jueves, febrero 17, 2011

LA FISCALIA SOLICITA ARCHIVAR LA CAUSA DE LA MEMORIA HISTÓRICA AL HABER MUERTO LOS ASESINOS

El titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Pamplona dio este miércoles un plazo de diez días a las partes personadas para que presenten alegaciones al escrito del Ministerio público y la Asociación de Familiares estudiará un posible recurso a dicha resolución. En su escrito, el fiscal interesa el sobreseimiento provisional y archivo de las actuaciones "por no haber quedado acreditada la autoría concreta de personas actualmente vivas contra las que dirigir el presente procedimiento".

Esta causa procede del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, cuyo titular entonces, Baltasar Garzón, dictó un auto el 18 de noviembre de 2008 en el que declaró extinguida la responsabilidad por fallecimiento de la totalidad de las personas imputadas en el procedimiento. El fiscal expone que, "a falta de autor contra el que continuar el presente procedimiento, no procede sino acordar el sobreseimiento provisional de la causa y el archivo de la misma".

Ya en 2008, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional se opuso a la apertura de la causa que investigaba Garzón al entender que se trataban de delitos comunes que ya ha-bían prescrito. La Sala de lo Penal de la AN decidió paralizar las exhumaciones ordenadas por Garzón, entre ellas la del Fuerte de San Cristóbal de Pamplona, que tuvo que inhibirse a favor de los 62 juzgadores territoriales donde se localizaban las fosas, entre ellos el Juzgado de Instrucción 4 de la capital navarra.

archivos en otras provincias El envío de las diligencias a los jueces provinciales provocó que las exhumaciones previstas salieran de su embrollo legal y los familiares pu-dieran continuar por su cuenta y riesgo con la investigación y el trabajo de localización de fosas y de sacar a esas víctimas del olvido. Desde que recibieron la causa en 2008, sólo una fosa común, la de Santa Marta de Tera (Zamora), ha sido abierta en toda España merced a la autorización de una juez. Ocurrió en octubre del año pasado. De los 62 juzgados provinciales que recibieron la causa investigada por Garzón, la inmensa mayoría (al menos 46) ha archivado las diligencias.

La discusión entre el Estado y la Administración de Justicia sobre acerca de a quién compete la apertura de esos enterramientos ha provocado que la situación se enquiste en un limbo legal y jurídico, en el que nadie responde ni brinda un plan de acción a los familiares de fusilados, que no conviene olvidar que son las auténticas víctimas de esta atrocidad. De momento, Navarra no parece que vaya a ser una excepción.

(Noticias de Navarra. 17 / 02 / 2011)

"LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA ES UN DISPARATE". Entrevista a Lucia Izquierdo, nuera de Miguel Hernández

La familia de Miguel Hernández no se plantea el conformismo como modo de afrontar las decisiones de la justicia española. Lucía Izquierdo, la nuera del autor de Perito en Lunas, anuncia que "no se rendirán" a pesar de que el Tribunal Supremo les haya negado la posibilidad de presentar un recurso de revisión para anular la sentencia que condenó a muerte al poeta.

¿Esperaba esta decisión del Tribunal Supremo de no admitir a trámite el recurso?

Sabíamos que era muy difícil que lo aceptaran porque no existe la valentía que tendría que haber para encauzar esta situación. El Supremo se atiene a la Ley de Memoria Histórica para eludir la anulación de estas sentencias. Aunque manteníamos la esperanza, no podíamos esperar otra cosa.

¿Qué razones cree que tiene la justicia para no anular estas sentencias del franquismo?

Darnos la razón habría sentado un precedente importante que a la justicia no le interesa. Hay muchos casos como el nuestro en los que los familiares están pendientes de poder borrar las condenas y sentencias políticas del franquismo. El Supremo tendría que enfrentarse a muchas solicitudes.

La Sala de lo Militar del Supremo, responsable en decidir la admisión de estos recursos, ¿no ha tenido en cuenta las nuevas pruebas que han presentado?

No, y es algo que no entendemos. Éramos optimistas porque la fiscalía sí aceptó los nuevos documentos que encontramos y que contribuían a demostrar que la sentencia que condenó a muerte a Miguel estaba infundada. De momento, y hasta que recibamos el auto, sabemos que reconocen la injusticia y la barbaridad que se cometió con Miguel. Ante eso me pregunto, si lo ven así ¿porqué consienten que su sentencia a muerte siga existiendo?.

¿Cómo se plantean el escenario futuro?

Primero esperaremos a recibir el auto y después valoraremos todos los puntos en los que se han basado para la denegación. No descartamos nada ni nos vamos a detener aquí. Nos plantearemos ir al Constitucional y al Tribunal Europeo de Derechos Humanos si es preciso. Al margen de los recursos legales, no desdeñamos acciones en la calle, con la ciudadanía. Desde luego no vamos a parar.

La ley 52/2007 de Memoria Histórica, ¿ha sido una piedra en el camino?

Esta norma es un disparate. Está muy mal hecha. Establece que las sentencias y condenas dictadas por razones políticas e ideológicas son ilegítimas, pero no las anula, y por ello tampoco podíamos esperar otra decisión del Supremo.

(Público. 17 / 02 / 2011)

NO ES POSIBLE QUE EXHUMAR UN CUERPO NO TENGA UN MÍNIMO APOYO JURÍDICO

"Y ¿qué hacemos? ¿Qué opina el juez de que unos particulares acudan a un paraje donde tenemos localizada una fosa y exhumemos unos cuerpos? ¿Qué hacemos con los cuerpos exhumados y no reclamados? ¿Es normal que una democracia asentada desde hace 35 años no haga una actuación jurídica al respecto?". Todo son preguntas sin respuesta y vuelta al recurrido limbo jurídico y legal en el que lleva actuando desde 2004 la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra, que afirmó respecto a la decisión del fiscal de solicitar el archivo de la causa que "es insuficiente mirar para otro lado".

Ioseba Eceolaza, miembro y parte activa de dicha asociación, manifestó que la decisión de la fiscalía no les ha causado demasiada sorpresa, pero que la solicitud incide en la desesperanza que acompaña a este proceso. "Cabía esta solución jurídica. Aquí hay un fondo concreto, no buscábamos que se condenara a Franco, Mola o Conde de Rodezno por las miles de sentencias de muerte que ordenaron, ya que están muertos, pero además buscábamos una clarificación del procedimiento sobre cómo actuar ante una fosa. Lo que hace el fiscal es consolidar ese limbo jurídico. Lo que tenemos encima de la mesa es una anomalía jurídica".

La Asociación de Familiares de Fusilados defendió que "todas las instituciones públicas tienen que implicarse en el trabajo en favor de la Memoria Histórica, porque estamos hablando de un trabajo humanitario, esa es la principal causa para trabajar en favor de la exhumación de los desaparecidos".

Además, agregaron que "no es posible que durante 35 años de democracia las asociaciones de familiares de fusilados tengamos que hacer el trabajo de las exhumaciones sin un mínimo de apoyo jurídico, no es posible que para exhumar a una persona asesinada hace 70 años simplemente necesitemos el permiso de Patrimonio del Gobierno de Navarra y el mundo judicial no tenga nada que decir".

En este sentido, Eceolaza consideró que "la judicatura tiene que avanzar para clarificar los protocolos de exhumación y para aportar elementos que aclaren las necesidades". "El ámbito jurídico tiene que aclarar cuál es la hoja de ruta para hacer una exhumación, eso demandamos", concluyó Eceolaza.

(Noticias de Navarra. 17 / 02 / 2011)

EL SUPREMO NO REVISARÁ LA PENA DE MUERTE A MIGUEL HERNÁNDEZ

La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo rechazó ayer la solicitud presentada por la familia del Miguel Hernández para poder interponer un recurso extraordinario de revisión frente a la sentencia dictada por el Consejo de Guerra Permanente número 5 de Madrid que el 18 de enero de 1940 condenó a muerte al poeta alicantino.

La petición de revisión ante el Supremo fue presentada el pasado mes de julio por la nieta del poeta, María José Hernández Izquierdo.

La resolución que ayer dio a conocer el alto tribunal señala que no ha lugar a revisar la condena en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica de 2007, puesto que la resolución adoptada por el tribunal franquista "ha sido reconocida por la expresada Ley como radicalmente injusta y declarada su ilegitimidad por vicios de fondo y forma, que carecen de vigencia jurídica".

La Sala de lo Militar retomó el martes las deliberaciones y adoptó una resolución contraria a admitir la solicitud de autorización para interponer recurso de revisión.

La resolución completa se conocerá en los próximos días.

(Noticias de Navarra. 17 / 02 / 2011)

miércoles, febrero 16, 2011

EL DÍA QUE COMENZÓ LA GUERRA CIVIL. Artículo de Josep Fontana (Historiador)

Precisar el momento en que quienes conspiraban contra la República española optaron por sublevarse para derrocarla es importante para entender mejor sus motivos. La mitología del 18 de julio, que pretendía que la guerra se había iniciado como una respuesta a los abusos cometidos por el Gobierno del Frente Popular, ponía el acento en el asesinato de Calvo Sotelo, el 13 de julio de 1936, para legitimar el levantamiento militar con este suceso.

Los orígenes de la revuelta, sin embargo, hay que ir a buscarlos cinco meses antes, al domingo 16 de febrero de 1936, cuando se realizaron elecciones generales en España. La jornada electoral fue tranquila, como reconocía ABC el lunes 17: “Ha llovido copiosamente en la madrugada del domingo. Las calles aparecen encharcadas. Llovizna a la hora de abrirse los colegios y esto retrae un poco a los comodones. Luego cesa de llover, no hace mucho frío y el sol aparece a ratos. A diferencia de otras elecciones, la gente ha cargado desde mediodía. Contribuyó a ello que se propagaba por todo Madrid la noticia de que la tranquilidad era absoluta. Nada de lo que amenazaban los derrotistas tuvo confirmación. Ni huelga, ni agresiones, ni escándalos. Todo el mundo votó como quiso, con absoluta libertad. Señálase este importante detalle en honor de los españoles, porque lo mismo que en Madrid ocurrió en toda España”.

