 1937 y 1942). Según sus informes, y con algunas dudas derivadas de la terminología empleada en ciertos casos, hubo 27 batallones en Navarra, 18 en Gipuzkoa, doce en Bizkaia y siete en Álava. Datos muy significativos sobre un apartado que hasta hace poco suscitaba más sospechas que certezas pero que, desde el traslado a Salamanca de esos informes, ha quedado mucho más al descubierto.

La investigación de sus documentos, a los que ha tenido acceso este periódico, revela que la actividad en ese ámbito fue todo menos escasa. Miles de presos políticos fueron utilizados por el régimen franquista para trabajar en numerosas construcciones, desde pantanos hasta ferrocarriles, minas o puertos. Sin duda, la obra más conocida es el Valle de los Caídos, pero hubo otras muchas que fueron levantadas mediante este sistema. Con las manos de prisioneros que vivían concentrados en campos, integrados en batallones o, incluso, condenados ya en cárceles franquistas.

Los nombres, como ocurría con los campos de concentración, eran diferentes. La mayor parte recibía la nomenclatura más simple, Batallón de Trabajadores, pero en muchos otros casos la definición no era tan sencilla. Tan simple. Había, entre otros, servicios de recuperación de automóviles; depósitos de recría y doma; trabajadores del ferrocarril, de pantanos o de minas; grupos vinculados al parque de ingenieros; servicios de distribución de chatarra o grupos de descargadores agregados al transporte militar, a los puertos o a la aviación. Había de todo.

Al servicio del régimen

Eso sí, más o menos, todo se correspondía con lo que había: la obligación de trabajar al servicio del régimen y de lo que éste dispusiera. Porque, al final, lo que había era esclavitud (los bautizados como Esclavos de Franco). Personas utilizadas para reconstruir parte de lo que había sido destruido y para levantar, también, nuevas infraestructuras. Eran agrupadas en batallones y, desde ellos, como parte de una unidad de trabajo, empleadas para determinadas tareas.

De todo esto son fiel y claro testimonio los extractos, los informes enviados mensualmente por los responsables de cada batallón al citado Tribunal de Cuentas. Ésos que hasta ahora estaban perdidos en algún cajón y que ahora, en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, pueden ser consultados por los investigadores. En ellos, al igual que ocurre con los campos de concentración, se detallan -entre otras cosas- el presupuesto necesario para cubrir los gastos de cada batallón (cada trabajador solía cobrar una cantidad próxima a las 2,5 pesetas) y el listado de altas y bajas de cada mes. En este último caso, también, explicando la causa de esa ausencia.

Se precisan, de algún modo, los mismos elementos que en los extractos de los campos. Porque, aunque a veces la diferencia sí era clara, en otras ocasiones la distinción entre los batallones y los campos no se apreciaba de forma tan nítida. Al contrario. Se hacía casi inexistente. En esos casos, ambos conceptos respondían al mismo patrón: prisioneros, en su mayor parte republicanos, que cobraban una cantidad por la labor que se les encomendaba. Eso sí, no siempre era así. A veces la diferencia era mucho más clara.

Diferente duración Los batallones respondían a un perfil similar pero, también, heterogéneo. En la duración, por ejemplo, había diferencias claras entre algunos de ellos. Así, mientras en unos sólo existen extractos de un mes, lo que hace pensar que ése fue el tiempo en el que estuvieron activos, en otros hay informes de hasta tres años. No están los documentos de todos los meses -en muchos casos falta algún que otro extracto-, pero sí parece claro que las unidades permanecieron operativas entre las fechas de su primer y último informe. Es decir, que aunque haya vacíos en la investigación, no parece que hubiera interrupciones en la actividad de los batallones.

En varios casos, no obstante, su corta presencia no obedecía a su disolución sino, muy al contrario, a su inclusión en otra unidad. No en vano, las propias notas apuntadas en los extractos detallan, en más de un caso, que el batallón en cuestión "continúa" en otro. En otras palabras, que se fusiona con él. Y éste no tenía por qué estar necesariamente en Euskadi o Navarra. Podía estar, por ejemplo, y según se aprecia en la información de Salamanca, en Tarragona, Zaragoza o Marruecos. Hasta cualquiera de estas localidades, entre otras, podían ir destinados los trabajadores agrupados en un primer momento en Gipuzkoa, Álava, Bizkaia o Navarra.

Situaciones distintas

Cuatro territorios, estos últimos, en los que la situación de los batallones era también distinta. Así, mientras, por ejemplo, en Gipuzkoa dos municipios (Oiartzun y Errenteria) centraban la mayor parte de las ubicaciones y, en Álava, Vitoria acaparaba prácticamente todas ellas, en Navarra éstas se repartían entre muchos más pueblos. En ocasiones, incluso, un mismo batallón aparece situado en diferentes localidades según va transcurriendo el tiempo. Y, aunque no llega a ese extremo, también Bizkaia contó con una descentralización mayor que la de Gipuzkoa y Álava.

Todo ello está en los papeles. En esos extractos hasta ahora olvidados pero que, desde hace aproximadamente un mes, pueden consultarse en el Centro Documental de la Memoria Histórica. Allí, en cajas, reside esa parte de la Historia. Esa parte que habla de los batallones que, fundamentalmente entre 1939 y 1942 pero también durante otros años, entre 1936 y 1947, levantaron cientos de infraestructuras por encargo de Franco. Manos republicanas o nacionalistas al servicio de sus enemigos, de quienes los habían hecho prisioneros para vestirlos de trabajadores.

Con el paso de los años, y a medida que ha ido desapareciendo el tabú que escondía la verdad de aquel periodo, muchas voces han ido recordando la existencia de los batallones. Alguien que quedó recluido en uno, o que habla de algún familiar que lo estuvo, o que cuenta lo que un día le contaron en primera, segunda o tercera persona. Alguien que trata de aportar su granito a una arena que, pese al paso de los años, quizás no llegue tan tarde. Porque más vale saber que no saber. Más vale conocer. Al fin y al cabo, la Historia, se cuente o no, es una. Contarla no cambia las cosas. Sólo las explica.

(Noticias de Gipuzkoa. 9 / 05 / 2010)

lunes, mayo 10, 2010

LA HEMEROTECA PONE LAS COSAS EN SU SITIO. Artículo de Lander Gartzia, miembro de Ahaztuak 1936-1977

Estos dias El Correo celebra 100 años datándo su supuesto nacimiento en 1910 con la creación de El Pueblo Vasco. En realidad, "El Correo Español" salió por primera vez a la calle en julio de 1937, su primer nombre fue “El Correo Español, diario oficial de Falange Española de las JONS” y se editó en los locales y con la maquinaria que robaron los fascistas al diario Euzkadi tras conquistar Bilbao. Pocas semanas de salir a la calle, absorbieron “El Pueblo Vasco”, un periódico monárquico que sí nació en 1910.

Tirando de esa fecha El Correo celebra ahora el centenario obviando su verdadero origen falangista.Por aquello de hacer memoria y poner las cosas en su sitio os envío un archivo pdf con esa primera edición de "El Correo español - Diario de Falange española tradicionalista y de las J.O.N.S." que ese era su nombre completo.Comprobareis que no han cambiado mucho el discurso.

Y ya que estamos hablando del franquismo contitucional sin complejos, pues se adjuntan también algunas portadas del Diario de Navarra, otros "democratas de toda la vida" que tampoco han hecho ninguna "transición" en su linea editorial.

LAS MUJERES VICTIMAS DEL FRANQUISMO ELEVARON SU VOZ A TRAVES DE SUS FAMILIAS

Las mujeres que murieron, sufrieron y lucharon por sobrevivir en el marco de la represión franquista fueron ayer las protagonistas del segundo aniversario de la inauguración del Parque de la Memoria.

Unas 450 personas se acercaron a este especial paraje de Sartaguda para honrar la memoria de los fusilados en el 36 y para alzar la voz y recordar el lema del parque: "Nunca más y para nadie aquellos horrores". La lluvia, prácticamente presente en todos los actos celebrados en el Parque de la Memoria hasta la fecha, no amilanó el espíritu de los familiares de los represaliados, que emocionados, aplaudieron los diferentes discursos, poemas y canciones que compusieron el acto central.

El primero en tomar la palabra fue Carlos Martínez, coordinador del proyecto del Parque de la Memoria, quien se encargó de incidió en euskera y castellano en que miles de personas fueron "cazadas como conejos" por pensar diferente y luchar por sus ideales. La sartagudesa Luci Moreno Garatea, y los poetas del grupo de Arnedo Miguel Correas y Augusto Olarte pusieron la nota artística con sus poemas sobre la dignificación de las víctimas de la Guerra Civil.