Algo más había ocurrido, sin embargo, que ABC no contaba. A las tres de la madrugada de la noche del 16 al 17, cuando las primeras noticias indicaban que podía producirse una victoria del Frente Popular, José María Gil-Robles, jefe de la CEDA, el principal de los partidos de la derecha, despertó al jefe del Gobierno, Manuel Portela Valladares, para decirle que la llegada al poder de la izquierda era peligrosa y que no había otra salida que la de que Portela siguiese al frente del Gobierno y proclamase una dictadura, para lo cual podía contar con la total adhesión de las derechas, “así como de cuantos elementos representaban la estabilidad y el orden en el país”. En vista de que Portela se mostraba indeciso, Gil-Robles se puso en contacto con el general Franco, jefe del Estado Mayor, quien se puso de inmediato a conspirar por su cuenta.

Los planes de Franco incluían aprovechar su posición en el ministerio para ordenar a las regiones militares que declarasen el estado de guerra, y adueñarse del poder con un golpe militar en la capital. Según contó el propio Franco en un texto escrito en 1944: el lunes 17 de febrero “convocó a aquellos generales que le habían expuesto en otras ocasiones su disgusto y necesidad de un movimiento para evitar que el Frente Popular se hiciese con el poder”. Contaba con los generales Goded y Del Pozo, y “con otros dos jefes de unidades armadas de cuya incondicionalidad (sic) no dudaba”. Pero “no tardaron estos generales en regresar de sus gestiones con la cabeza baja”. Los jefes de la guarnición de Madrid consideraban que la oficialidad no secundaría en frío un movimiento contra los poderes constituidos, si la Guardia Civil y los guardias de asalto no tomaban parte en él. Esta es la razón que explica que Franco hiciese todavía otro intento, tratando de convencer al general Pozas, inspector general de la Guardia Civil, para que se sumase a la sublevación.

El martes 18 de febrero Pozas acudió a ver a Portela para denunciarle “que los generales Franco y Goded están dando instrucciones desde el Ministerio de la Guerra para que los militares declaren el estado de guerra y se apoderen del Gobierno”. Portela se mostró indignado, pero no hizo nada. Lo único que deseaba en aquellos momentos era abandonar el poder cuanto antes, de modo que decidió dimitir de inmediato, sin aguardar siquiera a que concluyera el escrutinio de los votos. Muchos gobernadores civiles hicieron lo mismo y las provincias quedaron sin autoridades, con la gente echándose a la calle.

Ante semejante vacío de poder los vencedores se vieron obligados a hacerse cargo del Gobierno de inmediato, de modo que el jueves 20 de febrero se celebró el primer consejo de ministros, en una difícil situación que Azaña describía con estas palabras: “Continúan los alborotos en algunos puntos de Andalucía y Levante. En Valencia hay un lío tremendo por la sublevación de los presos de San Miguel de los Reyes. Han quemado parte del penal. Están revueltos los presos comunes y los políticos, que han caído como en rehenes de aquellos. En Alicante han quemado alguna iglesia. Esto me fastidia. La irritación de las gentes va a desfogarse en iglesias y conventos y resulta que el Gobierno republicano nace, como el 31, con chamusquinas. El resultado es deplorable. Parecen pagados por nuestros enemigos”.

En estas condiciones comenzó a gobernar el Frente Popular, mientras los militares que habían tratado de impedir que llegase al poder seguían preparándose para derribarlo cuanto antes. Lo que está claro es que el 17 de febrero de 1936, cuando Franco realizó su primer intento de sublevación militar, no había ocurrido todavía nada que lo justificase. La Guerra Civil española no se hizo ni contra los “desmanes del Frente Popular”, ni contra la inexistente “amenaza” del comunismo, sino contra el programa de reformas de unos republicanos moderados que no amenazaban más que los privilegios injustos de unas clases dominantes que obstaculizaban el progreso del país.

(Público. 16 / 02 7 2011)

EL SUPREMO RECHAZA REVISAR LA CONDENA A MIGUEL HERNÁNDEZ

El lápiz y el papel fueron las armas con las que Miguel Hernández acudió al frente para defender el Gobierno legal de la República, ese régimen que hace 75 años, tal día como hoy, celebraba sus últimas elecciones democráticas.

Bajo la acusación de un delito de "adhesión a la rebelión", el autor de El Rayo que no cesa fue condenado a muerte en 1940, sentencia que le conmutaron las autoridades franquistas por 30 años de cárcel.

La familia del poeta lleva tiempo tratando de lograr la anulación del proceso que sentenció a muerte a Hernández. Su última posibilidad era que el Tribunal Supremo admitiera a trámite un recurso extraordinario para volver a revisar el caso. Para ello, alegaron nuevas pruebas que podían acreditar la nulidad de la sentencia condenatoria, pero la Sala de lo Militar del Alto Tribunal ha negado esta posibilidad a la familia.

La sentencia que condenó al poeta le acusaba de rojo, rebelde, chivato y ladrón

Los descendientes del poeta, según ha podido saber Público.es, llegarán hasta el final, agotando la última vía que les queda abierta: el recurso de amparo ante el Constitucional, y cuantas manifestaciones públicas consideren necesarias. "Es una villanía", aseguran fuentes de la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica de Alicante.

Sentencia "ilegítima"

La Sala de lo Militar del Supremo ha argumentado que la Ley de Memoria Histórica ya reconoce como "radicalmente injustas" las condenas por motivos políticos e ideológicos del franquismo, así como la "ilegitimidad por vicios de fondo y forma" de todas ellas, por lo que carecen actualmente de vigencia jurídica.

Un razonamiento que está lejos de convencer a los familiares, los cuales pretenden honrar la figura del poeta oriolano eliminando unos antecedentes en los que se le acusa de rojo, rebelde, chivato y, según las últimas pruebas que obtuvo la Comisión Cívica de Alicante, hasta de ladrón.

La pena capital que le fue impuesta al poeta en virtud del procedimiento sumarísimo de urgencia 21.001, fue conmutada por de 30 años de prisión que no llegó a cumplir, ya que murió en la cárcel el 28 de marzo de 1942.

Nuevas pruebas

Un amigo falangista de Hernández trató de mediar por él, pero esas cartas no se tuvieron en cuenta en el juicio que condenó al poeta

La familia justificaba el recurso extraordinario de revisión que pretendía interponer alegando la aparición de pruebas que no se presentaron en el momento de la sentencia y que dan cuenta de la intermediación que hizo un falangista amigo del poeta para evitar su condena. Estas pruebas se encuentran en otro sumario incoado por el Juzgado de Orihuela contra Miguel Hernández.

Dicho proceso tuvo lugar tras el regreso a Orihuela del poeta desde Madrid. En su pueblo natal debía esperar ser llamado a juicio y una vez allí, volvió a ser denunciado por caciques y oligarcas del lugar que lo entregaron a la Justicia. Poco después, ingresaba en la cárcel de San Miguel.

Durante la instrucción de este proceso varias personas presentaron cartas de intercesión a favor de Miguel Hernández, entre ellas el abogado y secretario de la Jefatura Provincial de la Milicia de la Falange y las Jons, Juan Bellod Salmerón, que conocía al poeta desde niño.

En esa misiva, Bellod dice sobre el Hernández: "garantizo plenamente su conducta y actuación, así como su fervor patriótico y religioso que se revela por lo demás en la lectura de su producción literaria (...)".

Según explican desde la Comisión Cívica de Alicante: "Esa carta fue solicitada por el tribunal que condenó a muerte a Miguel Hernández porque la consideraba un documento oficial". "En esa época, Falange estaba dentro de la Administración hasta el punto de tener una sección de investigación y vigilancia desde la que emitían informes decisorios en los juicios", indican en referencia a la carta que nunca llegó al tribunal que sentenció al poeta.

Actuación del fiscal

La Fiscalía se opuso a que la familia de Miguel Hernández fuera autorizada a interponer el recurso de revisión contra la sentencia, pero pidió al Supremo que declarara la nulidad e inexistencia jurídica de la misma, al estimar que es una resolución que actualmente carece de vigencia jurídica debido a su declaración de ilegitimidad derivada de la Ley de Memoria Histórica.

En su escrito recordaba que la Fiscalía se pronunció al respecto en un asunto similar a raíz de la petición de la Generalitat de Cataluña de que el fiscal general planteara ante el Supremo un recurso de revisión contra las sentencias que condenaron a muerte al presidente Lluis Companys.

SACADUDAS

¿Cual es la diferencia entre la ilegitimidad de las sentencias que declara la Ley de Memoria Histórica y la nulidad que piden los familiares?. Público.es ha consultado estas distinciones con el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Rafael Escudero.

Sentencia ilegítima:

Es la atribución que da la Ley de Memoria Histórica a las condenas y sanciones personales dictadas por tribunales, jurados y órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se constituyeron para imponer, por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal. Esta definición no anula dichas sentencias, sólo las declara ilegítimas, lo que significa que los condenados "siguen sin ser inocentes", explica Escudero, ya que no se borran del historial de antecedentes de la persona sentenciada. Se trata de un concepto ético, sin fuerza jurídica.

Sentencia inexistente:

Esta concepción a la que se refirió la fiscalía con motivo de las condenas a muerte de Miguel Hernández y de Lluís Companys genera un escenario jurídico más complicado. "Una sentencia inexistente carece de apariencia de legalidad o validez, lo que significa que no hay 'título jurídico' sobre el que basarlas y por tanto estaríamos hablando de privaciones ilegales de libertad (ante los encarcelamientos), de secuestros (ante las desapariciones) de robos (ante los bienes incautados) y de asesinatos o ejecuciones extra judiciales (ante las sentencias de muerte)".