Julio Sesma, presidente de la asociación sartagudesa Pueblo de las Viudas, explicó que "casi siempre hemos estado homenajeando a nuestra gente asesinada en un tono masculino, por lo que este año queremos hablar del sufrimiento doble de las mujeres". "Cuando un marido era fusilado, a parte de sufrir su pérdida, su mujer veía como además le arrebataban tierras y enseres. Pese a las vejaciones a las que fueron sometidas, torturas, violaciones, cortes de pelo, sus aceites de ricino y sus paseos para burla y humillación, nadie les ha pedido perdón, nadie les ha reconocido como víctimas, nadie las ha escuchado e incluso la Ley de Memoria Histórica también se olvidó de ellas", expresaba Sesma. El sartagudés también quiso recordar la historia de mujeres como Maravillas Lamberto o Matilde Landa, asesinadas en el 36.

Del silencio a la voz Raquel Larraondo Navascués, tesorera de la Asociación de Familiares de los Fusilados Navarros en el 36 y nieta del alcalde republicano de Cintruénigo asesinado, Victoriano Navascués, también quiso homenajear con sus palabras a las miles de mujeres para las que "el horror no acabó con el tiro en la nuca y la paletada de tierra en una cuneta escondida". "Los asesinos no se conformaron con acabar con nuestros seres queridos. El horror se trasladó a sus viudas, hijas y madres. Mujeres que se vieron encarceladas en sus propios pueblos y a las que no se les permitía guardar el luto de sus muertos. Y esta es una historia que nosotras, sus hijas y sus nietas, queremos contar. No podemos ser cómplices de ningún silencio. Queremos decirles allí donde estén que su silencio ha dado paso a nuestra voz", apuntaba Raquel Larraondo.

Los cantautores Mitxel y Alicia pusieron el broche final a las intervenciones con la canción Al alba, de Luis Eduardo Aute, entonada por los cientos de asistentes entre lágrimas y aplausos de reconocimiento.

(Noticias de Navarra. 9 / 05 / 2010)

domingo, mayo 09, 2010

BIZKARGI. HOMENAJE A LOS GUDARIS Y MILICIANOS QUE COMBATIERON EN ESTE MONTE EN 1937. Domingo 9 de Mayo, 13:00 h. en la cumbre


LA MEMORIA DE LA VI BRIGADA GUERRILLERA DEL NORTE ("BRIGADA MACHADO") ESTUVO UNA VEZ MÁS EN BEJES (CANTABRIA)

Las nubes que durante casi toda la mañana pasaron sobre los altos montes que rodean el pueblo de Bejes, en la zona cántabra de los Picos de Europa, quisieron sumarse tambien al homenaje que ayer sábado algo más de un centenar de personas volvimos a tributar a lxs componentes de la VI Brigada Guerrillera del Norte, más conocida como "Brigada Machado". Junto al monumento erigido a la entrada de este pueblo en memoria de los guerrilleros, puntos de apoyo, colaboradores... -es decir, de todas las personas que conformaron este grupo de la guerrilla antifascista- lxs asistentes al acto les rememoramos y revindicamos a todxs ellxs y tambien a las que fueron las razones profundas de su lucha, de su vida y de su muerte.
Alli entre aquellas montañas, entre aquellos prados y caminos que aún traen los ecos de aquellos pasos guerrilleros, de las esperas y las citas clandestinas y tambien de los gritos, el sufrimiento y el dolor de lxs enlaces y puntos de apoyo torturadxs, golpeadxs hasta la extenuación... alli pudimos abrazar una vez más a Felipe Matarranz -el "José Lobo" de esta Brigada- y a Jesús de Cos "Pablo", únicos guerrilleros supervivientes de la "Machado", y tambien a varias de las personas que fueron sus enlaces y colaboradores, reacias aún a dar su nombre aunque sea de todos sabida la labor que calladamente desarrollaron. Tambien volvimos a encontrar a los hijos e hijas de otros, de muchos de ellos que ya no estan fisicamente pero que cada año sabe que tiene en esta fecha una cita aqui en Bejes, donde el cariño y el recuerdo sigue reverdeciendo con estos pastos en esta cita de cada mes de Mayo.
El acto comenzó pasada la una del mediodia y con un sol que calentaba cuando algun claro rompia las nubes grises que amenazaban tormenta. Las palabras de Jesús de Cos, "Pablo", recordaron que lo que alli se celebraba era un acto politico "porque politica es la memoria democrática y antifascista que es defender los nombres de nuestros muertos, pero tambien su ideas, aquellas que el fascismo intentó e intenta hacer inviables para siempre jamás" subrayando tambien que precisamente por eso no era "un acto a favor de Baltasar Garzón, sino en contra de la impunidad de los crimenes del franquismo".
Tras su alocución le llegó el turno a la asociación de victimas del golpe de estado, de la represión y del régimen franquista Ahaztuak 1936-1977 de la que una decena de miembros y colaboradores se habian desplazado hasta Bejes. La intervención de esta asociación fue breve centrándose en la necesidad de "no dejar que los que vendieron hace treinta años las ideas de República y Libertad por las que estos hombres y mujeres asumieron privaciones y sufrimientos y hasta la muerte, los que vendieron esa lucha, vuelvan a conseguri hoy vender tambien la memoria de esa lucha". Asimismo hicieron hincapie en "tener muy claro que la Verdad, la Reparación y la Justicia para las victimas del franquismo sólo tiene como garantia de su consecución la continuidad en la denuncia, en la movilización, en la organización y en la lucha de las propias victimas que aún viven, de sus familiares y de aquellos sectores que entienden que juzgar al régimen franquista, sus crimenes y a los responsables de ellos es algo sin lo cual no puede haber una verdadera democracia ni una libertad plena".
Las palabras de Felipe Matarranz, conocido en la guerrilla como "José Lobo", tambien resonarian fuerte cuando recordó que "tenemos la bandera monarquica que impusieron los franquistas con su golpe de estado, tenemos al Rey que impusieron los franquistas con la complicidad de los traidores, tenemos unos aparatos del estado y una clase política plagados de franquistas y de personajes de ideologia franquista... tenemos entonces un franquismo sin Franco más que evidente, y que nadie me diga lo contrario". La intervención de un miembro de la organización de jóvenes cántabros "Regüelta" saludando el acto y reivindicando "el ejemplo que los luchadores y luchadoras que aqui homenjeamos son hoy dia para la juventud cántabra".
El acto concluyó con la música del acordeonista y cantante cantabro Lolo Callejo que interpretó el tema "¡Vivan Bedoya y Juanin!" entre la emoción de todos y las lagrimas de más de un asistente. Tras ello un comida popular preparada con las viandas aportadas por los asistentes y regada con abundante vino y oruju lebaniegu y una entrañable sobremesa con la musica de Lolo Callejo y el grupo vasco "Dangiliske" pondría punto final a esta jornada que ya se proyecta sobre la cita que ineludiblemente tenemos el próximo año, en Mayo, en este pueblo de Bejes.


(Servicio de Prensa de Ahaztuak 1936-1977)

ORGULLO DE CUNETERO, CALLEJERO CONTAMINADO. Artículo de Fernando Mikelarena, profesor titular de la Universidad de Zaragoza

Al socaire de los recientes acontecimientos relacionados con el juez Garzón, resulta pertinente subrayar las dificultades con las que se topa la gestión de la memoria histórica en España. Cualquier persona que repase la producción historiográfica existente sobre la limpieza política llevada a cabo en la retaguardia franquista, constatará la escasez de datos para ir más allá del perfil sociopolítico de los asesinados e intentar escarbar en otros aspectos, tan o más importantes, en cuanto que nos pueden dar razón de las magnitudes de la tragedia en algunas zonas, como, por ejemplo, las causas últimas de lo acaecido, el perfil de los verdugos y la actitud de la comunidad. En gran medida esas dificultades son atribuibles al número, calidad y veracidad de los testimonios orales o de los documentos escritos que puedan conservarse en relación con los aspectos mencionados, muchos de ellos desaparecidos o expurgados.