Sentencia nula:

Es un concepto jurídico. Una sentencia nula se elimina del historial de antecedentes de una persona que ha sido juzgada por un tribunal. A partir de su anulación, "se vuelven inexistentes, pero no antes", advierte Escudero. Sólo el Tribunal Supremo puede declarar nula una sentencia firme basada en error judicial o en valores contrarios a la Constitución.

(Público. 16 / 02 / 2011)

martes, febrero 15, 2011

ESTRENO DEL DOCUMENTAL "EL TIRO DE LA PLAZA"

El 19 de julio de 1936 fue una fecha sangrienta en todo el Estado, incluida Salamanca.

Ese día, un destacamento de militares disparó a la multitud que paseaba por la Plaza Mayor. Este acontecimiento histórico, conocido popularmente como “El tiro de la Plaza”, sirve de arranque a un documental del Foro por la Memoria de Salamanca. Se trata del primer material audiovisual que trata unos sucesos oscuros de la historia salmantina y que surgió con la intención de dar voz a unas personas que durante más de cuarenta años fueron silenciadas y que, después, han tenido que escuchar comentarios como “¿de qué sirve remover el pasado?” Además, el documental pretende romper mitos arraigados en el imaginario colectivo como que la población salmantina recibió el golpe de Estado como una bendición.
Contaremos con la presencia del director del documental, Javier Laso, y con José María Palacios, que nos hablará de las huellas de la dictadura en nuestra sociedad. Con ello se pretende defender la Memoria Histórica como un elemento de comprender el pasado no como arma vengativa, sino como arma de comprensión para el futuro.

El lunes, 21 de febrero, a las 18:00h se proyectará el documental en la Facultad de letras, en el aula 0.04.

(Kaos en la red. 14 / 02 / 2011)

lunes, febrero 14, 2011

BALADA AIRADA DE UNA TRISTE PELÍCULA (SIN TROMPETAS NI MEMORIA). Artículo de Juan Carlos Monedero

En Viva mi dueño, Valle Inclán retrata a la corte de Isabel II de manera inclemente, acompañada “con sus frailes, sus togados, sus validos, sus héroes bufos, y sus payasos trágicos”. Ya andaba herido el escritor gallego de esquirlas de esperpento, y usaba del oxímoron (payaso trágico) para insistir en ese desastre patrio que, esperando el momento de narrar su drama, arreglaba primero cuentas con la farsa. Pero nunca se rió Valle Inclán de lo que no tenía gracia.

En Luces de Bohemia no hay atisbo de risa cuando aplican al anarquista la ley de fugas y lo asesinan. Tampoco cuando una bala policial mata al niño en brazos de la madre. Y la risa está ausente en la escena con la prostituta niña que olía a nardos. El esperpento se diferencia de la comedia bufa en que no se confunde a la hora de reírse. Cuestión de inteligencia y buen gusto. Cuando quiso resumir Ramón Carande la historia del país de Rinconete y Cortadillo, dijo: “España, demasiados retrocesos”.

Cada Reforma vino en España con su Contrarreforma, lo suficientemente poderosa como para regresar a un punto de partida anterior. Para lograr tales saltos hacia atrás, era necesario cada tanto, arrancar de cuajo tanta mala hierba como fuera necesario. Hay una antiEspaña tan eterna como la España profunda. Desde que Don Pelayo pidió ayuda a la Virgen de Covadonga para lapidar al infiel en las montañas de Asturias. El problema es que siempre fue la minoría privilegiada quien empezó los retrocesos. Construyó la imagen de las dos Españas condenadas a enfrentarse, y esa metáfora simplona sirvió para ocultar que seguimos arrastrando la construcción de un país por aluvión, a través de una muy tranquila reconquista, que fue repartiendo el territorio en señores feudales que marcarían al país con impronta de oligarcas y caciques. ¿Dos Españas? Nunca se vio al cordero importunando al lobo.

Resulta difícil pensar en una película donde se hagan bromas con el gueto de Varsovia. Donde, por ejemplo, salga un rabino, o quizá también un payaso, bien maquillado y bien ridículo con, pongamos, una lanza, y transfigure su condición de poco talentoso payaso con la de asesino en serie, y en una secuencia de baile tipo MTV, asaetee nazis sin rostro a diestra y siniestra (sobre todo a siniestra).

O una película sobre el fascismo en Yugoslavia, Italia o Francia, donde se repartan culpas entre la resistencia francesa y la Gestapo, porque se supone que unos y otros están genéticamente condenados a enfrentarse, que basta mirar la historia oficial, mientras la pobre Alemania (o Francia o Italia), representada por una matrona, o por una puta con mala conciencia que sufre por la inconsciencia de sus hijos que no terminan de quererla como corresponde, aunque también queda abierto que su mala suerte puede tener que ver con su mala cabeza, o porque nos ha salido la madre un poco golfa, que ahí tampoco hay claridad.

Hay cosas que en otros pagos, con mayor conciencia cívica, no pasan, o sí pasan (pensemos en la Italia de Berlusconi), pero se monta un poco de cirio porque hay una porción de ciudadanos que lo son y no aguantan cualquier estupidez, aunque venga de Berlusconi. Incluso Tarantino (Tarantino, ese que se hace unas risas porque a un matón se le escapa un tiro y le vuela a un negro los sesos y los desparrama por el salpicadero del coche), en Malditos bastardos (una referencia fallida y constante en esta sucesión de cortos mal hilados de Álex de la Iglesia) no reparte culpas entre los nazis y los aliados, respetando ese patrón que dice que los nazis fueron lo suficientemente bichos como para no hacer muchas bromas (¿O recordamos también To be or no To be de Lubitsch, como una manera de tocar el tema desde el humor pero sin meter la pata?)

Pero parece que el franquismo, ese que aún tiene a 120.000 demócratas enterrados en cunetas, es más fácil explicarlo con chanzas que con análisis. Pese a que aún esté pendiente la película sobre la guerra civil o sobre las razones de aquella guerra. La izquierda, con sus muertos en los caminos decidió representar en el cine la reconciliación (con muy escasas salvedades, como Canciones para después de una guerra o El largo verano del 36), repite el esquema de los dos bandos condenados a enfrentarse y prefiere la comedia a la tragedia para ofrecer una explicación (¿Recordamos también la patética La vaquilla, del maestro Berlanga, un incomprensible manchón en su carrera?).No deja de ser triste (como un réquiem de trompeta) que cada vez que se toque ese momento trágico de la historia de España, los que quieren mirar desde el lado de las víctimas se deslicen por la farsa para aproximarse (¿sin molestar a los vencedores?) a nuestro drama más cercano.

La película de Álex de la Iglesia, Balada triste de trompeta, insiste en el tratamiento metafórico de las dos Españas, cayendo en el tópico de Larra (”Aquí yace media España víctima de la otra media”) o el de Machado (”una de las dos Españas ha de helarte el corazón”) despreciando que hoy sabemos que a los liberales los necesitaba Fernando VII para dar solaz al monstruo que tenía dentro o que los republicanos le sirvieron a Franco para sacar su genocida y justificar su ascenso al poder. Que la memoria no te estropee una película.

No deja de llamar la atención que la fragmentación de la memoria en este film, venga acompañada de la propia fragmentación del relato que narra, un sumatorio fallido de escenas que difícilmente la acreditan siquiera como película. Cuando todo vale, no es fácil rastrear las razones de la arquitectura de una película. ¿Capricho? ¿Arrogancia? ¿Desprecio por la historia real? ¿Ignorancia? ¿Desmesura de quien se deja devorar por la farsa? ¿Dolor mal procesado? ¿Delirios de grandeza?…

La conclusión es una película que falla en todas sus vertientes

1. Los personajes no tienen consistencia

Cambian su carácter sin razón alguna, de manera que es imposible saber qué van a hacer en la siguiente escena. No es que sea cine fantástico o un intento de armar una película políticamente incorrecta exacerbando un supuesto carácter hispano (como en otras muy buenas películas de este director), sino que es un disparate de quien no respeta ni las reglas de la historia ni las reglas del cine (como un pintor que pintara sin pintura o un escritor que negase la sintaxis). Los personajes pueden -y así ocurre casi todo el rato- salir por peteneras. No hay nada que permita recomponer el relato ni seguir la trama (tal es la inverosimilitud), así que podría alguno de los payasos salir volando, hablar con Tutankamon, tomarse un vermú con Viriato o viajar a la luna. O morder la mano a un Franco bondadoso en una cacería. También puede ser un ratito bueno y un ratito cabrón, como los personajes de Falcon Crest. Si tienes memoria de pez (que ni los peces la tienen), pues te olvidas cada cinco minutos de lo anterior y vas tirando. Pero, ¡ay si te da por pensar un poquito!

2. Y si los personajes no tienen consistencia, las situaciones tampoco

Resulta que al payaso triste le da una paliza el payaso gracioso con un martillo. Tal es la brutalidad, que lo llevan al hospital y le diagnostican hemorragia interna y varias costillas rotas. Cosas de la violencia entre las dos Españas. Uno, sensible ante los males del cuerpo, se descoloca cuando ve que el payaso en coma decide marcharse, arrancar los tubos y, con costillas rotas y todo, saltar verjas, correr que se las pela o cruzar riachuelos camino de no se sabe bien donde. Cuando no hay coherencia, es muy difícil establecer un diálogo con el espectador, a no ser que éste, voluntaria o involuntariamente, se lobotomice. Franco quiso hacerlo con la memoria republicana. Pero no tuvo éxito.

3. La estructura está hecha de cortos sin hilo alguno entre ellos

(Herencia, supongo, de los orígenes, esto es, de la magnífica Mirandas asesinas que, por fortuna, no pretendió convertir en un largo). Vistos en solitario, algunos, pocos de esos sketchs, pueden tener su gracia (como llevar a un accidentado al veterinario montado en un elefante asesino -animal extraño a semejanza del rinoceronte de Fellini-. O que unos payasos escalen la cruz del Valle de los Caídos detrás de una señora jamona. O que un tipo viva desnudo en el bosque. O que un payaso pregunte a los ejecutores de Carrero Blanco de qué circo son. Pero sigue faltando el hilo y la coherencia. Pretender que eso tiene algún sentido en el contexto de la España de 1973 es, muy al contrario, una falta de consideración. Y no funciona siquiera como retruécano. Sólo se ve algo cuando lo pone el espectador. ¿Y qué van a poner los que no nacieron en esa época? Algo que no pasa en La siesta del fauno (los extranjeros interpretan mejor nuestra historia que nosotros mismos. Triste país que en 2011 aún sigue necesitando hispanistas) donde lo fantástico es una lectura paralela de lo real, y no una rayada anfetamínica. Seis cortos son seis cortos, no una película. Aunque pulpo, cuando eres presidente de lo que sea, sirve para interlocutor internauta, animal de compañía o cobrador del frac de la SGAE . Dudo bien mucho que a un primerizo le permitan estas desbarradas. Y tampoco se debieran permitir a quienes han hecho buen cine antes (como El día de la bestia o La comunidad). ¿Perdemos la perspectiva cuando nadie puede decirnos: te estás pasando? La historia de España no es una farsa inconexa. Las minorías siempre han tenido claro cuál era su papel. Y lo han ejercido con una dureza implacable.

4. Los anacronismos en la película son constantes

Y al mismo tiempo se hace el truco fácil -usado por Loach en Tierra y libertad- de cruzar la película con documentales para dar sensación de verosimilitud. Llamar a los grises maderos, hablar de la Audiencia Nacional, que aun no había sido creada, usar armas que no son de la época, colocar a Franco en ese año de 1973 con la salud suficiente como parair de cacería, más que licencias son estupideces. ¿Y el rey? ¿Por qué no sale el rey? Porque ya teníamos rey por esas fechas. ¿No encajaba bien el rey entre tanto payaso? Mira que un rey vestido de rey da mucho juego en un teatro de época… Pero en una película de payasos en el trasfondo del fin del franquismo, mire usted, no sale el rey. ¿No es suficientemente payaso? Podía haber salido vestido de almirante, de general de tierra, de aviador, de frac, de motero. Nada. Igual si sale el rey no ganas tantos Goya. Vamos, que de documentación cero, cuando, al mismo tiempo, está pidiendo al espectador durante toda la película que comparta algunas claves históricas (no se inventa una historia, sino que recrea hechos históricos e insiste en ello) sobre las cuales el mismo director hará las aclaraciones pertinentes, para al final saltarse las claves cuando le sale de la academia. (haz una película de dibujos animados, pero no pidas complicidad para unas cosas y para otras te pasas los acuerdos por el arco de los Goya).

5. Es un insulto presentar al circo -esto es, a la cultura- como ajeno al conflicto entre el fascismo y la república en España

Uno de los payasos grita, después de un bombardeo franquista, justo cuando están a punto de entrar los fascistas en Madrid, que es un payaso y que no tiene nada que ver con la guerra. Mentira. La cultura tuvo su edad de plata en la República y siempre lo supo. O aparece un ridiculizado Líster, con maneras de fascista (lleno de cicatrices, para que no se nos escape su condición de perro peleado), reclutándoles a la fuerza y poniéndoles la pistola en la cabeza, cuando la cultura se volcó con la República desde el primer momento sin necesidad de violencia. Presentar así a un personaje histórico de tanta relevancia durante la guerra civil es bien triste. ¿Necesitaba ponerle nombre y apellido? Vamos, que cuando quiere hacer algo, el director lo hace, y ha optado por ridiculizar a Líster. Lo contrario sería engañarnos.

6. Es un insulto sacar a una mujer de las filas republicanas (en el reclutamiento del circo)

Ya que estuvieron, de mil maneras diferentes, combatiendo en el frente. Es consistente con el papel que se le entrega a la mujer en la película. En conclusión, se niega el papel de las miles de mujeres que murieron defendiendo Madrid en el frente, y todo por hacer un chiste malo sobre la mujer barbuda del circo a la que un miliciano ha confundido con un hombre. Gracia, ninguna.

7. Las obras del Valle de los Caídos se representan de manera ridícula

Y ni al Cela encubridor de La colmena se le hubiera ocurrido dejar con vida a un miliciano que hubiera hecho bajas en el combate, como hace con el payaso interpretado por Santiago Segura. O que un niño se pasee todo contento para arriba y para abajo. ¿O es que a los niños hijos de republicanos no les hicieron pagar el pecado de sus padres? ¿Recordamos también a las 13 rosas?

8. Las mujeres en la película son, como decía, todas ridículas:

Maltratadas a las que les gusta que les peguen, traidoras, esposas sometidas a sus maridos, mandonas encabronadas, en definitiva, o tontas o malas. Bueno, es la visión de Álex de la Iglesia que, supongo, le gustará a su amigo Santiago Segura o, al menos, a su alter ego Torrente. Pero en una película que quiere jugar con la historia de España resulta patético. Cómo no recordar Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. Pero las comparaciones son odiosas.

9. El sexo en la película tiene un tratamiento americano

¡Cuidado con que se vea un pezón! Pura gringolandia. Puedes poner al macho follándose a ¿la puta España? contra un cristal, con toda la violencia que resiste la ventana, o al trasluz de una lona, pero eso sí, que no se le vea un pezón que la clasifican X y no puede exhibirse en los Estados Unidos. Un sexo con lascivia y violencia pero sin sexo. Casi creacionista. En cambio, malos tratos que no falten, patadas en el vientre incluidos. Lo más coherente es Raphael, que como es yerno de Bono, algo de rollito católico le presta al asunto.

10. Presentar la guerra civil como un conflicto genético, es de lo más triste de la película

Pío Moa por lo menos tiene el coraje de decir que la culpa era de los rojos. Y encima, al final, cuando España muere, envuelta en el rojo de la bandera, no en el amarillo -aunque eso de que es España, insisto, lo tenemos que poner nosotros, que De la Iglesia no da muchas pistas y España no suele tener los ojos verdes-, digo, cuando las dos Españas se quedan solas ante el cadáver de la patria, se reconcilian. ¿Dónde? En el furgón de la policía (gran sitio para que se reconcilien las dos Españas). Qué hallazgo. ¿O es una propuesta política?

11. Las metáforas son vulgares y si a alguien se le escapa, la música lo recuerda como si fueras un/una descerebrada

(Ahora te emocionas, ahora te asustas, ahora te excitas). Música para adolescentes que necesitan que les ayuden a entender las cosas. Las metaforas, digo, pateticas: como España está en ruinas, el circo – que se supone que tiene caché- actúa todo el rato en ciudades derruidas; los payasos, como las dos Españas, son muy feos y se agreden a sí mismos (¿Así que la República, la edad de plata de la cultura española, con Lorca, Buñuel, Alberti, Altolaguirre, Juan Ramón, León Felipe, Ortega, Justa Zambrano, Victoria Kent, Miguel Hernández y mil más, se agredieron a sí mismos? Por eso, la España del fin del franquismo la sitúa en los puticlubs -que claro que existían- y no en las huelgas o las manifestaciones de estudiantes universitarios -que también estaban ahí-. Qué gran retrato…

12. La estética, la fotografía, la luz es de videoclip norteamericano

Para que lo cojamos fácil. ¿Y la España de los setenta? Podía haber jugado con la luz para crear un poco de atmósfera de manera más inteligente que con música conductista. Pero no hagamos preguntas estúpidas. Lo importante es el ritmo, los efectos especiales, el resultado catártico, con los tiros, la sangre y la bulla. Vamos, para niños, pero niños, eso sí, que no sean muy listos.

En fin, una película para ver saltando del aburrimiento a la indignación. Memoria fragmentada al servicio de los que sacan algún tipo de provecho ayudando a que la gente no sepa lo que pasó o lo sepa mal. Con el precio que acompaña a ese interesado olvido. Un país que no sabe elaborar su memoria, es un país que no sabrá elaborar su presente. Y la memoria, bien lo saben los nietos que están recuperándola junto a los restos de los abuelos de la democracia republicana, no hay que dejársela ni a fascistas, ni a mentirosos ni a payasos.

(Público. 14 / 02 / 2011)

domingo, febrero 13, 2011

"HAY OTRAS VICTIMAS A LAS QUE LES HA FALTADO VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN". Entrevista con Francisco Etxeberria, miembro de Arantzadi

Ustedes dicen que no indagan el porqué de las muertes, sino el cómo. No obstante, las exhumaciones revelan que, en la guerra, donde no hubo frente de combate hubo represión, y que no sólo morían los soldados sino también los civiles. Eso es explicar bastante...

Efectivamente, incluso habría que añadir otra cuestión: no hubo espacio geográfico donde no existiera la represión; y estamos hablando de población civil -hombres, mujeres, niños, ancianos- que no estuvieron en ninguna guerra. Además, nunca antes se han investigado los hechos. No estamos hablando de las víctimas de un bombardeo o de quienes fueron al frente y murieron en una batalla, que también es trágico; estamos hablando de personas que casi ni se enteraron de que hubo guerra porque los mataron directamente los dos o tres primeros meses, y a otros muchos los mataron en juicios sumarísimos y tramposos en la posguerra. Por lo tanto, estamos hablando de víctimas olvidadas que no están en los libros de historia, las víctimas «no oficiales».