Ciñéndonos a la caracterización de los agentes de la limpieza política en la zona rebelde, tal y como han afirmado los especialistas que se han ocupado del tema, a escala general pueden citarse cuatro grupos estrechamente relacionados entre sí y posicionados en forma de pirámide vertical. En primer lugar, las autoridades militares, bajo cuya jurisdicción exclusiva estaba el territorio que controlaban y que dictaron los bandos de guerra. En segundo lugar, los dirigentes de las formaciones políticas civiles aliadas del ejército rebelde a cuyas órdenes se situaban también los cuerpos paramilitares de las mismas. En Navarra esas formaciones fueron fundamentalmente la Comunión Tradicionalista, Falange Española y Unión Navarra, siendo el Requeté la estructura paramilitar de la primera de ellas y las escuadras falangistas la de la segunda. Estas organizaciones codirigieron desde arriba, junto con las autoridades castrenses, la represión y regularon sus niveles y cronología. En tercer lugar, figurarían las bandas constituidas por miembros de las organizaciones paramilitares mencionadas que, bajo la jerarquía de los dos primeros grupos y auxiliados por fuerzas del orden, llevaron a cabo el trabajo más sucio de la represión, las sacas individuales o colectivas, en la mayoría de los casos efectuadas desde las calabozos municipales o desde las cárceles y los centros de detención del distrito judicial o de la capital. El cuarto agente represivo estaría conformado por los sectores de la población que colaboraron con el hecho represivo a través de denuncias y de la participación en batidas y a través del apoyo activo a los castigos y escarnios hechos públicamente.

Escuadrones paramilitares en Navarra

En más de una ocasión se ha solido expresar la extrañeza que suscita el gran desconocimiento que tenemos de las bandas paramilitares que ejercieron directamente la limpieza política en Navarra. De esta forma, si bien se ha mencionado repetidamente la figura del grupo del Chato de Berbinzana, así como la responsabilidad de la Escuadra del Águila de la Falange pamplonesa, en relación con la limpieza política en caliente, es evidente que no pudieron ser los responsables de todas las sacas del periodo, sobre todo, porque la coincidencia de fechas de matanzas colectivas en lugares bien diferentes de la geografía navarra hace pensar en la actuación simultánea de varios escuadrones. Por otra parte, hay que mencionar también que, sin perjuicio de que pudieran confluir en esas partidas individuos tanto de la Falange como del Tradicionalismo, además de esos grupos de militancia falangista, también debieron actuar otros de militancia requeté, dada la importancia del centro de detención que regentaban los carlistas en Pamplona (en Escolapios) y dada la existencia de algunos testimonios puntuales para determinadas localidades que existen sobre ello.

El orgullo del cunetero. La Escuadra Negra de la Falange de Tudela

De cualquier forma, las reservas que puede tener la sociedad navarra de cara a realizar un ejercicio de introspección acerca de la profundización en los perfiles de los implicados directamente en esos escuadrones deben ser contraargumentadas por la circunstancia de que existen testimonios en la prensa de la época que nos acreditan que los miembros de esos escuadrones estaban altamente satisfechos y orgullosos de su misión.

Así, por ejemplo, reproducimos en este artículo una foto, publicada en la primera página del número de 19 de agosto de ¡Arriba España!, en la que el Cardenal Primado Gomá pasa revista a siete miembros de la Escuadra El Águila de Pamplona. De esa foto hay alguna otra versión en la que aparecen más miembros de la misma escuadra. Por otra parte, en la página 8 del Diario de Navarra de 16 de octubre de 1936 hay un reportaje de S. Berruezo titulado Navarros en el frente. La Escuadra Negra de Tudela. En él, el corresponsal del periódico entrevista en Burgos "en el cuartel general de la columna que, formada por el comandante señor Sagardía, acaba de llegar procedente de Guipúzcoa" a "seis bravos chicarrones de Tudela" que formaban "la guardia personal del comandante". Esos seis tudelanos eran "Bernardino Burgaleta, Teodoro Pérez, Agustín Ariza, Miguel Catalán, Jaime Sola y José María Lacabe", todos ellos "naturales o vecinos de Tudela". Según dice el reportero, que los interroga "en un momento de asueto", todos le "cuentan, con encantadora sencillez, sus hazañas". El reportero afirma de ellos lo siguiente: "Los tudelanos, desde las primeras horas del movimiento libertador de España, se pudieron al lado de quienes defendían a la Patria en peligro; y con una diligencia digna de ejemplo fueron -en su misma ciudad- limpiando de elementos peligrosos el camino del triunfo". "Luego ampliaron su radio de acción a los otros pueblos de la Ribera y de Rioja y por último, enrolados en las formaciones que iban a luchar contra los marxistas y nacionalistas guipuzcoanos" se dice que "entraron los primeros en Tolosa (es decir, el 11 de agosto), tomaron al asalto al Buruntza (es decir, hacia el 28 de agosto), llegaron en cabeza a Guadalupe y a Irún (es decir, el 4 de septiembre)", siendo sus hazañas la causa de que Sagardía les hubiera "designado para formar su guardia personal". Se les denomina "la Escuadra Negra de Tudela".

A pesar de haber sido citada de pasada en la obra de Altaffaylla (Navarra 1936. De la esperanza al terror, Tafalla, 2003, 6ª de., p. 596), esta banda paramilitar tudelana no era excesivamente conocida. El papel desempeñado por las personas mencionadas no era ni mucho menos ignorado, recuerdan tudelanos que vivieron aquella época.

Las sacas en la Ribera tudelana hasta el 10 de agosto de 1936

Tenemos que recordar, al hilo de lo que estamos diciendo, que las primeras semanas de la guerra civil fueron especialmente cruentas en lo que se refiere a la eliminación física de los simpatizantes del régimen republicano en la Ribera Tudelana. Considerando las afirmaciones del corresponsal del Diario de Navarra en su reportaje sobre los miembros de la Escuadra Negra de Tudela en el sentido de su participación en la limpieza política que tuvo lugar aquellos días, queremos traer a colación el número de personas asesinadas en las correspondientes sacas o paseos con tres o más asesinatos que se registraron entre el 18 de julio y el 10 de agosto de 1936 en pueblos de la comarca, según informaciones que hemos tomado del libro de Altaffaylla: 5 vecinos de Buñuel el 25 de julio; 8 de Corella en Arguedas el 26 de julio; 11 de Ribaforada en El Bocal el 26 de julio; 6 de Cortes en Ribaforada el 27 de julio; 8 de Tudela en Castejón el 28 de julio; 5 de Arguedas en Murillo el Cuende el 1 de agosto; 6 de Cascante en Murillo de las Limas el 1 de agosto; 9 de Corella en el Carrascal el 2 de agosto; 8 de Ribaforada en Fontellas el 2 de agosto; 6 de Valtierra en Traibuenas el 2 de agosto; 7 de Buñuel en Mallén el 3 de agosto; 7 de Cabanillas en Beriáin el 3 de agosto; 4 de Cintruénigo en Valtierra el 3 de agosto; 4 de Corella en Alfaro el 3 de agosto; 11 vecinos de Fitero en Valverde el 3 de agosto; 4 de Fitero en Valtierra el 3 de agosto; y 6 de Corella en Ballariáin el 6 de agosto. En varias de esas sacas los asesinados fueron conducidos desde la cárcel de Tudela en la que estaban presos. Por supuesto, no queremos indicar que las personas mencionadas de la Escuadra Negra tudelana participasen en todas esas acciones, sino solamente mencionar las que se inscriben en el radio geográfico y en el ámbito cronológico en el que ellos motu proprio alardearon en líneas generales de haber colaborado.

Barrio de Lourdes de Tudela: Callejero contaminado

A todo lo anterior hay que añadir una circunstancia que salpica el presente a través del espacio público. Además de los seis miembros citados de la Escuadra Negra de Tudela, también hay que referirse a un séptimo, fallecido en una acción militar antes de que se realizara la entrevista. En la página 3 del número 10 de la revista Falange de Tudela, de fecha de 8 de noviembre de 1936, se encuentra, asimismo, una crónica acerca de la misma Escuadra Negra que repite algunas de las informaciones, si bien las menos comprometedoras, vistas en el artículo anterior. Se dice que "La Escuadra Tudelana que tanta fama alcanzó por su actuación en los frentes guipuzcoanos" era la escolta particular del Comandante Sagardía y se nombra como miembro de la misma, además, a otra persona ya fallecida, Félix Marsal Moracho. Precisamente en la esquela y la necrológica publicada tras su muerte en el número 1 de la mencionada revista, de fecha de 6 de septiembre, se decía que había muerto en la toma del monte Buruntza y figuraba de forma explícita que era "De la escuadra negra de Tudela". Asimismo, en otro artículo sobre él publicado en la página 3 de El Ribereño Navarro se decía que había salido de Tudela "formando en la ya célebre y heroica Escuadra tudelana".

El mencionado Félix Marsal Moracho cuenta con una calle en el barrio de Lourdes de Tudela, barrio que cuenta con 49 calles dedicadas a combatientes del bando franquista muertos en el frente. El nombre de la calle se acordó en un pleno del Ayuntamiento de Tudela del 17 de febrero de 1954 según una propuesta planteada por el Gobernador Civil falangista Luis Valero Bermejo, en la que también se aprobaron los nombres de otras siete calles. Félix Marsal no es la única persona con calle en el barrio de Lourdes a la que la prensa de la época incrimina de forma expresa y manifiesta en tareas de persecución y eliminación física de los adversarios políticos en la Ribera. En un artículo publicado en la página 10 de la revista El Requeté, también editada en Tudela, del 28 de febrero de 1937 y titulado Jesús Clemos Burgaleta. Se afirma que el mencionado Clemos marchaba en los primeros días de la guerra "a aquellas incursiones por las Bardenas, cuando se hablaba de posibles enemigos por aquellos contornos". Clemos Burgaleta murió en el frente el 22 de febrero de 1937.

Estas constataciones deberían servir para reflexionar sobre la conveniencia de aplicar al callejero del barrio de Lourdes la doctrina de la Resolución número 00676/08, 11 de febrero de 2008, del Tribunal Administrativo de Navarra relativa a veinte calles con nombres similares del barrio de la Chantrea, basada en la Ley de Símbolos de Navarra y en la Ley de Memoria Histórica y que fue finalmente acatada por el Ayuntamiento pamplonés.

(Noticias de Navarra. 9 / 05 / 2010)

UN MAPA SIN COMPLETAR

ESTA mañana, 73 años después de ser fusilado por el bando nacional, Higinio Arriazu podrá descansar en paz junto a su mujer y uno de sus hijos en el cementerio de la localidad navarra de Ablitas. Hace dos meses, su cuerpo fue recuperado junto al de Bonifacio Gracia en un pasillo del campo santo de Tutera. Su hija Flora, que tenía cuatro años recién cumplidos cuando asesinaron a su padre, siguió in situ la exhumación practicada por el equipo de desaparecidos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que con las correspondientes pruebas de ADN, confirmó días después la identidad de ambos varones. Un final feliz para la familia Arriazu, que espera zanjar así la deuda pendiente que le ha perseguido durante décadas. "Mi padre no hizo nada, era un trabajador cuyo único pecado fue el de estar afiliado a un sindicato", relata Flora a DEIA.

En el lado opuesto, las decenas de cuerpos que aún esperan ser exhumados en la CAV y Nafarroa, donde las fosas comunes del franquismo superan la centena. Aunque es complicado hacer una estimación exacta de los sepulcros existentes en ambos territorios, el trabajo que Aranzadi viene desarrollando desde hace ocho años está ayudando a completar el mapa de fosas. En la CAV, según el informe que la sociedad de ciencias ha confeccionado para el Gobierno vasco y que antes de final de año se publicará en internet, existen 53 municipios -27 en Gipuzkoa, 14 en Bizkaia y 12 en Araba- en los que se han localizado fosas comunes que podrían albergar a cerca de 80 individuos. Algunas ya han sido exhumadas y otras, en cambio, tienen muy complicado ver la luz, ya que, en algunos casos, las transformaciones que han sufrido las zonas bajo las que yacen los cuerpos han borrado toda huella del paisaje del 36.

Los montes de Bizkaia, por ejemplo, están "repletos", según apuntan desde Aranzadi, de combatientes de batallones como el Sollube, Bizkargi o Sabigain. Cuerpos que nunca serán localizados, hecho que ya han admitido los familiares. Precisamente, los testimonios que éstos han transmitido de generación en generación sobre lo que les ocurrió a sus padres, hermanos o tíos sirven especialmente a los investigadores para dar con los sepulcros. Pero confirmar la identidad de los cuerpos es otra cosa. Muchos fueron cuneteados con lo puesto, sin identificación alguna. Aunque siempre hay espacio para la suerte, como en Amorebieta y Elgeta, donde los cuerpos localizados llevaban encima unas chapas numeradas que sirvieron a los investigadores para arrojar luz y poner nombre y apellido a los restos encontrados.

"No hay descanso hasta que los familiares pueden recuperar algo. Hay que mantener el espíritu de la búsqueda", subraya la directora de Derechos Humanos del Gobierno vasco, Inés Ibañez de Maeztu, que ha cogido el testigo al trabajo sobre la recuperación de la memoria que comenzó el Gabinete Ibarretxe. Una labor que desde la asociación Ahaztuak esperan que vaya a más. "Las familias tenemos la necesidad de poder hacer el duelo completo que lleva suspendido un largo tiempo por la forma en la que fueron asesinados y por la impunidad y el ocultamiento", denuncia Martxelo Álvarez, portavoz de la asociación.

"Purga" en Nafarroa

La Comunidad Foral tiene el dudoso honor de liderar el ranking de fosas comunes. Aunque el Gobierno de Sanz no ha elaborado un mapa, las asociaciones de víctimas del franquismo que operan en este Territorio tienen sobre la mesa más de doce peticiones para la exhumación y localización de fusilados, y sospechan que hay otros cuarenta sepulcros sin ubicación exacta. En total, alrededor de 3.500 asesinados.

"Son fosas de retaguardia que no tienen nada que ver con una contienda, con dos partes enfrentadas. Se trata de una limpieza que se hace en todo el Territorio y que ocupa a personas relacionadas con la izquierda y con los sindicatos. Pero también sirven, como todas las guerras, para limar asperezas entre vecinos. La guerra es la excusa ideal para quitar de encima contrincantes", subraya Jimi Jiménez, arqueólogo de Aranzadi, que en Nafarroa ha actuado en ocho municipios exhumando quince cuerpos.

Otros no han corrido tanta suerte. Es el caso de Ander Cabrero, nieto del alcalde socialista de la localidad navarra de Pitillas, que el 20 de julio de 1936 fue apresado por los seguidores de Franco. A sus 32 años, Antonio consiguió huir ayudado por un vecino, pero la familia le perdió la pista. Meses después se supo que fue asesinado en la localidad segoviana de San Pedro Manrique. Ander ha estado hasta en veinte ocasiones en el cruce de barrancos a 1.300 metros de altura en el que sospecha que fue enterrado uno de los pocos alcaldes navarros asesinados durante el alzamiento que sigue sin ser localizado todavía.

"Lo hemos intentado todo, pero no tenemos capacidad. Te pones a mirar y no sabes por dónde empezar. Es una sensación de desamparo", denuncia el nieto de Antonio, que, como miles de víctimas del franquismo de todo el Estado, asiste atónito a la polémica surgida en torno a la figura del juez Garzón por investigar el franquismo.

(Deia. 9 / 05 / 2010)

"MUCHOS FAMILIARES NOS TRATAN COMO SI FUERAMOS SUS SALVADORES". Entrevista con Jimi Jiménez, arqueólogo de Aranzadi


¿Se siente un "recogedor" de testimonios?

Un poco de todo. El estudio de la Guerra Civil me ha enriquecido mucho, el tocar diferentes ámbitos. Hasta que se localiza una fosa hay mucho trabajo en la sombra.

Parece que asistimos a un "boom" por localizar las fosas del franquismo.
La recuperación de la Memoria Histórica tiene poco más de diez años.

¿Antes qué había?
Había mucho silencio. No existía en la calle o en los medios la actividad que hay ahora.

¿La recuperación de la Memoria Histórica era una de las asignaturas pendientes?

Durante cuarenta años ha habido personas que han estado completamente anuladas. A partir de la Transición, han tenido que convivir con los herederos del franquismo. Pero ahora, las generaciones que han nacido en democracia se están planteando muchas dudas que necesitan respuestas y que están revisando esa Transición, poniendo en entredicho si fue modélica o de la que hay que avergonzarse de muchas cosas.

¿Cuántos cuerpos hay enterrados en la CAV y Nafarroa?

Es complicado y cada vez va a ser más difícil llegar al cien por cien de la verdad. Todavía estamos en unos porcentajes muy bajos. Es una cosa que está viva, en cualquier momento pueden aparecer nuevas fosas.

¿Hay peligro de que los testimonios no pasen de generación en generación?