Toda dictadura genera una dinámica perversa: provoca miedo que lleva al olvido, y el olvido a la ignorancia... ¿Cómo se rompe la cadena?

Se ha roto, precisamente, con el tema de las exhumaciones. Han servido para romper ese recorrido perverso: estábamos llegando a finales del siglo XX y había quien lo negaba, decían que se exageraba mucho, que no era para tanto, que Franco fue un beneficio, que nos salvó de algo peor como podía ser el comunismo... Cada fosa es una evidencia; tiene mucha fuerza la fotografía, más cuando sabes que es un chaval de 15 años o un anciano o el secretario judicial o un sindicalista... Eso tiene tal fuerza que con ello hemos logrado neutralizar precisamente ese recorrido perverso.

Uno de los argumentos que emplean quienes se oponen a recuperar la memoria es que se abren heridas...

Ese concepto de reabrir la herida es tanto como reconocer que no ha cicatrizado. Eso sería terrible si lo reconociéramos con caracter general y en la totalidad de ciencias sociales. Pero la derecha siempre está con lo mismo, asustando. ¿Puede haber una involución? ¿Se quiere decir que esto no es una democracia completamente consolidada y que tenemos déficits? Ciertamente los tenemos, pero cuanto más hablan de esa manera, más parece que la democracia todavía es imperfecta y muy inmadura.

¿Ha llegado a sentir miedo haciendo este trabajo?

No hemos sentido preocupación ni miedo porque hemos tenido una cobertura y una comprensión. Afortunadamente, cuando abrimos la primera fosa en el País Vasco nos llamaron algunas instituciones -Diputación de Gipuzkoa y Gobierno Vasco- y nos dijeron que si teníamos algún problema les avisáramos de inmediato, pero aquello se debía hacer.

Verdad, justicia y reparación son las claves y los derechos de la víctimas. ¿Cómo se consigue materializar los tres aspectos?

Tendría que haber un equilibrio entre los tres, y lo cierto es que el segundo pilar, el de la justicia, no se ha puesto en marcha. Es decir, hay unas políticas públicas que se han realizado con dudas en este tiempo pasado. Por ejemplo, que se haga una plaza dedicada a la II República don-de se encontraron unas fosas, hace 20 años hubiera sido imposible, pero es una acción reparadora que corresponde a las instituciones

Entre verdad, justicia y reparación, como técnicos, nosotros trabajamos en el pilar de la verdad, en buscar información para conocer la verdad, pero después esa verdad hay que usarla legítimamente también en lo político y en lo pedagógico. Hay muchas dimensiones que se pueden desarrollar desde las autoridades públicas.

¿Cree que se quedan cortas las autoridades?

Sí, creo que sí. Yo suelo poner un ejemplo: En Beasain, un buen día se celebró un pleno monográfico para hablar de este tema y poner en el acta el nombre de todas las víctimas del lado republicano. En otro momento se convocó a las familias y se les entregó el acuerdo de aquel pleno -con el nombre y el apellido de las víctimas-, donde se consideraba que aquello fue injusto, etc... Eso se puede hacer en todos y cada uno de los municipios del País Vasco, no cuesta siquiera dinero.

El orden es verdad, justicia y reparación. En los lugares del mundo donde han querido saltarse este recorrido o hacerlo de otra manera, el tema ha funcionado muy mal. Hace falta verdad que sirva para administrar justicia, que sirva para la reparación. Luego hay un cuarto pilar del que cada vez se habla más, que son las garantías de no repetición.

Hay grupos sociales que demandan rescatar la memoria histórica, pero a veces podría parecer que el motor es la propia irritación que producen algunas actitudes desde instituciones públicas; por ejemplo, en Nafarroa, donde el propio Gobierno llega a obstaculizar...

Algunas asociaciones de memoria histórica dicen que su lucha ni siquiera es contra la dictadura franquista -eso está resuelto-, sino contra actuales estamentos democráticos que todavía hoy siguen encubriendo un pasado al que no se quieren enfrentar.

Eso se está dando en algunos ejemplos -increíbles-, cuando se propone hacer un mapa de fosas para preservar el espacio y que no se desbaraten, y hay quienes se atreven a decir públicamente que no quieren hacerlo. El argumento vuelve a ser que se reabre una herida... Seguramente hacen eso por un complejo de culpabilidad. Igual todos tenemos un poco de complejo con este asunto...

¿La memoria histórica contribuye a asentar una democracia?

Yo creo que sí; lo que estamos haciendo sirve para consolidar algunos valores, y creo que algunos partidos se están dando cuenta. Normalmente, en democracia se habla mucho de valores que tienen un significado simbólico. En la consideración de las víctimas, la tragedia individual se incorpora a lo colectivo porque tenemos que saber que eso ha ocurrido; esa víctima merece un respeto y eso debe servir para hablar del futuro. Y podemos hablar del desaparecido, pero también del que le quitaron todo...

Además, se puede hacer otra consideración: el Estado actual es derivado del anterior; rompe en parte, pero es derivado de él. Cómo no va a tener ese Estado responsabilidades de atender a las víctimas, de darles una verdad oficial.

Usted empezó a ejercer como médico forense a comienzos de los ochenta, en un territorio conflictivo y en una época convulsa: lucha armada muy intensa, tortura a detenidos, guerra sucia, toxicomanías y delincuencia, violencia de género... Sospecho que no fue fácil...

En aquel momento casi no nos daba tiempo a reflexionar sobre lo que teníamos todos los días. A la semana se producía -al menos en Gipuzkoa- una incidencia de gran trascendencia; había una actividad constante que se imponía con mucho peso: un atentado, un secuestro... No acababas la tarea en un caso concreto y ya estabas metido en el siguiente.

Dentro de las cosas terribles de aquella etapa, recuerdo la muerte, desde luego, pero también el sufrimiento infligido intencionadamente; el mal trato y la tortura eran la norma. Veníamos de donde veníamos, eran los mismo actores y era horroroso ir a la comandancia de la Guardia Civil, sobre todo en El Antiguo y en Intxaurrondo. La forma como a uno mismo le trataban era increíble. Yo era el médico forense e iba allí porque me ordenaba el juez de guardia, que tenía legitimidad, y no me trataban ni siquiera de manera correcta, educada, sino siempre como en sospecha...

Recuerdo alguno de los primeros reconocimientos médicos de detenidos de ETA en incomunicación, y nos decían que no podíamos ni hablar con el detenido. ¡¿Qué es esto? ¡Era terrible lo que había ahí!

A usted le tocó constatar casos de tortura en aquellos años. ¿Qué se siente ante un detenido en comisaría al que sabe que le han torturado hasta el momento de llegar usted?

Era una sensación de una enorme intranquilidad, con inseguridad en ese instante. Yo no tenía inseguridad en el Palacio de Justicia, pero ahí sí. Al mismo tiempo, era una tragedia porque creo que debía haber hecho más de lo que hice, incluso; lo digo ahora desde una posición madura; yo no soy aquel que tenía veintipocos años. Yo debería haber hecho más cosas.

Algunas de las cosas que hicimos, por ejemplo, es ir a casa del juez a comentarle lo que acabábamos de ver el secretario judicial y yo. Salimos tan horrorizados que no dijimos «mañana a la mañana ya hablaremos», sino que fuimos a casa del juez, le contamos lo que había y el juez dijo «voy inmediatamente». Son cosas que no están en el reglamento pero uno las puede poner en funcionamiento. Podíamos haber sido mucho más enérgicos en torno a eso.

Todavía se siguen denunciando torturas... Y para que subsista la tortura se necesita tolerancia política, planificación, premeditación, complicidad jerárquica e institucional... ¿Cómo se podría erradicar definitivamente la tortura?

El día que sea posible -porque la reglamentación lo posibilite- reprochar eso a la propia autoridad judicial...

Pero los jueces escuchan a los propios detenidos el relato de lo que acaban de sufrir en dependencias policiales o comprueban las marcas físicas, y casi nunca pasa de ahí...

Yo creo que la Audiencia Nacional no ejerce la tutela que le corresponde respecto a los detenidos, en tanto que son detenidos de una autoridad judicial, aunque el brazo ejecutivo sea una policía u otra. Ejerce la tutela desde la distancia, en base a una serie de normas y protocolos que son de risa en este terreno, y cuya última modificación es del año ochenta y tantos, cuando Belloch estaba en el ministerio... Así se puede entender que pasen estas cosas. Luego están los malhechores que llevan a cabo el maltrato, pero tiene que haber por encima de ellos alguien que les diga que eso no vuelva a pasar.

Si a un juez con conciencia le ocurre esta situación un par de veces, tiene mecanismos para que no vuelva a sucederle lo mismo. La prevención de la que se habla en ocasiones debe ser norma aquí, ya que hay una historia acreditada en la que no valen cálculos estadísticos. Un caso sólo ya es extremadamente grave.

Otro de los casos notables que le han tocado a usted fue reconocer los restos de Lasa y Zabala cuando aparecieron en Alicante... ¿Cómo tuvo constancia de que eran ellos?

Yo ya era forense cuando estos dos jóvenes habían sido, además de secuestrados, maltratados, probablemente a quinientos metros del Palacio de Justicia donde me creía investido de autoridad como forense. Es decir, frente a nuestras propias narices...

Para cuando descubrimos la situación en Alicante, habíamos mirado también en otros sitios. Para ese momento se tenía una hipótesis, que es la que luego sirvió: Lasa y Zabala estaban en territorio español, enterrados, habían muerto como consecuencia de disparos y tenían cal viva. ¿Por qué? Porque ésa era prácticamente la metodología que tenían prevista los GAL cuando hablaban de esto con toda naturalidad.