Hay muchos que no han hablado en su vida y se van a la tumba con todo lo que saben. Luego hay muchos testimonios que no son directos, por lo que la cosa se complica.

El convenio de Aranzadi con el Gobierno vasco viene de lejos.

En 2003, a nivel institucional pocas del Estado estaban realizando algún tipo de actividad en este sentido.

¿Cuál fue la primera fosa común que localizó?

En una exhumación de tres mujeres que fueron asesinadas en 1936 en un pueblo de Ávila.

¿Qué le pasó por la cabeza?

Cuando entré de golpe en una exhumación me planteé si esto era útil. Me parecía muy fuerte estar con familiares en el borde de la fosa. Y me acordé cuando estaba en la facultad, que en ningún momento se me comentó que pudiera existir esto en un país de la Unión Europea, que tengamos que exhumar cuerpos de hace pocos años. Era una historia desconocida para mí.

¿Hay momentos de frustración?

Cuando una fosa no aparece y ves la impotencia en los rostros de los familiares.

¿El caso más satisfactorio?

Todas las exhumaciones son distintas, no hay ninguna igual. Luego están las relaciones de los familiares, que siempre recibimos su apoyo y cercanía. Muchos familiares nos tratan como alguien que no somos, como si fuéramos sus salvadores.

¿Qué le pasa por la cabeza cuando oye hablar de las fosas comunes de la antigua Yugoslavia?

Aquí ha sido mucho peor, porque hubo tres años de guerra, que dieron para mucho, y cuarenta de dictadura. En números de desaparecidos supera a todas.

¿Qué le parece la causa abierta contra Garzón por investigar el franquismo?

Es la tercera gran victoria, tras el alzamiento y la transición, de quienes han llevado el poder en este país durante más de cuarenta años.

(Deia. 9 / 05 / 2010)

LAS MEMORIAS DE GALO VIERGE. Artículo de Braulio Hernández, historiador

AQUÍ el que falta es que ha desaparecido", escuchó el hermano de José Zapatero, cuando fue a explicar, a la Comandancia Militar de Pamplona, que a su hermano, al que reclamaban insistentemente, para su alistamiento a filas, lo habían fusilado el 23 de agosto de 1936, en las Bardenas. "¡Salga por esa puerta antes de que me arrepienta y lo mande a prisión! En la España de Franco no se fusila a nadie…".

Galo Vierge (Pamplona 1906-1997) es autor de un libro estremecedor, Los culpables. Pamplona 1936. Lo escribió en 1942. Oculto durante décadas, vio la luz en 1988, en una edición muy limitada de autor. Es "uno de los pocos testimonios directos de lo ocurrido durante la Guerra Civil en Pamplona" (Ed. Pamiela). Galo, el mayor de ocho hermanos de una familia con muchas penurias, estuvo asilado, dos años, en la casa de La Misericordia. Esa fue toda su formación. Hijo de un carpintero asalariado, el joven Galo ejerció de recadero y de peón; intentó ser torero para levantar a la familia. Se especializó como obrero metalúrgico. Era un autodidacta con inquietudes intelectuales, y socialmente comprometido, afiliado a la CNT. A Galo lo detuvieron los requetés el 31 de julio del 36, cuando regresaba del tajo. Lo llevaron a su domicilio. Tras registrarlo todo, sacaron sus libros a la calle y los prendieron fuego. También la Biblia que tenía sobre la mesilla de su dormitorio, junto a un libro de Tolstoi. "¡Será la protestante!", dijeron.

El día del Alzamiento, en la plaza del Castillo, abarrotada de falangistas y requetés, Galo escuchó: "¡Esta tarde a Madrid, a matar más gente que Dios!". En Navarra, "todos los días aparecían muertos en las cunetas… por requetés que exhibían en sus pechos el detente bala con el Sagrado Corazón de Jesús". Familias enteras desmochadas, como los cuatro hermanos Goicoechea. O los Eguía, otros cuatro: el 26 de marzo del 37, en la procesión de Semana Santa, el paso de la Dolorosa se paró, en un imponente silencio, frente al número 73 de la calle de San Antón. Unos gritos desgarradores emergieron desde el balcón: "¡Virgen Santísima…! Tú lloras porque te han matado a tu hijo. ¡Cuatro hijos! ¡Cuatro hijos me han matado a mí!". Su dolorido esposo, "la retiró a la fuerza del balcón… y la Dolorosa, escoltada por la Guardia Civil, fue izada a toda prisa".

A Galo se lo llevaron hacia el fuerte de San Cristóbal. En aquel pinar, al fondo de la carretera, "los falangistas y los requetés ya habían fusilado a innumerables presos políticos" al día siguiente de proclamarse el Alzamiento. Del fuerte bajaba un automóvil y se paró junto al coche donde llevaban a Galo. Salió un capitán cuya cara "reflejaba un aspecto noble", y preguntó a los requetés a dónde llevaban al detenido. "Al fuerte", respondieron. "¿Ya le han pasado por la comisaría?". "No, señor". "¿Qué eso de llevar a los detenidos al fuerte sin pasar por esa obligación? ¡Venga, a comisaría ahora mismo!".

Galo permaneció tres meses y medio en prisión. Pudo salvar su vida, gracias a que "estaba recomendado" por una popular comadrona de Pamplona (vecina y amiga de sus abuelos) cuya hija estaba casada con el hermano de un jefe de requetés. Días antes de salir (Galo estaba casado por lo civil, tenía dos hijas) el capellán de la cárcel le advirtió de los riesgos que corría si no arreglaba tan anómala situación: ¿A qué obedece esa manifestación antirreligiosa y perjura que va contra la ley de Dios?". A los pocos días, se oficiaban en la cárcel dos matrimonios eclesiásticos, el de Galo y el de su compañero Lorenzo Yoldi, de veinte años. Días después, el 16 de noviembre de 1936, Galo salió de prisión. A Yoldi lo fusilaron ese día.

Ser liberado no era una panacea. Un ex preso político "se sentía más seguro alistándose al frente -al Requeté o a la Falange- que permaneciendo en la retaguardia". Al poco de salir de la cárcel, a Galo lo visitaron los falangistas: "Tiene que acompañarnos a comisaría, donde le van a tomar declaración". Intuyendo que era una trampa, él reiteraba que no se montaba en aquel auto. Uno, lo encañonó. "¡Dispare si quiere, pero mire lo que tengo entre mis brazos!", le dijo, mostrándole a su bebé. Se marcharon, amenazándole que volverían si no se presentaba.

Galo tuvo que recurrir al salvoconducto prometido. "Si te ocurre algún problema, acude a mí y trataré de resolverlo", le había dicho el jefe requeté que intermedió en su liberación. Galo fue a verlo a los escolapios, sede del cuartel general requeté. Estaba en misa, y tuvo que esperar. Al verlo salir, acompañado de otro jefe requeté, Galo se estremeció al escuchar de éste último (tras preguntarles a unos jóvenes requetés que si ya habían cogido a fulanito): "¡A ese hay que traerlo esta noche vivo o muerto!".

Cuenta Galo que, años después, una mujer, gravemente enferma, le rogó que fuera a su casa. "Me suplicaba, sollozante, que la perdonase por aquella falsa delación", en la que también "estaba implicado un cura" (da el nombre) "propietario de todas las viviendas y huertos que rodeaban la plazuela del camino a Esquíroz". Galo la perdonó, y entabló con ella una cierta amistad.

En 1941, Galo Vierge fue enviado a Madrid por su empresa, Huarte y Cia, a labores de desescombro en la bombardeada ciudad universitaria. Un día coincidió con un paisano, doctor oftalmólogo, que visitaba aquellas ruinas donde había combatido como oficial requeté. Se hicieron amigos. El oftalmólogo recordó pasajes estremecedores: como aquella escaramuza en la que apresaron a una patrulla de los guardias de asalto, defensores de la República. Lo más horrible, le dijo, fue cuando el jefe mandó fusilarlos. "Sentí en mi corazón una verdadera compasión hacia aquellos hombres que no habían cometido ningún delito, sólo cumplían su deber… Fueron enterrados debajo de la escalera de piedra, las baldosas hacían de lápidas".

El oftalmólogo, escribe Galo, lamentaba los centenares de "crímenes de guerra" cometidos en Navarra. Una cosa, le decía, era enfrentarse con el enemigo en el campo de batalla, "defendiendo un ideal más o menos justo, y cuyo lema era Dios, Patria y Rey", y otra cosa era lo que sucedía en la retaguardia: "donde quedaban agazapados los asesinos y cobardes, que a costa del sacrificio de los demás trataban de conquistar un codiciado puesto…". En Navarra fueron ajusticiadas más de 3.000 personas.