Cuando llegué a Alicante -con bastantes dudas porque me parecía muy lejano: será un error, será otra cosa-, me di cuenta de que eran ellos por la coincidencia de los pocos datos que existían pero que eran suficientes: varones, jóvenes, con pelo negro, una estatura, los dientes de una determinada manera, etc... El margen de error casi se reducía a cero. En una impresión del primer momento, dije «esta vez sí son».

¿Encontró algún tipo de dificultad entonces?

Desde la Audiencia Nacional me exigieron que lo pusiera por escrito, aunque no estaba previsto. Estuve dos días sin dormir haciendo el informe. Trabajé con el policía que luego murió de infarto en el propio juicio, Jesús García -ése sí que tuvo que pasarlas de a kilo-; por cierto, un profesional serio, que hablaba de democracia.

De todos modos, para mí también fueron momentos de tensión; yo había grabado en vídeo y había hecho fotografías en previsión de que todo aquello fuera una trampa que nos estaban poniendo o de que nos hicieran algún cambio con las evidencias... Tuve tensión hasta el punto de que en una de las conclusiones del informe que redacté decía que, con mi nivel de análisis yo digo que son Lasa y Zabala, pero que se debían hacer más análisis y más estudios. Y hasta que no se dieron los resultados contundentes del ADN que se hicieron en el Instituto Nacional de Toxicología en Madrid, estuve intranquilo, hasta el extremo de decir «si llego a equivocarme en esto, estoy perdido para siempre, me tendré que ir a vivir a otra parte...»

¿Tuvo algún tipo de respaldo?

En ese momento tuve una cierta cobertura institucional de Juan Mari Jauregi, el gobernador civil de Gipuzkoa; se interesó y no estaba para aguantar una broma en este punto concreto. Eso es importante. Diría incluso de Belloch, que era ministro... Creo que ninguno de ellos se sorprendió de que yo estuviera en el tema y, al mismo tiempo, mi opinión iba a tener algún peso. Se confirmó absolutamente todo, hasta tal extremo de que la hipótesis estaba dirigida al GAL Verde, a Intxaurrondo, salía Rodríguez Galindo... Esto acabó en un juicio con condena, que alcanzó a un gobernador civil... Lo que todos intuíamos se pudo confirmar, pero no siempre pasa esto.

Recuerdo también las malas caras de algunas personas destacadas, que me decían que era de Herri Batasuna para descalificarme, pero a mí me conocían otras personas y sabían que yo no he militado nunca en un partido político.

¿Cuándo fue consciente de que sus investigaciones estaban llegando al corazón del Estado?

Ahí mismo. De las cosas que yo he visto, no hay un delito mayor que éste: funcionarios del Estado, con dinero del Estado y con conocimiento de las autoridades políticas, cometen el delito de secuestrar en otro país soberano a unos individuos que tienen estatuto de refugiado político, tras el secuestro los trasladan al país, los torturan y llegan a un nivel en que dicen que mejor será matarlos porque en el estado en que los tenemos no podemos dejarlos en libertad...

En la sentencia no todo me convence, pero lo cierto es que cuando uno ve un cuerpo semimomificado y ve que tienen algodones en las fosas nasales, tiritas en varias partes del cuerpo, esparadrapo y apósitos, no solamente las mordazas que tenían en la cara con unas mantas y cinta de empalme -que no voy a decir de dónde han venido pero que son perfectamente analizables-, eso te permite decir que a estos individuos, además de los disparos que tenían en la cabeza, antes de llegar a ese punto les ha pasado de todo. En el juicio se enfocó mucho a si les habían arrancado las uñas o no. Yo dije claramente que no les arrancaron las uñas, pero de lo otro, tiene usted lo que quiera... Si esos ejemplos aparecen en una fosa de Bosnia, en cualquier tribunal internacional nadie dudaría de que han sido objeto de torturas salvajes, pero aquí casi se hablaba de cuánto duele...

A pesar de los años de experiencia, ¿sigue habiendo casos que le conmocionan?

Sí. Me conmociona cualquier sujeto que habiendo sido objeto de una injusticia -sea la que sea- luego no se le cree. No hablo de la última situación de unos malos tratos ostensibles, sino simplemente de un individuo que diga «me han tratado mal y desde entonces tengo este miedo» o lo que sea... y encima eso no se le cree, se le desconsidera... En definitiva, lo que me conmueve es el sujeto vivo que sufre. Los muertos no sufren; sufrimos los vivos, sufre el allegado, sufre la madre, el hermano... Entiendo por ese motivo que los allegados se convierten en víctimas. Es más, es que son realmente las víctimas.

¿Aplicar el proceso de verdad, justicia y reparación sirve para aliviar el dolor de los allegados?

A las víctimas hay que darles lo que no tienen. Por ejemplo, ¿qué no tienen las víctimas del terrorismo de ETA que yo creo que hay que darles porque se lo merecen? No tienen reconocimiento social. Tienen un reconocimiento institucional; han tenido verdad, justicia y reparación. Por lo tanto, las políticas públicas en torno a las víctimas del terrorismo de ETA tienen que ir encaminadas a un reconocimiento social.

Hay otras víctimas que cronológicamente pertenecen a las mismas etapas, que han tenido reconocimiento social -esto es curioso-, pero les ha faltado un reconocimiento institucional en muchos casos y, desde luego, les ha faltado verdad, justicia y reparación.

¿Abordar la cuestión de las víctimas de ambos lados es una condición imprescindible para superar el conflicto político de Euskal Herria?

Yo creo que se va a dar de manera natural. Si verdaderamente desaparece la violencia organizada, va a ser más fácil hablar de todo este asunto. Estamos en un punto donde esto se va a ir dando, no para echarse los trastos unos a otros, sino porque hay cosas que habrá que reconocer también. La sociedad vasca está cargada de ejemplos de injusticias que se han dado: solamente el número de maltratados y torturados... es inmenso.

Es curioso porque cuando uno habla de estos temas fuera de aquí, hay quienes dicen: «tú hablas de esto exagerando...» Pero si yo conozco a un montón de gente, si yo tengo en mi familia gente que ha pasado por ahí, y vecinos, y amigos del colegio, y alumnos, y profesores de la universidad en la que trabajo, y médicos... ¿Crees que digo esto porque forma parte de una estrategia? ¡Es así!

A pesar de todo lo visto y vivido, ¿cree en la bondad humana?

Creo que la cultura nos modula las aspiraciones y apetencias de no bondad que tenemos, porque, si no, seríamos mucho más bruscos, enérgicos... Yo no creo esa historia de que el hombre es bondadoso de por sí. Cuando ves a otras personas que han cometido un hecho delictivo muy reprochable, si tú te acercas y analizas las cosas, ves que quizás tú en su misma piel habrías hecho lo mismo. Ésta es una cuestión que hasta me preocupa porque entonces debe ser que yo soy afortunado: no me ha tocado por suerte en la vida, por circunstancias...

A veces en un museo de horror o de criminología no es raro que aparezcan fotografías de los delincuentes más famosos de la historia de la humanidad. Vas viendo fotos y muchas veces he pensado que la última fotografía debería ser un espejo en el que uno viera su propia cara, porque en un momento determinado puedes ser tú...

Usted también participa como experto en la Comisión de Derechos Humanos para la exhumación de desaparecidos en Chile por la dictadura. ¿Cómo está siendo la experiencia?

Fui nombrado a través de una comisión internacional como experto; el entonces gobierno de Bachelet había decidido tomarse muy en serio este asunto. Trabajo para la Comisión de Derechos Humanos del Gobierno de Chile. Pude comprobar desde el primer día que las autoridades política y judicial estaban de acuerdo. Esto es muy importante, porque en España no se está dando; la autoridad política quiere hacer cosas, pero la judicial no ve claro su espacio.

¿Qué tipo de tareas realizan?

Son trabajos de carácter pericial; durante la dictadura hacían trampa de manera muy gruesa y ahora estamos revisando toda esa documentación, rehaciendo los informes, porque hay datos de sobra para saber que son lesiones por arma de fuego, que se trata de una muerte violenta de carácter homicida, etc... Ya son cientos los casos que me han tocado, algunos emblemáticos, como el de Víctor Jara.

¿Participó en la reconstrucción de la muerte de Víctor Jara?

Sí. Fue una situación muy emotiva porque yo me acuerdo de Víctor Jara en el año 1973. Durante el golpe militar desapareció inmediatamente. El juez nos llevó al escenario donde lo mataron, en el Estadio de la Universidad de Chile. Trabajamos de una manera muy interesante: el juez te hace trabajar casi a ciegas, él tiene una información que no te exhibe y te pide una opinión sobre cómo ha podido ocurrir...

¿Cómo mataron a Víctor Jara?

Creo con toda certeza que le dan un disparo en la parte posterior de la cabeza, le matan directamente, después de haberle maltratado, seguramente, porque de esto hay algunos testigos en la propia instalación deportiva. Jara había sido detenido en la universidad, donde era profesor, y lo llevan a la instalación deportiva. En cuanto lo identifican, lo separan y lo llevan a los vestuarios, donde se interrogaba y se torturaba a la gente. Los vestuarios están muy cercanos a la pista, a la cancha, donde había otros detenidos. Y había varios espacios, unos más grandes y otros más pequeños, que eran para los árbitros. En uno de esos pequeños es donde estuvo Víctor Jara y, por lo que se sabe por uno de los testigos, contra la pared en un ángulo. Estando en esa posición, en alguno de los momentos, con independencia del mal trato que hubiera recibido, le dan un disparo en la cabeza en la parte posterior, cae desplomado al suelo y luego, en otro escenario, lo ametrallan –tenía más de cincuenta huesos rotos–; de hecho nosotros encontramos algunos proyectiles también en los restos del cadáver, que su mujer tuvo que enterrar casi a escondidas y sola en aquel momento.

¿Hay lecciones en el ejemplo chileno por rescatar la memoria?