Uno de los pasajes más escalofriantes de Los culpables es el acaecido el 23 de agosto del 36. A la misma hora que toda Pamplona había salido a celebrar una fastuosa procesión de desagravio a la Virgen del Rosario, Santa María la Real ("el obispo, D. Marcelino Olaechea, hizo una carta pastoral, invitando al acto a todos los navarros"), salían de la prisión dos autocares con presos cuyo destino era una gran fosa, abierta el día anterior en las Bardenas. Éstos creían que iban a ser liberados, tal vez canjeados. La Junta de Guerra, denuncia Galo, "con hombres que se tenían por muy católicos", sabía lo que ocurría a aquella hora. También el obispo, que había mandado a aquel paraje solitario a varios de sus curas, para asistir espiritualmente a los fusilados. "Uno de los sacerdotes era Antonio Añoveros, más tarde obispo de Bilbao". Muchos años después, Monseñor Añoveros provocará la mayor crisis entre la Iglesia y el franquismo, cuando éste sometió al obispo a arresto domiciliario y Arias Navarro intentó expulsarlo del país.

Al bajar de los autocares, cuando "los presos fueron obligados a pasar, en fila, delante de los "ministros del Señor", cundió el pánico". Aturdidos, algunos reos se confesaban. Otros se desmayaron al oír las primeras descargas. Unos pocos huyeron, pero fueron cazados: excepto Honorino Arteta que, herido, emprendió una huida épica, hacia Francia. Los requetés y los falangistas -tras dejar "cincuenta y dos víctimas" en la gran fosa, entre ellos Constantino Preciado Trevijano, torero, amigo de Galo-, regresaron a tiempo para incorporarse al final de la procesión. De nuevo, el Sr. Obispo repitió: "No es una guerra lo que estamos haciendo. ¡Es una cruzada! Y la Iglesia, mientras pide a Dios la paz y el ahorro de sangre de todos sus hijos, de los que la aman, y de los que la ultrajan y quieren su ruina, no puede menos que poner cuanto tiene a favor de los cruzados".
(Deia. 9 / 5 / 2010)

sábado, mayo 08, 2010

HOMENAJE A LA "BRIGADA MACHADO" Y A TODOS LOS GUERRILLEROS ANTIFASCISTAS. Bejes (Cantabria), el sábado 8 de Mayo a las 12:30 h.




LAS JJ.GG. DE BIZKAIA EXIGEN LA RETIRADA DE LA SIMBOLOGIA FRANQUISTA

Las Juntas Generales de Bizkaia aprobaron el jueves una Proposición No de Norma elaborada por Ahaztuak 1936-1977 y avalada por loS grupos junteros, absteniéndose el PSE y votando en contra el PP.

En dicho documento se recoge que se realice un censo de los símbolos franquistas existentes en Bizkaia y se insta a que se realice también un censo de las calles, edificios o elementos varios que homenajeen a personas que ejercieron algún tipo de poder durante la misma.

Por lo tanto, las JJGG exigieron al Gobierno de Gasteiz y al resto de instituciones a que, en el plazo máximo de tres meses, se eliminen dichos símbolos de cualquier espacio público o institucional. Asimismo, señalaron algunos de ellos «por su dolorosa presencia», como el escudo que corona el edificio de Hacienda.
(Gara. 8 / 05 / 2010)

RECHAZAN LA DEMANDA PARA INVESTIGAR LOS CRIMENES DEL FRANQUISMO EN ARGENTINA


Una jueza federal argentina rechazó ayer la demanda que víctimas y organismos humanitarios habían presentado en Buenos Aires para que se investiguen los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura de Francisco Franco, informaron fuentes judiciales.

La magistrada María Servini de Cubría «no admitió» la denuncia presentada el 14 de abril en los tribunales federales de Buenos Aires para que se investiguen en Argentina los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura franquista amparándose en el principio de «jurisdicción universal», añadieron.

Los abogados demandantes esperaban ahora ser notificados de la medida, que será apelada «próximamente» ante la Cámara Federal de Apelaciones, avanzó el presidente del Consejo Consultivo Continental, Beinusz Szmukler, uno de los letrados que redactó la querella.

La semana pasada, el fiscal Federico Delgado había rechazado la demanda al considerar «ilegal» el inicio de un proceso que en el Estado español llevan a cabo «numerosos tribunales».

«Innegable»

«Es innegable que los crímenes del franquismo constituyen delitos de lesa humanidad y en consecuencia es innegable también que el reclamo de quienes pretenden una investigación en Argentina está amparado en altísimas razones de justicia sustantiva apoyadas en la categoría de delitos de lesa humanidad», reconoció Delgado.

Sin embargo, «esa inconmovible fuerza moral que contiene aquel reclamo de justicia tiene grietas jurídicas muy profundas», argumentó el representante del Ministerio Público.

La demanda fue presentada en Buenos Aires por familiares de víctimas de la dictadura franquista y por organizaciones argentinas de derechos humanos, el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y asociaciones españolas de recuperación de la memoria histórica.

La querella solicita que la Justicia recabe datos sobre miembros de los gobiernos españoles entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977, así como de los mandos del Ejército, Guardia Civil, Policía Armada, directores generales de Seguridad y dirigentes de Falange Española.

Además, pide listas de desaparecidos, asesinados y torturados y de las fosas comunes halladas en el Estado español, un censo de los niños robados durante la dictadura e información de «todas las empresas privadas beneficiadas del trabajo forzado y esclavo de los presos republicanos que aún siguen activas».

(Gara. 8 / 05 / 2010)

viernes, mayo 07, 2010

LAS JJ.GG. DE BIZKAIA PIDEN LA ELIMINACIÓN DE TODA LA SIMBOLOGÍA FRANQUISTA QUE AÚN PERVIVE EN ESTE TERRITORIO HISTÓRICO

Las Juntas Generales de Bizkaia tuvieron ayer tarde una buena parte de su tiempo dedicado a tratar dos Proposiciones No de Norma referentes a la memoria histórica y a la simbologia franquista que aún pervive en este territorio histórico. En la sesión estuvieron presentes como invitados varios miembros de Ahaztuak 1936-1977, asociación de victimas del golpe de estado, de la represión y del régimen franquista, ya que la primera Proposición No de Norma debatida y aprobada ha sido elaborada por esta asociación aunque ha sido presentada en esta reunión de JJ.GG. avalada por los grupos junteros de EAJ-PNV, ANV, EA, EB-IU, Aralar y Alternativa.

Esta Proposición se ha aprobado con los votos favorables de todos los grupos que la suscribian, absteniendose el PSE-PSOE y votando en contra el PP. En ella se recogen las siguientes propuestas:

1. Que se realice un censo de los símbolos franquistas existentes en el territorio histórico de Bizkaia. Asimismo se insta a que se realice también un censo de las calles, edificios o elementos varios que en los pueblos vizcaínos sigan homenajeen a personas que se han significado por su protagonismo en ese periodo.

2.
Las JJ.GG. instan al Gobierno Vasco y resto de instituciones a que en el plazo máximo de tres meses a partir de la aprobación de la presente propuesta sea eliminado de cualquier espacio publico o institucional del territorio historico de Bizkaia todo aquel elemento que haga referencia a la dictadura franquista en cualquiera de sus manifestaciones o a cualquiera de sus promotores, inspiradores o personas que ejercieron algun tipo de poder durante la misma.

3. Aún no siendo los únicos elementos de símbologia franquista aún existente en nuestro territorio debemos señalar por su dolorosa presencia y persistencia varios de ellos para los que exigimos su irrenunciable e inmediata retirada:

-El escudo fascista que corona el edificio de Hacienda en la Plaza Moyúa.

-El Paseo Rafael Sánchez Mazas, ideólogo y dirigente del partido fascista Falange Española y ministro del Gobierno fascista entre 1939 y 1941. En el caso del Paseo a él dedicado proponemos la sustitución de su nombre por el de su hijo Rafael “Chicho” Sánchez Ferlosio, intelectual, compositor y cantautor de conocida y renombrada trayectoria democrática y antifascista ya fallecido, y al que debemos canciones como “Gallo negro, gallo rojo”, “Canción de soldados” o “A la huelga” entre otras.

-La calle Capitan Mendizábal de Santurtzi, por haber sido esta persona capitán de aviación perteneciente al ejercito golpista y que participó en diversas operaciones aereas contra el ejercito de II República y contra la población civil. En el caso de esta calle proponemos dedicarsela a Norma Mentxaka, vecina de Santurtzi asesinada el 9 de Julio de 1976 por disparos parapoliciales.

Asimismo se pide la eliminación de la simbologia franquista aún presente en el interior de edificios intitucionales como es el caso de los ayuntamientos de Barakaldo y Plentzia, donde en sus respectivos salones de Plenos siguen estando presentes al dia de hoy los retratos pertenecientes a aquellos alcaldes no elegidos por la ciudadanía, esto es, la de aquellos que ejercieron su mandato bajo el regimen franquista entre los años 1936 y 1977. En el caso del Ayuntamiento de Barakaldo se da el caso de que en el retrato del primer alcalde impuesto por los franquistas, Jose Maria Llaneza Zabaleta, este ostenta el uniforme de gala del partido fascista al que pertenecia, esto es, de FE y de la JONS.

En el caso del Ayuntamiento de Plentzia este aún mantiene vigente la concesión de la Medalla de Oro de la villa a Jose Daniel Lacalle Larraga, militar y aviador golpista y Ministro del Aire franquista, veraneante habitual en la villa y que en el año 1978 arrancó la ikurriña que ondeaba en el balcón del Casino de esta localidad. En el caso de estos dos Ayuntamientos exigimos por tanto la retirada de los retratos de los alcaldes franquistas de las dependencias municipales y en el caso de Plentzia la retirada a Jose Daniel Lacalle Larraga de la Medalla de Oro concedida en su dia.

La Proposición No de Norma presentada por el PSE-PSOE contemplaba un llamamiento genérico a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica en lo referente a simbologia franquista y a dar por bueno el modelo de Transición, planteando tambien como propuestas concretas el impulsar los estudios científicos sobre memoria historica mediante subvenciones, asi como habilitar los fondos necesarios para el pago de indemnizaciones a los beneficiarios del Decreto 280/2002. Esta Proposición ha sido rechazada al votar en contra PNV, ANV, Aralar, EB-IU y Alternativa. EA y PP se han abstenido y solo el PSE-PSOE ha votado a favor de su propuesta.

A la salida de la sesión los miembros de Ahaztuak 1936-1977 presentes en la misma valoraron positivamente la aprobación de su Propuesta y han agradecido a los grupos junteros que la han presentado en su nombre y han votado a su favor el apoyo recibido, aunque tambien han remarcado la necesidad de que “de los elementos declarativos y discursivos se pase a los elementos practicos sin disculpas y sin dilación”. Han señalado asimismo que no entienden la posición del PSE-PSOE de presentar una propuesta propia en vez de suscribir la presentada y aprobada. Ante la propuesta del grupo juntero socialista y sus contenidos han mostardo su disconformidad con la misma ya que consideran “incierto que la Ley de Memoria Historica sirva para el logro del reconocimiento de todos aquellos que sufriern las consecuencias del autoritarismo franquista” como dice el PSE-PSOE. Esto es algo "que se demuestra con la denegación desde la “Comisión de Evaluación” dependiente de dicha Ley del caracter de victimas del franquismo a varias de ellas: Antón Fernández -muerto en Erandio en 1969-, Jon Paredes “Txiki” y Angel Otaegi -fusilados el 27 de Septiembre de 1975-... entre otros”.

Jokin Revilla miembro de Ahaztuak ha subrayado asimismo que desde esa asociación “no compartimos la aseveración de que “se tiene que hacer desde el principio de la concordia y la reconciliación que se viene trabajando desde la etapa de la transición democrática” ya que si algo queda hoy en el 2010 en evidencia es que la base de la Transición fue la impunidad para los crimenes del franquismo y sus autores y el olvido para las victimas de ese regimen y para sus derechos” y que “tampoco estan de acuerdo en que “concordia y reconciliación tienen que ser las bases para la busqueda de la verdad y la justicia para quienes sufrieron el régimen franquista” sino que son la verdad y la justicia la que han de ser la base de la concordia y la reconciliación, justamente al reves de lo que la propuesta del PSE-PSOE plantea”.

(Agencias)

NO ME HE IDO NUNCA. Artículo de Iñaki Egaña, escritor

Me buscasteis durante años hasta que, con el tiempo, el peso de la búsqueda se convirtió en una losa molesta, sobre todo desde que las cosas parecieron convertirse en inmutables. Tan inmutables como la eternidad. El horizonte era una palabra tan dolorosa que su mención estaba prohibida. Los colores surgían opacos, sin lugar para el lustre, mientras la luz brillaba sin brillo. Nada era ajeno a la falta.

Al principio, la angustia de mi desaparición os oprimía el pecho, os dejaba las noches en vela, os sobresaltaba de improviso, con un ruido en el tejado, un golpe en el portal, un grito en la lejanía. Cualquier cosa se convertía en una agonía insoportable. Los días y las noches eran señuelos de la nada, esperanzas abortadas de una vida que no existía.

En silencio, hollasteis senderos, preguntasteis en cementerios e intentasteis descifrar alguna nota inteligible en los diarios herméticos de los hombres de ideología azul. Las letras, sin embargo, cegaban y no eran sino juegos malabares de una gran farsa. Llorabais en la oscuridad, ahogando el llanto a duras penas, para que el vecino no percibiera tanta amargura, para que no fuera con el cuento a los tipos de tricornio verde y la tragedia se extendiera a otros miembros de la familia. Los fusiles aún humeaban.

Habíais oído de afortunados que escaparon a las matanzas, que ocultos de día y andarines por la noche, lograron sortear todo tipo de obstáculos, hasta los más peregrinos. Patrullas que acechaban con sus fusiles de acero, vigías con prismáticos cargados de espanto y policías, muchos policías, en cualquier e insignificante cruce de caminos. Rumores casi imperceptibles apuntaban a que llegaron hasta la muga, y con la complicidad de la luna nueva, franquearon una demarcación geográfica invisible, como aquel principito que saltaba de asteroide en asteroide.

De otros, en cambio, sus ecos resonaban en lo más intrincado de la noche, su aflicción repicaba como campana de ángelus. Encerrados en mazmorras, purgaban entre rejas, paradójicamente, sus ganas de vivir, su apuesta por un mundo más justo, su alegría desbordante por desplazar tiranos, su juventud. Los escondían a cientos de kilómetros del hogar y, a pesar, los susurros de sus voces distantes serpenteaban entre los rescoldos de nuestros fogones, recordándonos su proximidad como una fiebre que abrasaba.

Esperasteis con impaciencia cualquier signo que pudiera abrir la puerta a la esperanza. Unas notas que llegaran volando con las aves de la primavera, unas letras que cayeran con las hojas otoñales del abedul del parque. En vano. El buzón siempre estaba vacío, el polvo se amontonaba en su peana, mientras las hojas del parque se acumulaban unas sobre otras, año tras año, sin dar más señales que las de los colores ocres de la hojarasca marchita. Ni del presidio, ni del exilio llegó confidencia. Jamás.

De vez en cuando, la noticia en el parte radiofónico de una escaramuza, eufemismo de las más variopintas salvajadas cometidas por los canallas acuartelados, rompía vuestra monotonía de manera brutal. El corazón se agitaba de nuevo desbocado, el estómago se oprimía y la piel se humedecía de un sudor helado. El temor volvía, se revolvía más bien en la profundidad del abismo. Con una cadencia calculada, el parte informativo vomitaba, unos días después, nombres, señas, alias... certezas aparentes que alejaban la inquietud. Aunque sólo por un tiempo.

Así, entre el desasosiego y la calcificación de la pesadilla, las evidencias afloraron y la esperanza se marchitó. Hacía tiempo que nada era como antes. Aquello que otros celebraban para vosotros no tenía importancia, era secundario. Ni siquiera bautizos, bodas o fiestas lograban apartar la inmensa amargura. Descubristeis, con pesar, que no existe la ingenuidad. Que todos somos culpables y pocos los inocentes.

Todos sabían de vuestra pesadumbre. Todos y nadie. Os catalogaron y entre unos y otros os lanzaron a la plaza de los apestados, leprosos en un escenario sin lepra, agotes en un circo de risas insufribles. Vuestros hijos y sus hijos quedaron sellados con el estigma del color rojo en el apellido, como el esclavo que marcaban a fuego en su mejilla, como ovejas sacrificadas.