Sería bueno que aquí se imitara el recorrido de Chile y de otros lugares de Latinoamérica, donde no valen las impunidades. Quienes fueron torturadores en España el año 70 han pasado a la democracia como si aquello no hubiera existido, pero creo que hay que hacerles un reproche social y público. Se merecen que la autoridad judicial un día vaya a preguntarles algo, aunque se sientan incómodos; no tenemos nosotros el problema, lo tienen ellos. Lo legítimo, lo que refuerza la democracia, sería precisamente interesarse por esos victimarios que tienen nombre y dos apellidos y que están en pleno uso de las facultades para darnos respuesta a algunas de las cosas intolerables que se han dado entre nosotros hasta prácticamente nuestros días.

(Gara. 13 / 02 / 2011)

viernes, febrero 11, 2011

EL FRANQUISMO, VERDADERO LASTRE DE ESPAÑA. Artículo de opinión de Pedro L. Angosto

Recientemente, el Partido Popular de España ha criticado duramente la serie televisiva “La República” a la que califican de socialista, sectaria, revisionista y anticuada. “Una televisión pública moderna –dicen- debería desembarazarse de todos los fantasmas, de clichés ideológicos, de caspa revisionista y de formol monotemático”. La serie en cuestión, que no tiene aspiraciones historiográficas, se desarrolla en torno a una familia de la burguesía aristocrática madrileña que rechaza activamente al nuevo régimen, una de las muchas que con esas mismas características declararon la guerra a la II República antes incluso de que se instaurara porque para ellas derechos, lo que se dicen derechos sólo existían los suyos, es decir los que da la cuna, el dinero y la comunión católica. Es natural que ese partido critique un serial televisivo que no cuenta exactamente lo que ellos quieren que cuente, como es natural que no hayan condenado todavía el franquismo y se sientan muy a gusto con los programas televisivos y radiofónicos que hacen apología del genocidio franquista, que son muy abundantes en nuestro panorama mediático.

Pero no se trata ahora de hacer un análisis exhaustivo de la ideología que propagan los medios más escuchados, vistos y leídos. Eso lo dejaremos para otra ocasión y quizá para otro formato. De lo que se trata es de intentar explicar algo tan sencillo como la razón que lleva a los directores del principal partido de la oposición a hacer gala una y otra vez de su admiración, o cuando menos comprensión, hacia el régimen fascista español dirigido por Franco y la Iglesia católica, un régimen que sumió a España en la edad media, que mató y desapareció a cientos de miles de personas, que fomentó el robo de niños, humilló a todo el país y le hizo retornar a periodos olvidados por la mayoría de los países de nuestro entorno. La verdad es que no ha sido difícil e imagino que la mayoría de los lectores sabrán antes de seguir leyendo este artículo cual es la dificultad insalvable que tienen los líderes del Partido Popular de España para condenar el franquismo y por qué la facilidad desmesurada para criticar cualquier aproximación a aquel terrible periodo que se salga de los catecismos propalados por Pío Moa, Jiménez Losantos, Zavala, César Vidal o San Ricardo de la Cierva, ministro que fue de la extinta UCD. Sencillamente, quienes fundaron, dirigieron y dirigen el Partido Popular son franquistas, pero no sólo franquistas, admiradores del régimen criminal instaurado por Franco, sino que de no haberse instaurado la democracia monárquica en España, ellos mismos habrían sido los herederos naturales y exclusivos de Carrero Blanco, Arias Navarro, López Bravo, Silva Muñoz, López rodó, José Solís, Manuel Aznar, Blas Pérez, Esteban Bilbao o Manuel Fraga Iribarne.

Y ahí está el problema, en España, al contrario de lo que ocurre en el resto de Europa, no existe una derecha desligada de los regímenes fascistas que ocuparon los gobiernos europeos entre 1919 y 1945, sino una derecha hija de un régimen detestable que se acomodó a la democracia por necesidad, para poder seguir estando en la primera línea de fuego: En la Vieja Europa los partidos o los individuos que niegan las barbaridades nazi-fascistas son condenados por los jueces, por el contrario, en nuestro país son procesados quienes intentan esclarecer los crímenes de nuestro fascismo doméstico.

Veamos un ejemplo que estimamos esclarecedor, José María Aznar, hijo y nieto de franquistas muy comprometidos con el régimen, nombró como presidente de ENDESA a Manuel Pizarro, nieto a su vez de Manuel Pizarro, general de la Guardia Civil y al igual que los ascendientes de Aznar, amigo íntimo del caudillo de España. Es justo reconocer que los hijos no tienen que responder de los actos de sus padres y mucho menos de los abuelos, pero si en ningún momento de su vida son capaces de reconocer las atrocidades cometidas por ellos y las ensalzan, justifican, comprenden, tergiversan o ignoran, ya no estamos hablando de la responsabilidad de los ancestros, sino de la de ellos mismos, y es entonces cuando es preciso recordar algunas cosas: Manuel Pizarro Cenjor, siendo Gobernador Civil de Teruel, recibió en 1947 el encargo del generalísimo de todos los ejércitos imperiales de acabar como fuese con el maquis de la provincia bajo su mando. Pizarro se empeñó con tal celo en la misión que no dudó en aplicar la ley de fugas, en torturar, en desalojar pueblos enteros, en poner en práctica una estrategia de tierra quemada que al final logró eliminar a la guerrilla por falta de apoyos en los pueblos aterrorizados. Pues bien, en España, en la España heredera del general Pizarro, los maquis siguen siendo equiparados a delincuentes, ninguna ley ha reconocido su sacrificio ni su heroicidad al oponerse a pecho descubierto al fascismo: En Francia, los maquis que volaron trenes enteros cargados de nazis, que hicieron explotar bombas en cualquier lugar dónde hubiese “boches”, son héroes nacionales y Caballeros de la Legión de Honor, entre ellos muchos republicanos españoles que contribuyeron de modo sobresaliente a la liberación. Esa es, pues, una de las diferencias fundamentales, ¿cómo van a condenar el franquismo gente con Manuel Fraga, Manuel Pizarro o José María Aznar si ellos, sus padres y abuelos fueron colaboradore del tirano, si su ideología proviene de las hazañas familiares, de las obras completas de José Antonio Primo de Rivera y de la Formación del Espíritu Nacional?

Empero, la cosa no para ahí, los franquistas y sus descendientes que no hubiesen condenado expresamente la tiranía genocida debieron haber sido expulsados de la vida política española, tal como se hizo en el resto de Europa y tal como piden ahora los ciudadanos de los países árabes del Norte de África. Ya se sabe, Franco murió en la cama y no colgado de una farola gracias al apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos, pero los modos de esos personajes no afectan únicamente a la política, a la historia, y a la cultura, sino que también afectan de forma fundamental al sistema productivo del país que en buena parte sigue los paradigmas franquistas basados en el enchufismo, el clientelismo, el amiguismo, la especulación, el dinero fácil, la explotación del consumidor, la información privilegiada y la corrupción, lo que sin duda es una de las rémoras más pesadas de nuestra economía, un carga tremenda y urgente de remediar que no ha sido recogida en ningún pacto social ni se espera sea abordada en los próximos siglos, puesto que la mayor parte de las grandes fortunas patrias nacieron o se fortalecieron bajo el paraguas de San Francisco Franco Bahamonde, patrón de los liberticidas.

(Rebelión. 11 / 02 / 2011)

jueves, febrero 10, 2011

HA FALLECIDO DAVID MOYANO, SUPERVIVIENTE DE MAUTHAUSEN

David Moyano Tejerina (Ujo, Asturias, 1922), uno de los últimos deportados republicanos supervivientes del campo de concentración nazi de Mauthausen, y el último de los que quedaba con vida en Bélgica, falleció el sábado 5 de febrero en Bruselas. La historia de David es similar a la de otros soldados republicanos que, envueltos a edades muy tempranas en la guerra civil española, sufrieron doblemente por su internamiento en campos nazis y por un destino incierto tras ser liberados, dadas las dificultades para regresar a la España franquista.

David Moyano pasó por Figueres y reemplazó a brigadistas internacionales en la batería antiaérea 118 del Campo de la Bota, en lo que actualmente es el Fòrum de Barcelona, haciendo frente a los bombardeos de aviones alemanes e italianos. A su salida de España fue internado en el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer en Francia y posteriormente fue integrado en las brigadas de trabajo que construían en Alsacia las defensas orientadas a resistir la temida invasión de la Alemania nazi.

En junio de 1940 cayó prisionero de las tropas alemanas y fue destinado al campo de prisioneros de guerra Stalag XI-B en Fallingbostel. El régimen nazi decidió, tras consultar al Gobierno español, según ciertas fuentes, que aquellos republicanos españoles no eran prisioneros de guerra. Poco después, el 25 de enero de 1941, Moyano fue deportado junto con casi mil quinientos Rotspanier (españoles rojos) al durísimo campo de concentración de Mauthausen, en la Austria entonces anexionada por la Alemania de Hitler. Allí se convirtió en el número 6060 con su triángulo azul invertido de apátrida, que contenía la S de Spanier (español). Logró sobrevivir -según aseguraba él mismo- gracias a su afortunada inclusión en el comando de trabajo Poschacher, así denominado por servir como mano de obra esclava en la vecina cantera del mismo nombre.

El comando en el que fue integrado David Moyano se hizo célebre debido a que sus miembros lograron, a principios de 1945, sacar del campo de concentración un paquete con negativos fotográficos sobre las actividades reales del campo, realizados por el deportado Francisco Boix. Las fotografías de Boix, que declaró el 28 y 29 de enero de 1946 ante el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg (constituido para juzgar los crímenes del nazismo), fueron capitales para demostrar las miserables condiciones de vida y las crueles prácticas del campo de Mauthausen, que habían sido puestas en duda por la defensa de los nazis procesados.