Hasta que un día, a través de un eco casi imperceptible, os llegó una bocanada de aire sincero. Apenas se percibía y si alguien lo hubiera podido enlatar seguro que hubiera entrado en una caja de cerillas. Era como un susurro de fondo, un cuchicheo entre dos, tres... muchos amigos que aguantaban la voz para no delatarse. Y de la misma manera que os había sobresaltado el viento fugaz, la melodía os resultó familiar. Os intimidó.

El rumor se convirtió en fragor y entonces ya no tuvisteis duda alguna. Aquello tenía fundamento, no había cajas capaces de aprehenderlo. Ni eran las pesadillas anteriores, tampoco los sueños a los que habíais accedido desde el crecer de los hijos. Era el eco de la trinchera, el chasquido particular de la maleza aplastada por el paso acompasado del compromiso. Era el olor inconfundible de la lucha.

Fue cuando, como un ciclón, retornaron las tonos pulidos de tantas sensaciones olvidadas. El desasosiego se difuminaba. Al galope, como hubiera descrito Rafael Alberti. Zer duzu, ama?, preguntaba Eustakio Mendizabal, Txikia, en una poesía que escribió y nunca vio editada. No era zozobra lo que le afligía, madre, sino el ansia por cambiar tantas cosas porque el tiempo apremiaba.

Entonces fue cuando tuvisteis la certidumbre de que no me había ido nunca, de que estaba entre vosotros, peleando hombro con hombro, haciendo grande aquella carta de José Luis Arenillas, antes de ser fusilado contra las tapias del cementerio de Derio: «Confío en que nos sobreviváis y podáis hacer con redoblado esfuerzo, lo que juntos hubiéramos deseado realizar. Nuestra causa que es la causa de la humanidad emancipada».

Y era cierto, nunca me había ido. Seguía entre vosotros, tomando aliento, desbrozando el camino a los jóvenes, como hubiera escrito Isaac Puente, apartando la mala hierba de esos campos que se antojaban agresivamente verdes, como la esperanza. Restableciendo la dignidad del frente, en esta interminable pero hermosa tarea de restaurar la igualdad con la que todas y todos vinimos al mundo, la justicia de los que nunca debieron ser condenados en la tierra.

Allí estabais, ahí estábamos, en el tablado de siempre, en la lucha por un mundo mejor, la misma que me negaron y nos negaron unos mercenarios al servicio de imperios, banqueros y obispos. Bandidos que creyeron que, matándonos, arrinconándonos, y ocultándonos en las cunetas de nuestros viejos caminos, en fosas innombrables, atrancaban la persiana al porvenir. Se equivocaron y se equivocarán porque tenemos tiempo, mimbres y, sobre todo, convicción. Una gran convicción que nos mantendrá en la brecha hasta el fin del mundo.

(Gara. 7 / 05 / 2010)

domingo, mayo 02, 2010

LA LEY DE LA MEMORIA NO RECONOCE A LOS QUE SE ENFRENTARON AL FRANQUISMO NI A LOS QUE NO LO HICIERON

Mas allá del nefasto balance -a falta de dos peticiones por responder, seis han sido rechazadas- la gravedad de la cuestión se asienta en las razones esgrimidas a la hora de vetar la consideración de víctimas del franquismo. Como ejemplo, la respuesta dada a los allegados de Jon Paredes, Txiki, y Antón Fernández.

El resultado del caso de Paredes, uno de los últimos cinco fusilados por la dictadura, podría ser esperado al ver las consideraciones restrictivas que aparecen en la propia ley, que deniega la consideración de víctima a toda persona que hubiera formado parte de organizaciones político-militares o que hubiesen desarrollado enfrentamiento armado contra el régimen franquista. Pero pese a ser una negativa esperada, apuntar que la muerte de Txiki «no guarda relación con una circunstancia de reivindicación y defensa de las libertades y derechos democráticos», como apunta el escrito de la Comisión de Evaluación, ha enfurecido a su hermano Mikel Paredes. «Ellos hacen la ley, ellos la aplican y ellos se la comen», censura.

El caso de Antón Fernández, muerto por disparos policiales en Erandio durante una manifestación vecinal en 1969, es aún más «surrealista» a los ojos de Martxelo Álvarez, portavoz de Ahaztuak. La excusa empleada esta vez es que «Fernández se encontraba observando los sucesos desde el balcón de su casa como mero espectador y no como manifestante».

Conchi Fernández, su hija, se muestra «descorazonada» con una decisión que, a su juicio, no tiene «ninguna razón de ser» y reconoce que no la esperaba «para nada». Le parece paradójico que le denieguen la consideración de víctima por no participar en la manifestación e insiste en que, si hace cuarenta años su padre hubiese dicho que había participado, «le habrían molido a palos». «Si no es una cosa es otra, la cuestión es no darte nunca la razón», apunta desesperada, aunque informa de que ya ha recurrido la negativa. «Primero, que reconozcan lo que han hecho y luego, si tenemos algún derecho, que nos lo den», subraya.

Para la asociación Ahaztuak 1936-1977, que ha comparecido ante los medios esta semana junto a los afectados, estas decisiones constituyen «otra demostración clara y evidente de la existencia y funcionamiento del modelo español de impunidad para con los crímenes franquistas». Censura también la «falta de consideración y de respeto para con sus víctimas» y, como muestra de ello, recuerda que ninguna familia había recibido notificación alguna acerca de la posibilidad de acogerse a dicha ley; de ahí que sólo fueran 9 las solicitudes presentadas, de las 86 familias vascas que se encuentran en esta situación.

Mikel Paredes criticó que, además, les han puesto un sinfín de pegas. «Nos han mareado con el papeleo; hemos tenido que enviar el testamento de mi hermano, el certificado de defunción original», explica. No obstante, precisa que otras familias han corrido peor suerte aún, y hay quien ni siquiera ha podido entregar los papeles. Ése es el caso de Ángel Otaegi, fusilado junto a Txiki, porque, al haber fallecido todos sus familiares directos, nadie ha podido personarse en su nombre.

La Ley de Memoria, además de la consideración de víctima, promueve una compensación económica para los familiares. Para ello, en un principio era obligatorio demostrar que en su día existía una dependencia económica entre la familia y la víctima. Hecho que, más allá de ser difícil de probar, es «injusto», a juicio de Álvarez, que opina que la pérdida de cualquier ser querido debería de ser compensada.

La cara positiva de la Ley de la Memoria ha sonreído a los allegados de Vicente Antón Ferrero, muerto por disparos de la Guardia Civil en Basauri el 3 de agosto de 1976. Él es el único vasco que por ahora ha conseguido el reconocimiento de víctima del franquismo, así como los 135.000 euros que se destinan como compensación a sus familiares. Fermín, su hermano, ha recibido con «satisfacción» este título firmado por el ministro español de Justicia, Francisco Caamaño, pero opina que se debería hacer algo más. «Este título se queda a nivel privado; lo saben ellos y nosotros. Queremos que las víctimas del franquismo se hagan visibles y que se diga la verdad públicamente», insiste.

Para Ferrero el reconocimiento también consiste en asumir las responsabilidades de estas muertes, algo que cree que no se ha hecho, e indica que la familia está valorando llevar a los tribunales al guardia civil que mató a su hermano.

Protesta en los tribunales y en la calle

Recuerda que llevan peleando desde la muerte de su hermano y comenta que le queda la pena de que tanto su madre como su padre hayan muerto sin saber que su hijo era una víctima reconocida. «Pese a todo, siempre ha habido gente que nos ha ayudado, como los abogados que han trabajado de forma desinteresada o los reconocimientos populares que nos han otorgado», apunta emocionado.

En la comparecencia realizada por Ahaztuak, Álvarez criticó el «cinismo vergonzante» del Gobierno español al dar estas respuestas cuando «está abierta social y políticamente la reflexión sobre la impunidad del franquismo». Exigieron, además, que se pongan en marcha medidas concretas en honor a «la verdad, la reparación y la justicia». Unas medidas que, según dijo, han de pasar por la eliminación de las restricciones impuestas para reconocer a las víctimas del franquismo; la ampliación de consideraciones personales y familiares a tal efecto, y por la apertura de un nuevo plazo de presentación de documentación.

Además de la dinámica legal que iniciará, Ahaztuak remarcó la necesidad de activar iniciativas de denuncia, interpelación y presión popular para reforzar la exigencia del fin del modelo español de impunidad.

(Gara. 2 / 05 / 2010)