De los 7.000 deportados españoles en Mauthausen solo sobrevivieron unos 2.000. Muchos de ellos, tras ser la liberación del campo, continuaron dispersos en una diáspora que en muchos casos duró otros treinta años. David, que se instaló en 1946 en Bélgica, fue una persona de carácter sencillo, gran fuerza moral y sentido de solidaridad, tal como demostró en su vida laboral y sindical.

Recordando también a todos los representantes anónimos de la España castigada del siglo XX, transmitimos nuestro más sentido pésame a su hija Noemí Moyano y a sus dos nietos, todos residentes en Canadá.

(El Pais. 10 / 02 / 2011)

miércoles, febrero 09, 2011

EN EL CURSO DEL TIEMPO. Artículo de opinión de Angel Escarpa Sanz

No deja de ser conmovedor que, a ochenta años de distancia de aquel ¡¡Viva la República!! en la Puerta del Sol de Madrid, al igual que en tantas y tantas otras ciudades y pueblos de aquella España de 1931, con banderas tricolores, con oradores salidos del Ateneo -que no de los cuarteles ni de los casinos de la época-, con un pueblo enfervorizado e ilusionado vitoreando a Azaña, a Alcalá Zamora, a Largo Caballero, a Maura…no deja de ser apasionante, digo, que por encima de las deserciones, por encima de las mil miserias, de las delaciones; por encima de los apetitos políticos, de los lugares donde se laceraba la carne para obtener confesiones de delitos que no lo fueron y por encima de los tiros en la nuca en los oscuros y terribles calabozos estalinistas; por encima de los años de cautiverio, por encima de los penosos años de la erección de la cruz del Valle de los Caídos, de las horas terribles de la infructuosa espera en el puerto de Alicante -en marzo de 1939-;

sobre las ejecuciones sumarísimas de los campos de Castuera, Albatera, en el Campo de la Bota, en La Isleta, en Hoyo de Manzanares…, sobre las tumbas sin nombre de los pinares de Fuencaliente, sobre las maldiciones y los ¡¡Arriba, parias de la tierra…! entonados por los labios a punto de de ser silenciados para siempre; de los precipitados en la Marfea al grito de ¡¡patos al agua!! y de toda esta inmensa fosa donde hoy yace la memoria de España; sobre las palabras huecas, los discursos estériles, sobre la demagogia de unos y las traiciones de otros; sobre los largos años de tedio y de concursos radiofónicos y televisivos; sobre la España del fútbol, de las quinielas, las cien loterías; sobre el clamor de estadios apagando los gritos de los torturados y negando las largas condenas en Burgos, en Ocaña, en El Puerto, en Gando…; por encima de las horas del Valle de Arán de 1944; por encima del Comité de No Intervención, de la deslealtad de aquellos que al final de la II Guerra Mundial nos dejaron solos ante la barbarie vaticanofascista del dictador, traicionando así sus promesas de acabar con el fascismo en España; por encima de los rabiosos nacionalismos, por encima de esta casta de políticos, de sus sueldos millonarios, de esa despreciable corona, impuesta por el “eterno cazador”…

por encima de estas calles con putas, con jeringuillas abandonadas y cámaras de vídeo vigilancia; por encima de esas tabernas que tanto nos recuerdan a las de la vencida España de los años cuarenta, con el juego de la rana y un fuerte olor a derrota en el ambiente; por encima de las organizaciones obreras, desaparecidas o envilecidas; de los panfletos y las “vietnamitas” olvidadas en el camino; por encima de las multitudes, de los gritos y los mecheros encendidos en los estadios por los jóvenes que vitorean a aquellos que adormecen sus conciencias con la dormidera de sus canciones; por encima de los millones de parados que, abandonados a su suerte, ven pudrir su juventud frente a la pantalla del televisor; por encima de las toses provocadas por el tabaco, en la residencia de ancianos, del desaliento de esos labios de la anciana que… ¿cuántos años hace ya que ya nadie besa con la pasión de antaño?, del anciano que sueña en los vitales años, cuando peleaba con Líster en la Sierra; por encima de la caída del “muro”, de las banderas pisoteadas, de los sueños abandonados, de las “caídas”; sobre la humillante realidad de ver como, a duras penas, alcanzan esas barquillas nuestras costas, en tanto los dueños del Planeta se tuestan y consumen sus güisquis y sus coibas a bordo de sus yates y de los transatlánticos…

por encima de las entrañables arquerías de nuestras plazas mayores, de los lienzos del Museo del Prado, de las centenarias piedras de los viejos monasterios, de las cúpulas de las vetustas catedrales, de los códices, los incunables, los pergaminos custodiados en la penumbra de las viejas bibliotecas; por encima de los viejos blasones, los rojos tejados de las casas campesinas, del hilo de humo que se hunde en los plomizos cielos, mientras el fuego de la cocina hace hervir el puchero; por encima de las cresterías de los pinos recortándose en el azul del Guadarrama; por encima del sedicioso ¡¡Arriba España!!, de la risa de esa adolescente que estrena pantalón vaquero y amor… no deja de ser verdaderamente encomiable que, por encima del sopor y la desidia, de la poderosa mole del Banco Español de Crédito de la calle Sevilla, del blanquísimo tapial de ese minúsculo cementerio; por encima del humo que se desprende de los botes lanzados contra los manifestantes por la odiosa policía de Zapatero, la de Aznar y la del señor González, la misma de Suárez, Calvo Sotelo y del general Franco, que ya nos corría por las calles de nuestras ciudades, la del reyezuelo que se aloja en La Zarzuela-; por encima de todas aquellas cosas que callo y no digo; un grito entre los muchos gritos haya viajado, cruzando los espacios, atravesando los torrentes de palabras congeladas por el tiempo, hasta alcanzarnos para reivindicarnos y recordarnos nuestros orígenes, para reconocernos unos a otros, desde una acera a la otra, para confirmarnos que no venimos de ningún silencio.

Somos el fruto maduro, el diseño perfecto; somos el grito de rebeldía que otros lanzaron a los vientos hace cientos, miles de años. El grito de aquellos que, tras ser arrojados a la sima de Jinámar, ni la cal con la que pretendieron hacer desaparecer nuestros hermosos cuerpos logro acallar nuestras justas reivindicaciones.

Nosotros, no los faraones ni los poderosos emperadores de antaño, fuimos los que construimos, con nuestras maravillosas y encallecidas manos, los poderosos templos, las magníficas bibliotecas, los que tendimos los puentes sobre los torrentes y los vigorosos ríos; los que montamos y pusimos en marcha las poderosas turbinas; los que semillamos los campos donde hoy triunfan las marciales formaciones de viñas y olivos y las magníficas alineaciones de doradas espigas.

Nosotros tendimos las líneas del ferrocarril, elevamos gigantescas torres de acero para que la palabra y la letra impresa dieran la vuelta al mundo y comunicaran a los pueblos; los que construimos las carreteras y las autopistas.

Nosotros, y no los afamados ingenieros, fuimos los que elaboramos el papel, los que pusimos en marcha la máquina para imprimir la primera hoja del primer libro, los que lo encuadernamos, los que construimos la primera rotativa donde se imprimió el primer periódico.

Nosotros, y no ellos, fuimos los que levantamos, desde la primera piedra hasta la última, las escuelas, las universidades, los ministerios, las cúpulas de los templos donde los afamados pintores diseñarían sus hermosas escenas bíblicas y sus frescos representando a pueblos en días festivos, las prisiones donde se nos encerraría después, a la primera consigna de ¡¡Huelga!!; los mercados, los museos, las lujosas escaleras de las mansiones, las lonjas, los faros y castillos; los que pregonábamos en las calles: ¡¡Buena miel y buen queso…de la Alcarria, miel!! y los que dinamitamos las montañas y apilamos, piedra sobre piedra, los bloques que embalsan las aguas de los inviernos; los que elaboramos los ricos tapices que adornan los suntuosos palacios donde hoy tenemos prohibida la entrada; nosotros construimos las ciudades y las volvimos a reconstruir tras las guerras desatadas por la codicia y la intransigencia de los reyes y de sus generales; los que defendimos sus puertas de las tropas sediciosas, cuando ellos quisieron conculcar las leyes y los derechos duramente conquistados; los que conducíamos los carros cargados de leña; los que quebrábamos el silencio de los bosques con nuestras hachas y nuestras sierras mientras cortábamos los troncos de los álamos bajo los aguaceros del invierno; los que trabajábamos el carbón en lo profundo del bosque y los que descendemos a las profundas minas para extraer los minerales; los que construimos la centrales eléctricas. Nosotros los que, hombre a hombre, sueño sobre sueño, construimos el sindicato, el partido donde se forjó la unidad y la lucha obrera…

los que incendiábamos las noches con las llamas paganas de nuestras hogueras en los solsticios de invierno y verano; los que literalmente volamos sobre las tarimas de los escenarios, y arrancamos hermosos acordes a los instrumentos musicales, en los túneles del metro y en los confortables auditorios; los que ordenamos y archivamos los hermosos libros de literatura y de viajes en los anaqueles de las librerías y de los museos.

Nosotros mismos éramos los que pregonábamos en las calles, no hace tanto, bajo la amenaza constante de los pistoleros de Falange y los esbirros de la patronal: ¡¡Mundo Obrero!! ¡¡Castilla Libre!! ¡¡Política!! ¡¡prensa obrera!!

Por todo eso, por el triunfo de los sueños y las aspiraciones de la clase trabajadora sobre las leyes del mercado; por la solidaridad, por el internacionalismo proletario, como homenaje y recuerdo hacia aquellos que, por la sola justicia, trajeron el Frente Popular a España hace setentaicinco años, nuestro grito en este día no puede ser otro que…

¡¡ Viva la lucha de la clase obrera!! ¡¡Viva la República!!

(Kaos en la Red. 8 / 02 / 2011)